
















Rolando D. H. Morelli
LA BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA EN SU TRICENTENARIO
ARTE CONTEMPORANEO ESPAÑOL EN EL HERZLIYA MUSEUM







Encuentro en el Escambray de Faure Chomón y Gutiérrez Menoyo
Un aparte sobre “Una vida, un tren”, de Santiago Martín
EL EFECTO OBAMA EN AMERICA LATINA
En su reciente Discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Obama no habló de la política de Estados Unidos en América Latina, excepto por una referencia al pasar a los tratados de libre comercio con Colombia y Panamá y por las siguientes siete palabras: Our ties to the Americas are deeper [Nuestros lazos con las Américas son ahora más profundos]. Aparte de esa breve frase, no había nada. Nada sobre la feroz violencia causada por la droga en el vecino México y en América Central. Nada sobre la erosión de la democracia en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Argentina. Nada sobre la alianza estratégica entre Irán y Venezuela o la creciente presencia de Irán en la región. Nada sobre Alan Gross, el subcontratista de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) que fue sentenciado a 15 años de prisión en una cárcel de Cuba por falsos cargos de espionaje.
Esto no es ninguna gran sorpresa, porque Obama ha tratado a América Latina sistemáticamente como un asunto de poca importancia. Pero volvamos a la breve frase de su Discurso: “Nuestros lazos con las Américas son ahora más profundos”. ¿Es esa, realmente, la verdad?
Durante la campaña presidencial de 2008, Obama atacó, sin pelos en la lengua, al gobierno de Bush por su relación con América Latina: “Su política en las Américas ha sido negligente con respecto a nuestros amigos, ineficaz frente a nuestros adversarios, indiferente a los desafíos que importan en la vida de la gente e incapaz de hacer avanzar nuestros intereses en la región”. Y sin embargo George W. Bush firmó tratados de libre comercio con Chile, América Central, la República Dominicana, Perú, Colombia y Panamá; creó la Iniciativa Mérida contra la droga; y dio impulso a la asistencia para el desarrollo en América Latina mediante la innovadora Corporación Desafío del Milenio (Millennium Challenge Corporation).
A diferencia de Bush —y de Bill Clinton, y de George H. W. Bush, y de Ronald Reagan— Obama no ha propuesto ninguna iniciativa propia de gran envergadura en la región. Es verdad que consiguió finalmente que el Congreso aprobara los acuerdos comerciales con Colombia y Panamá (aunque solo después que los republicanos ganaron control de la Cámara de Representantes) y transformó una porción de la Iniciativa Mérida en la Iniciativa de Seguridad Regional de América Central. Pero en todos esos casos, Obama no hizo más que completar o ampliar el alcance de políticas establecidas por su predecesor.
De hecho, a pesar de todas sus críticas al historial de Bush en América Latina, Obama no ha cambiado de manera significativa la política de los Estados Unidos para con los poderes democráticos más importantes de la región. Obama ha mantenido una estrecha cooperación con México en materia de seguridad, pero el estrambótico escándalo de “Fast and Furious” ha socavado esa cooperación. Bush tenía relaciones personales, cálidas y productivas, con varios líderes políticos de América Latina, entre ellos, Lula da Silva del Brasil, Ricardo Lagos de Chile, Álvaro Uribe de Colombia, Francisco Flores y Antonio Saca de El Salvador y Alejandro Toledo del Perú. Obama tuvo un cierto éxito en su viaje a América Latina (en marzo del año pasado visitó Brasil, Chile y El Salvador), pero nuestros aliados y asociados siguen esperando que el presidente norteamericano anuncie una iniciativa de gran escala para el hemisferio. El desaliento de nuestros aliados encontró condensada expresión hace un año en el discurso que pronunció en la universidad de Brown el presidente de Colombia Juan Manuel Santos. Según Santos, Estados Unidos ha adoptado una actitud “pasiva” y “carente de compromiso” con respecto al Hemisferio Occidental.
En las ocasiones en las que Obama adoptó una postura activa, sus esfuerzos resultaron a menudo inútiles. Tomemos, por ejemplo, sus tentativas de reparar las dañadas relaciones con Ecuador y con Cuba. Su intento de acercamiento a Quito se fue a pique en abril del año pasado, cuando el presidente Rafael Correa expulsó Heather Hodges, la embajadora de los Estados Unidos, después de enterarse de que Hodges había criticado la corrupción del Ecuador en cables diplomáticos secretos (dados a conocer públicamente por WikiLeaks). Con respecto a Cuba, la decisión de Obama de suspender algunas de las sanciones de Estados Unidos contra la isla fue recibida por el gobierno comunista con nuevas medidas de represión contra los disidentes y con la detención de Gross, que ha estado languideciendo en una cárcel cubana desde diciembre de 2009.
Ecuador y Cuba son miembros de la Alianza Bolivariana para la América (ALBA), dirigida por Venezuela, a la que pertenecen también Bolivia y Nicaragua. Todos estos países están gobernados actualmente por regímenes autocráticos o semi-autoritarios que han adoptado una política exterior estridentemente hostil a los Estados Unidos. Cuando era todavía candidato presidencial, Obama criticó severamente a Bush por la actitud “ineficiente” que había adoptado con respecto a los países de ALBA. Pero durante los últimos tres años, Obama ha sido tan ineficiente como Bush, si no más que el.
Es verdad que recientemente Bolivia y los Estados Unidos restablecieron sus relaciones diplomáticas, pero el presidente Evo Morales todavía se niega a permitir que regresen al país los agentes de la Administración Antidrogas estadounidense (DEA), afirmando que se trata de una cuestión de “dignidad y soberanía”. En Nicaragua, el dirigente sandinista Daniel Ortega sigue haciendo fraude electoral, atropellando la constitución, construyendo una nueva dictadura y cultivando cálidas relaciones con Irán. (Bandas de sus partidarios hostigaron a menudo a Robert Callaghan, que sirvió como embajador de los Estados Unidos en Managua desde 2008 hasta 2011). En Venezuela, Hugo Chávez sigue consolidando su dictadura petrolera, proveyendo, además, asistencia económica crucial a Irán y subvencionando a grupos radicales de fuera del país. Argentina no es formalmente miembro de ALBA, pero la presidenta Cristina Kirchner ha adoptado medidas de política económica al estilo de Chávez, ha puesto límites a la libertad de prensa y ha manifestado un intenso antagonismo hacia los Estados Unidos. (Su ministro de relaciones exteriores denunció a los Estados Unidos por operar escuelas de tortura; además, el gobierno argentino desencadenó una seria disputa diplomática cuando incautó un avión militar estadounidense que participaba en un curso de capacitación policial.)
Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde 1998 hasta 2004; es actualmente director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.
(Crónica anticipada)
Por Rolando D. H. Morelli, elhilodelatrama.wordpress.com/, febrero 11
Para Josevelio Rodríguez, con aprecio y amistad.
A pocas horas de confirmarse el anuncio una heterogénea multitud se congregaba ya a las puertas del cementerio. No se produjeron escenas, sin embargo, ni los tan temidos actos de vandalismos adelantados por muchos, mientras permaneció allí la muchedumbre, obviamente desconcertada, hasta que las autoridades con el alcalde a la cabeza se encargaron de explicar lo que sucedía y lo que había de suceder próximamente, de todo lo cual se comprometían las autoridades a mantener informados a los presentes y al público en general.
Semanas antes, es decir, cuando comenzaron a circular los primeros rumores se había tratado sólo de un tipo de gente que se había congregado por los alrededores: los noveleros que siempre buscan destacar, o ser los primeros en hacerse visibles. Posiblemente eso, y nada más, daba cohesión al conjunto inicial: una comunidad de propósitos o intención. Por lo demás, el grupo era lo más variopinto que uno pueda imaginarse.
Alguna radio y televisión había venido dando cuenta hacia meses de “la pronta repatriación” de los restos del afamado compositor al tiempo que se comenzaban a transmitir sus piezas más celebradas o conocidas, y se hacía el recuento de la vida del músico, su destierro y muerte en Tenerife, y del posterior enterramiento en Nueva York.
Se recordaban sus palabras poco antes de morir, prohibiendo terminantemente ser trasladado a Cuba mientras durara la tiranía comunista. Había transcurrido desde entonces más de medio siglo largo. Con motivo de lo que se anticipaba, una difusora comenzó a radiar entrevistas con personas que habían sido del entorno del músico, entre los que había innumerables desterrados igualmente, personas que habían muerto lejos de la patria, casi olvidados —o desconocidos— en ella.
Se contaban anécdotas, a veces con la voz tartajosa o cascada por la edad o la emoción que suscitaba lo evocado. Se trataba por lo general de grabaciones conseguidas Dios sabe cómo, y producidas antes del cincuenta y nueve o con posterioridad a esta fecha, en el extranjero. Entre las más curiosas se hallaban una larga entrevista para la radio austriaca concedida por el autor de la Malagueña —según indicaba la voz del locutor—, y otra producida para la radio australiana de Sidney, sin que alcanzara a precisarse en qué fecha.
A pesar de la inminencia de que daban cuenta los medios, el traslado de los restos no se concretó a una fecha precisa por lo que los impacientes comenzaron a concentrarse a diario y a permanecer cada vez más tiempo en los alrededores de la necrópolis, hasta llegar con los días a congestionar el área. Muchos portaban carteles que exigían la “revelación de la verdad” de todo este “misterio” relacionado con las dificultades para el traslado de los restos. Otros dejaban flores junto a los muros exteriores y declaraciones de admiración por el muerto antes de alejarse.
La nueva Policía debía vacilar entre intervenir con presteza o consentir que siguiera creciendo la multitud variopinta, tal y como reclamaban algunos periódicos que se hiciera, ya que con su conducta pública —declaraban estos— los acampados estaban convirtiendo una espera solemne en un carnaval sin seriedad alguna.
Para consternación e indignada algarabía de muchos de mis amigos, tercié en “la contienda” a favor de los que se manifestaban, declarando en algún medio que me parecía bien un poco de carnaval respecto a un compositor de raíces tan populares como el gran esperado. De inmediato, fui acusado de desconocer la vertiente culta o “clásica” del músico. Me vi obligado a replicar y más tarde a contrarreplicar hasta que, agotado y francamente fastidiado de que a cada paso se tergiversaran mis palabras o se desvirtuaran mis argumentos, me despedí con una “Coda” en la que ya no reservé calificaciones para quienes habían empleado abusivamente los peores epítetos contra mí, con el fin único de hacer valer juicios contrarios a los míos.
Paralelamente a todo este escarceo de los medios, tenía lugar la concentración que en parte lo suscitaba, y como si nada pudiera disuadirlos los congregados se mantuvieron en sus trece, y ahora sí, la fuerza pública fue instruida de intervenir cuidando de no emplear la violencia, pero en eso se produjo casi simultáneamente la noticia que destapó el entusiasmo hasta de los más remisos a tenerlos. El alcalde de la capital confirmó la exhumación y llegada de los restos tan aguardados, así como del monumento funerario en que se habían guardado hasta el presente. Todo este proceso había requerido de múltiples gestiones para satisfacer incontables requisitos de forma, y al fin se había conseguido librarlas todas.
Tras el anuncio, de manera espontánea más y más gente se fue congregando frente al cementerio y sumándose a los allí reunidos del primer momento. De allí, pues se había anunciado igualmente que los funerales debían ser preparados —cosa de dos o tres días, una semana tal vez— se desplazaron los reunidos a sitios adyacentes al cementerio: parques, o plazas. Algunos entraron en las iglesias para dar gracias y tal vez para imprimir al júbilo que experimentaban una dirección más sosegada, a tono con sus preferencias o necesidades.
A lo largo del país se producía igual movimiento. Se daba el nombre ilustre a una calle o avenida, o a una plaza donde en el futuro se colocaría una estatua o monumento conmemorativo. El aire de fiesta popular que se respiraba determinó al gobierno a decretar feriado. Al calor de esta fiebre de recuperación que a todos parecía embargar, un movimiento nacional determinó la creación asimismo de una institución de carácter privado, dedicada en lo adelante a conseguir la repatriación de los restos de todos los artistas e intelectuales muertos en el exilio durante el más de medio siglo de tiranía.
Me llamaron a formar parte de la Comisión, no sé bien si por haber tomado parte en la mencionada polémica o por el hecho de haber tomado el partido de los que en lugar de un entierro preferían con más tino celebrar la fiesta de un retorno largamente pospuesto. (Quiero pensar que se trató más bien de haber dado siempre la impresión, en mis escritos y con mi actuación, de interesarme verdaderamente —desde el espíritu—, por las cuestiones de la cultura considerada materia política, es decir, de interés público). En todo caso, acepté con agrado la encomienda de formar parte de la Comisión, y más tarde la de conformar su Directiva Nacional. Pese a haber sido labor agotadora y prolija en sus tareas y afanes, sigo sintiéndome orgulloso de lo acometido y de lo alcanzado en estos años.
El sepelio de Lecuona fue el primero de su tipo, y seguramente el de mayor repercusión por el hecho mismo de haberlo sido. Otros que habían de seguirle, como los de Celia Cruz u Olga Guillot, o los de Jorge Mañach, Novás Calvo, Lydia Cabrera, Leví Marrero, Emilia Bernal, Severo Sarduy o Cabrera Infante fueron igualmente expresiones de genuino sentimiento popular y ciudadano.
Los anuncios previos bastaban para convocar a un gentío solemne y conmovido, y a la vez, entusiasta. No se producían manifestaciones de histeria entre los reunidos. Las palabras con que se despedía el duelo carecían del histrionismo o la estridencia de los discursos a que nos habíamos hecho alérgicos a fuerza de soportarlos por décadas. Un micrófono las recogía y eran transmitidas hacia fuera para que llegaran a todos, y al final de la ceremonia promontorios de flores y coronas se dejaban apoyados junto a los muros de la cerca y la multitud comenzaba a dispersarse para volver cada cual a sus rutinas. Los encargados del cementerio se ocupaban luego de colocar esas flores donde les correspondía, y en las actas de nuestra institución se recogían por escrito los últimos procedimientos.
Pero el entierro de Lecuona se recordará además, por sus muchas anécdotas de diferente sesgo. Entre éstas, hay una en particular por su carácter que hoy se cuenta como si formara parte inseparable del acontecimiento, y que seguramente mañana llegará a serlo en nuestras tradiciones. Llegada la hora del sepelio, y en medio del recogimiento general, y del silencio que se comunicaba a todos los reunidos comunicándose apenas en susurros aquello que tenía lugar, y que los más distantes no podían presenciar por sí mismos, se escuchó de repente surgida de entre la multitud —o al menos esa fue la impresión inicial— una dulce voz de mujer que entonaba los compases de la canción “Mariposa” del compositor. No era una voz particularmente poderosa aunque alguna vez pudo haberlo sido, sino caracterizada por la perfecta afinación y la dulzura que comunicaba con facilidad
Coincidió su canto con ese momento especialmente solemne en que se colocaban los restos y parecía que, inevitables, se escucharían algunos panegíricos. Antes de que se diluyera el clima de suspenso creado por la voz, e igualmente sin anunciarse, otra voz —ésta sí, poderosa—, comenzó a cantar “Siempre en mi corazón”, seguida poco después por otras entre el gentío, que no temía apagarla. Y como un oleaje que recorriera la multitud se entonaron a partir de entonces, una tras otra, incontables melodías del compositor que había regresado a su patria para quedarse. Tal vez no pueda decirse con precisión el tiempo que duró aquello, pero al cabo, sin que nadie diera la voz, sólo cuando pareció justo, se dio término a la ceremonia. Al fin los panegíricos no se pronunciaron. Nadie los habría escuchado. Ninguno tampoco hubiera intentado romper la atmósfera que reinaba sobre los presentes y se comunicaba mediante los medios que transmitían el acontecimiento en vivo, a todo el país. Hay instantes en la vida que lo acompañan a uno para siempre. Éste es, sin dudas, uno de ellos.
En este aniversario no puedo sino recordar lo ocurrido entonces con particular emoción. Ya no soy joven y por eso aprecio más los recuerdos, que son después de todo, el mayor tesoro de los viejos, o como ahora se dice, de los que estamos en la tercera edad. Es curioso que a varios años de aquello ninguna de las singulares voces que escuchamos haya sido identificada, ni haya aparecido alguien que decidiera atribuírselas. Nunca he creído en fantasmas ni cosas de esta índole. Al menos, no en su capacidad para hacer y deshacer a sus antojos. Pero si alguien me pregunta, me inclino a creer en una licencia concedida por Quien todo lo puede a algunas almas tan necesitadas como la que más de hallar este género de sosiego.
A lo mejor se trató de algunas —o varios— de sus intérpretes reunidos a los vivos. ¿Qué mejor lugar que el cementerio, confundiéndose entre los encarnados? ¿Y qué mejor momento para hacerlo que éste en que coincidíamos todos para despedir a Lecuona?
Espero que no me tomen ustedes por un irremediable chiflado, pero si les parece que estoy loco, nada puedo hacer. Los testimonios como el mío, y las imágenes de todo tipo pueden dar cuenta de lo que estaba hecho para los ojos y los oídos. ¡La atmósfera de la ocasión es lo que no habría podido apresarse, embotellándose en un frasco! ¡Lo insondable! Ojalá haya conseguido con mi balbuceo trasladarles algo de la honda impresión que me causara el sepelio de los restos de Lecuona. Para entender bien esto que digo, había que estar allí.
escrito por el señor Pérez-Reverté, debo confesar que después de haber leído una de sus obras titulada “La carta esférica”, lo identifiqué como marino. O sea, pensé que Pérez-Reverté era una versión española de Joseph Conrad. Es cuando y después de buscar información sobre su persona, encuentro algunas notas haciendo conocer su condición de navegante. Solo que el hombre dedica tiempo pleno a las letras y al periodismo, no se puede afirmar entonces que sea o haya sido un marino en activo.
Leo con detenimiento su artículo titulado “Capitanes valientes, o no” y lo veo con ojos diferentes al del simple lector que compra un periódico o libro. Analizo cada una de sus exposiciones sobre este accidente marítimo y compruebo encontrarme ante un escritor o periodista que desconoce un poquito de nuestro mundo. Aunque en el pasado se haya sumergido en alguna investigación profunda que enriqueciera o sirviera de cimiento a su obra.
Comienza su artículo estableciendo una patética comparación entre la situación experimentada en el naufragio del “Titanic” y el caso actual del crucero “Costa Concordia”. Les aclaro que el caso “Titanic”, fue base material de estudio en la asignatura “Supervivencia de la vida humana en el mar” recibida durante mis estudios para Piloto de Altura. Si la memoria no me traiciona, debo destacar que en aquellos tiempos, no se encontraban regulados internacionalmente la cantidad de botes salvavidas que debía disponer cada buque. No existían controles sobre el uso de la pirotecnia en caso de emergencia y por último, las construcciones navales padecían aún de defectos en el diseño para garantizar la estanqueidad de los buques que, ofrecieran la flotabilidad de la nave aún cuando se contara con varios compartimentos inundados.
Es así que, cuando el “Titanic” lanzó varias bengalas en señal de auxilio, algunas naves próximo a ella lo interpretaran como señal de festividad o celebración por aquel viaje inaugural. De todos es conocidos que los botes disponibles no alcanzaron para los pasajeros y que la nave se fue a pique por poca estanqueidad cuando se pensaba era una maravilla de sus tiempos.
Compara Pérez-Reverté a uno y otro Capitán en el rol que cada cual debió asumir y comete un error garrafal. Manifiesta que el del Titanic se demoró 25 minutos en lanzar la señal de auxilio y para agravar el contenido de su artículo, dice que 25 minutos después de lanzada es que aparece el primer barco al llamado de socorro. ¡Huummmm! Hablando en plata y para los verdaderos navegantes, tomando en cuenta la pobre velocidad de los buques mercantes de aquellos tiempos, unos 11 o 12 nudos, o sea unas 11 o 12 millas náuticas por hora. Podemos deducir que si llegaron hasta ellos en 25 minutos, un buque con esa velocidad se encontraban a una distancia de 4.1 millas aproximadamente. Los que saben de navegación, afirmarían que a esa distancia se debe tener una observación constante de los movimientos de cualquier nave, es muy corta y cuando hurgo en lo consumido sobre el accidente del Titanic, no encuentro nave alguna a esa distancia. Les aclaro que si en lugar de 11 nudos la velocidad del otro buque fuera superior, la distancia entre ellos sería más larga, aunque el tiempo de arribada sería el mismo. Hasta donde tengo conocimiento y si la memoria no me traiciona, el primer buque en arribar al lugar del desastre fue el "Carpathia". Creo además, la demora del Capitán en tomar una decisión, esos 25 minutos señalados, es el tiempo normal que pudiera servir para determinar la magnitud de los daños y la posibilidad de mantenerse a flote, yo en lo personal no lo considero un error.
Para concluir su arremetida en contra del Capitán del Titanic antes de pasar a su víctima final, Pérez-Reverté trae a la luz la opinión de Joseph Conrad sobre el papel desarrollado por el Capitán del Douro. Una nave que naufragó en la misma época y donde la actitud heroica de su tripulación, salvó la vida de todo su pasaje aún al precio de las suyas. Digna de admiración las acciones desarrolladas por esos verdaderos “hombres de mar” y aceptable la comparación. Sin embargo, antes de continuar su artículo y para ilustrar aún más al lector, le faltó mencionar que aquellos navegantes carecieron de radares, ecosondas, navegación y comunicación por satélite etc. Le faltó incluir también que los sistemas de arriado de los botes eran los de su época, muy antiguos si los comparamos con los actuales, cuyas operaciones de arriado se pueden ejecutar desde el mismo bote.
No era imprescindible remontarse 99 años en el pasado para escribir sobre el papel desempeñado por el Capitán Francesco Schettino. Historias más cercanas pueden servir para ilustrar la situación vivida por los pasajeros del “Concordia” y muy pocos medios de difusión lo han mencionado. Les traigo solo dos párrafos sobre noticias conocidas:
…En 1991, Yiannis Avranas, el capitán de un crucero griego, también fue criticado fuertemente cuando dejó el barco cuando éste empezaba a hundirse en la costa de Sudáfrica. Dijo que supervisó el rescate desde un helicóptero. Todas las 561 personas a bordo del Oceanos fueron rescatadas eventualmente.
En 2000, el capitán de un ferry griego, el Express Samina, que se hundió con 60 personas, fue acusado de no ayudar a los pasajeros a que dejaran la embarcación…
Como pueden observar, no resulta novedosa esa actitud de los capitanes modernos. Era preferible dejar descansar al hombre del Titanic en las profundidades del Atlántico.
La prensa amarillista y sensacionalista de nuestros tiempo vendió mucho circo con la noticia del desastre del Concordia. No se detuvo aún sabiendo del ridículo en muchos casos. Citaré como ejemplo a un canal de televisión en la Florida donde, se invitó a un italiano dueño de un restaurante en Miami a una mesa redonda que trataba el caso. No se expuso más estupidez porque la noticia envejece pronto, aunque la del Concordia estuvo activa por largo tiempo. Yo le preguntaría a los coordinadores de aquel programa “A Mano Limpia”, ¿la condición de italiano que vivió cerca de la zona, le otorga una credencial para opinar sobre este tipo de accidentes? Yo considero que no, una persona pudo haber vivido toda la vida en la playa de Varadero y desconocer las características de su costa e importancia para un navegante, pero bueno, así marchan estos tiempos.
Expresó el señor Pérez –Reverte en su artículo.-- …Al llamar a su armador dejó de ser un capitán. Era un pobre hombre que pedía instrucciones.
En la varada del Costa Concordia, en mi opinión, el concepto de incompetencia se ha manejado con cierta ligereza. No creo que el capitán Schettino fuese un incompetente. Treinta años de experiencia y una óptima calificación profesional lo llevaron al puente del crucero. Hacía una ruta conocida, y la maniobra de acercarse a tierra es común en esa clase de viajes. Además, una vez producida la vía de agua casi en la aleta de babor —lo que significaría que ya estaban metiendo a estribor para evitar el peligro—, la maniobra de largar anclas a fin de que, con las máquinas anegadas y fuera de servicio, el barco bornease 180º con su último impulso para acercar el costado a tierra y no hundirse en aguas profundas, parece impecablemente marinera y propia de buenos reflejos. El exceso de confianza, una mirada superficial a los instrumentos, pulsar dos veces una tecla en lugar de hacerlo tres, pudieron bastar, a 16 nudos y en tan poca sonda, con una mole de 17 pisos y 114.500 toneladas, para que del error al desastre transcurriesen pocos segundos. Ningún marino veterano puede afirmar que jamás cometió un error de navegación o maniobra; aunque este no tuviera consecuencias, o estas no sean las mismas en aguas libres de peligros que en un paso estrecho, en la noche, la niebla o el mal tiempo, con una piedra o una restinga cerca; o, como en el caso del Costa Concordia, a solo un cable de la costa…
¡Huuuuum! Hay mucha tela por donde cortar en este párrafo sacado de contexto, veamos con calma.
1) Hacía una ruta conocida. En los buques de línea fija resulta muy normal que no solo el Capitán, yo agregaría a toda la oficialidad del puente, se familiarice con la derrota y gane confianza durante sus navegaciones por esas aguas.
2) La maniobra de acercarse a tierra es común en esa clase de viajes. Yo considero que tal afirmación es un error garrafal, si se conoce a la perfección la zona, debe evitarse en todo momento cualquier obstáculo que represente un peligro a la navegación. No por navegarse en un crucero la navegación se convierte en un vulgar carnaval, las fiestas se realizan en los salones dispuestos para ellas y el puente de una nave es el lugar más sagrado que existe en un buque. De acuerdo a la información inicial difundida en todo el mundo, el Capitán Schettino violó esa regla de oro con un solo propósito, que la familia y amigos de su Jefe de Cámaras lo saludaran. Valiente estupidez que costó el precio de la nave y varias vidas.
3) Además, una vez producida la vía de agua casi en la aleta de babor —lo que significaría que ya estaban metiendo a estribor para evitar el peligro—, la maniobra de largar anclas a fin de que, con las máquinas anegadas y fuera de servicio, el barco bornease 180º con su último impulso para acercar el costado a tierra y no hundirse en aguas profundas, parece impecablemente marinera y propia de buenos reflejos.
¡Huuuummmm! De acuerdo a las fotos publicadas, se observa claramente que la avería está localizada en el pantoque de babor y próxima a la aleta del buque. Su quilla de balance se halla intacta, lo que no deja espacio a las dudas de que dicha avería se produjo cuando realizaba el giro para evadir el escollo. Sin embargo, no se aclara en este artículo bajo cuál circunstancia y deja espacio a la especulación. Es muy probable que el oficial de guardia en ese horario, haya llamado la atención de su Capitán sobre la presencia del peligro y que éste, durante minutos de “lucidez”, haya ordenado, aunque tardíamente, meter la caña del timón a la banda contraria. Digo en momentos de “lucidez” porque en las primeras declaraciones realizadas ante cámara por Schettino, apareció la imagen de un individuo incoherente que aparentaba encontrarse bajos los efectos del alcohol u otros estupefacientes. Tratar de encontrar un mérito que lave toda la imprudencia cometida, irresponsabilidad y acción temeraria que produjo un desastre al precio de varias vidas, pudiera considerarse como un acto de sublime humanidad que, el mismo Capitán no tuvo con su pasaje. Vaya usted a saber si esa maniobra no fue realizada por otro oficial en el puente, algo que no dudo mucho. Lo que sí pudiera ser sometido a estudios y juicio, es el diseño de esa nave que no resistió la inundación de su cuarto de máquinas, cuando supuestamente debería contar con reservas de flotabilidad para mantenerse a flote.
4) Cualquier marino pudo haber cometido errores durante sus navegaciones, el factor humano es casi siempre el más frecuente en cualquier caso de accidentes, pero en mi vida de marino, pocas veces vi cometer semejante estupidez.
Mucho se ha hablado y especulado sobre el caso del Concordia, pero quedan muchas dudas por aclarar. No se ha mencionado la existencia del Primer Oficial, tal vez no exista en el rol o nómina de esa compañía. Pero convencido estoy que alguno de los oficiales a bordo, era el personaje que debía suceder al Capitán en caso de ausencia o abandono. ¿Dónde estaba ese hombre? Se ha mencionado que Schettino estaba en un bote junto al Segundo y Tercer Oficial. Al parecer, el pasaje fue abandonado a su suerte en una especie de “sálvese quien pueda”.
En mi opinión, se debe juzgar y condenar al Capitán por su acto de cobardía, pero algo de esas penas deben ser repartidas entre la oficialidad del buque. Se entrevistó a mujeres y hombres de cámara que asumieron espontáneamente y como gesto de solidaridad con el pasaje las funciones que correspondían a la oficialidad y toda la marinería del barco. Fueron ellos, quienes menos adiestramiento reciben en esas maniobras, aquellos que lavaron en algo la imagen de aquella compañía a la que pagas un precio y pones en sus manos la vida.
Es cierto lo que manifiesta Pérez-Reveré en una parte de su artículo, aquellos capitanes y marinos que una vez pertenecieron a esta profesión, han dejado de existir con el uso de las nuevas tecnologías. Se han limitado los poderes de los capitanes al extremo de no dejarlos tomar decisiones adecuadas para salvar sus naves, es algo que viene ocurriendo desde hace varias décadas, no es una novedad y la viví en carne propia. En esas circunstancias, la personalidad del Capitán ha sido reducida a la del simple chofer de un camión o autobús. El papel desempeñado por la tripulación en su conjunto, salvo contadas excepciones, demuestra la pobreza de preparación para enfrentar un desastre con el mínimo de éxito. Supongamos que Schettino no haya estado ebrio o endrogado, ¿cómo justificaríamos su proceder incoherente y cobarde? Pudiéramos decir que fue presa del pánico. ¿Reciben los oficiales actuales alguna conferencia de psicología? En mis tiempos de preparación para Primer Oficial, esas conferencias eran obligatorias y compartidas con los futuros capitanes. Yo estudié en un país subdesarrollado, al parecer, las naciones con cierto desarrollo o antecedentes como grandes navegantes, se encuentran inmunizados y no las necesitan.
Cuando el Titanic, se cerraron las compuertas de acceso a cubiertas superiores para que el pasaje más humilde no llegara a las cubiertas de botes. Con el Concordia, se le solicitó al pasaje mantenerse en los camarotes, nada estaba sucediendo, ambos barcos se hundieron.

semestre sabático para que sus redactores puedan prepararle algo más florido, porque este último olía a flores de cementerio.
La relación literaria con Stevenson no viene por casualidad. En estos momentos en Castrolandia se vive una esquizofrenia similar a la que narra el libro. De una parte, Ud, arenga con sus campañas anticorrupción, su agricultura urbana, sus guiños al capitalismo --que Ud. cautelosamente llama actualizaciones--, hechas con la venia de su hermano, cada vez que este despierta de sus frecuentes sesiones de dominó con el alemán Alzheimer y el inglés Parkinson.
De la otra, su eterna devoción y constantes alabanzas al senil coma-andante para mantener el principio fidelista de ¨Yo soy la revolución, yo soy el socialismo, yo soy la patria¨ lanzado por este al principio del especial periodo, que dura ya 19 años, a pesar de los ríos de dinero que hace 13 años entran desde Venezuela y que se pierden en lo desconocido de un pasaje.
Esto resiente la poca credibilidad de sus reformas, no en el pueblo, rebajado ya por el miedo y el hambre a una condición cercana a la animal, sino a los pocos socios que participan de sus tristes negocios. Sí, porque seguidores políticos hace rato Uds. dejaron de tener cuando vendieron la primogenitura revolucionaria por un barril de petróleo.
Como su ideario es limitado, lo unico que Ud. hace es jugar el rol que le asignó su cada vez más senil hermano. Nada de lo “reformado” es invención suya; en todo caso, son adaptaciones del ideario del Máximo Líder. Como dejó bien aclarado en su discurso de ¿clausura? de la “conferencia” del partido, el unico Coma-andante en Jefe será Fidel Casiano.
Puse entre signos de interrogación la palabra clausura, porque el único acuerdo tomado en este evento fue reunirse cada seis meses para chequear su cumplimiento “sistemático”. O Ud se las pinta solo para inventar reuniones o como casi siempre, no está seguro de que los acuerdos sean cumplidos por sus “compañeros” a los que, con la excepción de los por Ud nombrados, tiene puestos bajo la mirilla implacable de la lucha anti-corrupción.
Esta última campañita, también es aporte de Fidel Casiano, quien lo alertó en diciembre de 2005. Luego fue retomada por el Gunga-Din de Esteban Morales, al sentirse discriminado del poder, y quien por esa imprudencia, sólo obtuvo una patada cuartelaria. Aunque después perdonado, fue destinado al inocuo mundillo académico donde ha devenido en eficiente maestro de ceremonias en tertulias literarias y apariciones culturales, en estas últimas solamente como invitado. Si hay algo en que apuntarle un tanto, ha sido el triunfito obtenido por Ud y noblemente adjudicado a su hija, la princesa heredera Mariela, en cuanto al derecho sempiternamente oprimido por el invencible Coma-andante de las preferencias sexuales. Sí, porque con este atrevido paso, se ganó el apoyo internacional de toda la comunidad gay, la que conocía el carácter terriblemente homofóbico del hoy por suerte para los gays en Castrolandia, enfermo Máximo Líder. Esta comunidad rechaza prudente los rumores sobre su presunta homosexualidad y presenta con alborozo, como artículo de fe, su innegable carácter familiar, su largo matrimonio con la difunta Sra. Espín y su ejecutoria impecable como padre y abuelo. El otro éxito es también relacionado con el entorno sexual. En un congreso convocado por su ya famosa hija Mariela, un empleado de esta ultima, el urólogo Dr. Carlos Yip dio a conocer que ya se trabaja en la fabricación en Castrolandia de implantes de pene que por su maleabilidad, resolverán problemas de tamaño, erección y fortaleza en los varones, esto ultimo seguramente muy demandado en Castrolandia por la jurasica nomenclatura.
Los triunfos obtenidos con la comunidad gay han tenido tal impacto en la Euro zona gay, que muchos periodistas gays comparan a Castrolandia con sus respectivos países en lo referente a los derechos. Bien por Ud. Sólo falta que se instituya en la Casa de la Américas, el premio Reinaldo Arenas in memoriam. Entonces, tutti conttenti. Como siempre, no se menciona para nada, que a la vez que Ud se dedica a tan altruistas menesteres, en sus cárceles siguen muriendo hombres por mantener la dignidad que perdieron muchos compatriotas, y que cada domingo su esbirrada escolta, como tiburones, a unas dignas mujeres cuya única arma es un coralino gladiolo. Por lo logrado con los gays, lo felicito. Por las salvajadas contra mi pueblo, lo condeno. paulino.alfonso@yahoo.com
ESPAÑA, CUBA Y EL SENTIDO COMÚN

Abel Germán, Valencia, España, febrero 11 -- El “sentido común” apela a la lógica promedio. Pero a veces, en esto como en todo, cuesta encontrar ese término medio aristotélico tan elogiado. Y es que la lógica puede funcionar de manera contradictoria o, si se prefiere (y perdonen el oxímoron), ilógica. Por eso antes de utilizar ese “sentido” conviene reflexionar, porque si no se
puede caer en un “sentido común” que quizá sea común pero no juicioso.
El pasado martes 24 de enero el ministro español de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel Garcia-Margallo, dejó claro en la cadena de televisión española Antena 3, lo que cabía esperar: que el nuevo Gobierno apoyará la política actual de la UE hacia el régimen cubano ―la llamada “posición común”―, mientras éste no dé pasos concretos hacia el respeto de los derechos humanos y la democracia. Exactamente dijo: “No vamos a cambiar la posición común mientras Cuba no dé señales de que está avanzando en esa dirección”. Justo lo contrario de lo que propugnó el Gobierno del Partido Socialista Obrero Español.
¿Pertenece esto al “sentido común” real, o al otro? ¿O sería preferible, por aparentemente más rentable, que se mantuviesen el punto de vista y los esfuerzos ―es decir, el “sentido común”― del Gobierno precedente? ¿O existe algún término medio más atinado?
Está claro que si nos atenemos a ciertos resultados visibles, surgen las dudas. Enseguida nos sentimos en un polo opuesto al del Ministro. ¿Alguna vez en más de medio siglo las presiones exteriores han logrado que el régimen haga lo que se le pide? ¿No ha ocurrido más bien que se ha atrincherado y utilizado como munición propagandística precisamente esa presión, tan pertinente para aplicarla a su teoría de la conspiración imperialista? ¿Acaso no ha servido para echar leña a la hoguera nacionalista y desviar la atención de los problemas internos fijándola en la amenaza del siempre útil enemigo foráneo?
Esta fue la lógica aplicada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Y como aparente consecuencia o fruto trajo a España varios expresos políticos y sus familiares. Lo que ocurre es que si se observa con unos cristales más transparentes (no empañados por la ideología o los llamados “intereses”) ese mismo “sentido común” nos lleva, como un péndulo, de regreso al otro extremo. Y lo curioso: sin que en el recorrido pierda ni pizca de “sentido común”. O sea, ¿por qué escribo “aparente consecuencia” y no “consecuencia” a secas?
Al explicar el significado de esas excarcelaciones, el Gobierno socialista olvidaba un detalle: la mayoría de esos expresos serían a partir de entonces desterrados. Un cambio de matiz, es cierto, pero no de esencia. Y los que se negaron a abandonar la Isla tardaron en ser liberados, y cuando lo fueron se les aplicó esa figura jurídica extraña conocida como licencia extrapenal, que es algo así como un chantaje a perpetuidad. Ninguno fue amnistiado ni, mucho menos, rehabilitado.
A lo que añado un interrogante esencial: ¿Por qué debemos creer que ese “gesto” tuvo algo que ver con la actitud “respetuosa” del Gobierno de España? ¿A juzgar por la historia no es más juicioso suponer que el régimen simplemente escogió a conveniencia (a su conveniencia) el momento y los factores necesarios para llevar a cabo otra de sus jugadas? Desde el punto de vista macropolítico dio, si acaso, una simple migaja.
Y ni eso. Porque antes, durante y después de las excarcelaciones, el régimen continuó con sus tropelías. No cesaron los actos de repudio; las amenazas a los disidentes; las detenciones; los juicios sumarísimos que se saldaban con nuevos encarcelamientos…
La reciente muerte del opositor Wilman Villar por huelga de hambre en la cárcel ha sido solo una de esas notas altas, más escandalosas, en todo un largo concierto de despropósitos cuyo primer acorde se escuchó hace más de 50 años. Y poco importa quién haya sido en realidad este ser humano.
Si retomamos la imagen del péndulo en este ir y venir de un polo del “sentido común” al otro (del realmente juicioso al que no lo es tanto, o no lo es en absoluto), hay una palabra que nos lleva en dirección contraria; una palabra que gusta mucho a los políticos, sobre todo si tienen tendencias autoritarias: SOBERANÍA. No hay una dictadura que, ligándola al más ortodoxo nacionalismo, no la haya enarbolado
El régimen cubano responde invariablemente a cada acusación con el argumento de que sus acciones son simple “política interna”, un asunto de y entre cubanos y que las presiones exteriores, como la susodicha “posición común” que el nuevo ministro español de Asuntos Exteriores retoma, son exigencias “inaceptables” que provienen además de quienes no tienen “la más mínima autoridad moral para enjuiciar” a Cuba. Refiriéndose en este caso al Gobierno español y la UE, pero que es la fórmula universal que aplica a todo gobierno, institución o personalidad que ose criticarlo.
Esto de la “autoridad moral” es otro recurso curioso que, al menos a mí, me devuelve al polo inverso y allí me deja. ¿Qué significa? ¿Quién o qué concede esa “autoridad moral” para enjuiciar las arbitrariedades de un régimen totalitario? ¿Acaso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Rusia y China (amigos del régimen cubano) acaban de vetar las sanciones a un régimen asesino como el de Siria? ¿O es que en un mundo donde no se respetan los derechos humanos —y puesto que todos estamos en el mismo baile—, la actitud debe ser la indiferencia, la impunidad y el silencio?
El susodicho “sentido común”, en todas sus variantes, dictará a cada cual una respuesta, y sin duda en más de una ocasión será contradictoria. Pero antes de decidir que el “sentido común” definitivo o más razonable indica que el régimen cubano tiene la razón y la decisión del nuevo Gobierno de España y la UE no, o al revés, plantéese además, y por último, esta pregunta: ¿Qué es preferible: que el régimen se sienta validado, “respetado”, “reconocido”, con las manos libres para continuar oprimiendo a un pueblo que, pueblo oprimido al fin, no puede expresar su voluntad, o que al menos sienta la presión de un mundo que debe dejar el siglo XX atrás, con sus desastrosas utopías, aunque sea un mundo que una vez más se debate para encontrar una salida a sus enormes miserias y contradicciones?
Y en cuanto a lo que nos enseñó Aristóteles: ¿Acaso sirve de algo el “término medio” aplicado por la señora Dilma Rousseff durante su reciente visita a Cuba, en el supuesto de que podamos considerarlo como tal?
Desde luego, si a estas alturas se piensa en eso de la rentabilidad de la actitud “respetuosa” para obtener a cambio algunas migajas o, peor ―porque de todo hay―, que la salida de la crisis (económica) actual es por la puerta que da a la crisis permanente (económica, moral y, sobre todo, de derechos humanos) de un país como Cuba, seguramente el “sentido común” escogido será el más alejado del sentido común. El juicioso, digo. Porque no me cabe duda: la mayor falta de “sentido común” se halla en los totalitarismos, tengan estos la coartada ideológica que tengan.
La recién concluida Conferencia del Partido Comunista de Cuba ―con un discurso de clausura que parece escaneado de toda la retórica que inunda la isla (y hasta otras geografías) desde hace demasiadas décadas y que, desde entonces, la práctica desmiente una y otra vez―, esa conferencia, digo, demuestra de una vez y por todas que los derroteros del régimen no solo no han cambiado ni van a hacerlo, sino que ni siquiera se “actualizan”. Al menos no por las buenas o hasta que el ciclo biológico de sus “comandantes” se cierre. Entonces júzguese: ¿No parece de sentido común coincidir con el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de España, aunque solo sea en eso?

Por Jaime Daremblum, director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson, Cubaenelmundo.com, febrero 11 http://pjmedia.com/













