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Hoy los hay que conmemoran la muerte del ché Guevara. Yo, en cambio festejé con un magnifico Cavernet Sauvignon Argentino. Me tomé tres copas: una por Félix Rodríguez, otra por Gustavo Villoldo y otra por Cuba. El autor

 

 

 

 

burgueses padres de mi prometida en total posición embarazosa y sin saber dónde ponerse…”. Sin embargo, ni fue esa la primera vez que Ernesto visitaba la casa, ni el padre de Chichina (no Chinchina, como erróneamente apunta Prieres) jamás fue un burgués (como señala Guevara). Es más, tenia de burgués, como hoy nos lo aclara su hijo, tanto como Ernesto Guevara tenia de inteligente.

Don Horacio Ferreyra, padre de “Chichina”, fue uno de los revolucionarios de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba. Este amable señor dedicó tres años de su vida a explorar la selva amazónica (la parte boliviana) entre 1919 y 1921, donde además, prestó asistencia médica a las tribus indias de la región. En todo caso, a este hombre curtido por el trabajo, lo cierto es que le sobraba educación para atender a cualquier invitado, independientemente de cuales fueran (o dejaran de ser) sus hábitos higiénicos.

El Ché además, era recibido también en la casa de Don Martín Ferreyra, tío de Chichina, y lo hacía en su espléndida casa en la Estancia Malagueño en compañía de muchos otros muchachos del grupo de amigos de Chichina. Como nos cuenta Eduardo Ferreyra, hermano menor de Chichina:

“Mi tío Martín no era un burgués sino que podía calificárselo más como un “aristócrata”, y había sido también uno de los activos partícipes de la Reforma Universitaria del 18. Era un anticlerical nato, dado que toda la familia Ferreyra estaba compuesta por “libres pensadores,” o lo que entonces se podía calificar de “revolucionarios”, aunque la madre de ambos, doña Mercedes, era de comunión diaria. También Don Martín acompañó a mi padre en su periplo por Bolivia, aunque regresó al país después de un año en las selvas.

Su afición era la historia y tenía una de las colecciones de libros más importantes de la Argentina, con varios incunables y libros de la colonia de extraordinario valor. Su aporte a la genealogía de las familias de “la Córdoba del Tucumán” fue plasmada en un importante libro en colaboración con otro historiador de Córdoba, Lascano Colodrero. En sus búsquedas de libros y documentos en Portugal había hecho una estrecha amistad con el duque de Bragança, con quien mantenía frecuente correspondencia. Pero sus amistades no eran precisamente de la burguesía.

Como mi tío Martín y su esposa Doña Rita tenían hijos, recibían con alegría a todos sus sobrinos, y su casa era durante los veranos una verdadera romería de jóvenes. Mi tía Rita recordaba con cariño a “Ernestito”, y se lamentaba del camino que había seguido como sanguinario fusilador en Cuba. Le gustaba recordar una anécdota de Guevara todo el tiempo de parado detrás de uno de los grandes sillones del living, y su explicación de que lo hacía porque calzaba dos zapatos derechos. En una “barata” de zapatos en el centro de Córdoba había encontrado un zapato que le gustaba, pero que no había podido hallar en el gran montón a su compañero. Lo único que halló fue otro zapato de mismo modelo, pero ambos del mismo pie".

Pensando en su vida, la conclusión a la que puedo llegar es que Ernesto Guevara de la Cerna, de doble apellido, cosa “elegante” aunque snob en Argentina, padecía de un profundo resentimiento contra el sistema que había llevado a la ruina a sus padres, de la clase media alta de Rosario. Su lucha fue por venganza y no a favor de los oprimidos o desfavorecidos. Su desprecio por los indios y negros, tal como lo corroboran sus antiguos compañeros en la Sierra Maestra, no indicaba un espíritu bondadoso, comprensivo o tolerante. Sus fusilamientos sin juicio previo, injustificados, en plena Sierra Maestra, y los posteriores fusilamientos masivos en la Fortaleza La Cabaña, así lo confirman.

Creo que su vida fue tratar de buscar una venganza personal contra el sistema, y el ayudar a los “pueblos oprimidos” no fue nada más que una excusa para liberar su espíritu vengativo y sangriento. ¡Pobre hombre!.

Pero a los hechos. En la época en que Ernesto Guevara es invitado a la Estancia Malagueño de Córdoba (esto fue en 1951), hay que aclarar primeramente, que la visita no fue para conocer a los padres de Maria del Carmen, ni la comida en honor a su visita, sino que se trató de una cena a la que asistían varios invitados y a la que acudió Guevara por deseo expreso de la hija del anfitrión. Tan es así que el verdadero motivo de su abrupta partida no se debió a su mal olor, sino al ridículo que hizo con su desconocimiento absoluto de la Historia.

No es un secreto que ya en esa época el Ché era conocido por todos (y sobre todo por sus padres) como un joven cínico y provocador que había declarado una guerra total al jabón y al agua. Como bien dice Prieres, pero incluso mucho más seguido de lo que él pudiera creer, tal parece ser que abundan las anécdotas de su padre Ernesto, sacándole por las orejas de la hacienda y obligándole a meterse en las heladas aguas de un arroyo de la propiedad. ¡Así sería el olor del niño!

Cuenta el hermano de Maria del Carmen (presente en la comida a la que se hace alusión) que durante la noche se tocó el tema de la Segunda Guerra Mundial y los mayores comentaban la manera en la que Winston Churchill había conducido al pueblo inglés y la visión de futuro que había demostrado al aconsejarle a Eisenhower un ataque por el “bajo vientre” de Europa invadiendo los Balcanes para cortarle a los rusos el fácil acceso hacia Alemania.

Es entonces que el oloroso invitado mete la cuchareta en la conversación y concluye: “Churchill es un político de pacotilla”. Ferreyra (padre), que como se dice en Argentina hacia rato lo tenía “parado en un huevo” le respondió: “Mire mocito, Churchill no goza mucho de mis simpatías, pero si hay alguna cosa que Churchill no es, ni ha sido nunca, es un ser un político de pacotilla. Y como su comentario no tiene otra finalidad que escandalizar u ofender a los presentes, y como en mi casa no se ofende a mis invitados, le ordeno que se retire y no regrese hasta nuevo aviso”.

Acto seguido lo acompañó hasta la puerta y lo echó de su casa, no por opinar diferente, sino por comportarse como un imbécil pedante y sobrador. Desgraciadamente este pedante sobrador, que despreciaba a los demás cual si fueran “seres inferiores”, lo siguió siendo toda su vida. Hoy, aquella familia cordobesa ve el incidente con inmensa tranquilidad y recuerda que el Ché fue un fracasado en todo (ni siquiera se graduó de Medicina) y terminó sus días sin saber que daba nacimiento a un mito que, como la mayoría, apestan, pero son imposibles de matar.

Las fotos que siguen son propiedad de la familia Ferreyra, que las ha facilitado únicamente para acompañar este texto aclaratorio.

 

 

 

 

 

 

 

En la Estancia Malagueño, 14 km al oeste de Córdoba, alrededor de 1951.

El Ché, en la época en que viajaba como camarero y lavacopas en un barco de carga argentino

 

Carlos Wotzkow, Bienne, Suiza, octubre 13
UNA NOCHE CON EL CHE

En su articulo intitulado “A 40 años de la muerte del ché Guevara” Manuel Prieres relata una historia de la juventud de Ernesto Guevara que no se ajusta estrictamente a la verdad. Y cito: “Su novia de primera juventud María del Carmen Ferreyra, “La Chinchina”, en una ocasión que lo invitó a conocer a sus padres (ellos de posición acomodada) este iconoclasta compulsivo hubo de asistir a la reunión sin bañarse por varios días, despeinado, ropas ajadas, zapatos sucios y oliendo a gurupela de caballo garañón”.

Sobre este incidente en la casa de la familia Ferreyra, Guevara escribiría mas tarde: “…disfruté mucho al ver a aquellos

De su periplo por Argentina en una bicicleta con motor “Cucciolo”. Foto autografiada por el "Ché": “Para mis admiradoras cordobesas, El Rey de los Caminos”.