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“From a Darwinian point of view, human super-niceness is just plain dumb.” Richard Dawkins

 

"Sólo hace falta que acabe de morir el astado muflón y claro, que todos se olviden que el verdadero problema somos nosotros".

 

 

 

Cuba es un país de bárbaros y de mentirosos. Si ahora mismo usted me pidiera un ejemplo de lo segundo, yo le pondría al más premiado, al más publicado, al más respaldado: Oswaldo Payá Sardiñas. Y he ahí el mayor problema: nos gusta premiar la demagogia, la mentira, las palabras bellas, y al falso moralista.

Pero atención, que no quiero decir que el cubano sea peor que nadie, pero tampoco mejor. Aquellos que crean que la sabiduría, la mesura y el comportamiento ejemplar son características naturales (no forzadas vía la represión y/o los

códigos sociales) de nuestra especie, les recomiendo pensar en la generosidad (lean conducta sanguinaria) social y religiosa de los sumerios, los fenicios, los egipcios, los mayas, los incas, los romanos, los cartagineses, los teutones, los celtas, los vikingos, los galos, los hindúes, los bantúes, los yorubas, los hawaianos, los aborígenes del Pacífico, los hurones, los pieles rojas y todos aquellos que asesinaban por sexo, comida, o para complacer a sus dioses, con la esperanza de cambiar la meteorología, o curarse una enfermedad venérea. Somos un primor, diría mi abuelita.

El asesinato en Cuba de tres negros (justo por ser negros) que querían ser libres, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo (cargado de niños), el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate (aviones civiles desarmados y en aguas internacionales). ¿Son actos únicos del dictador marxista?

Al cabo del tiempo y con fácil acceso a la información, uno llega a la misma conclusión que llegó Robert Trivers en 1971. La amistad, el disgusto, la agresión moral, la gratitud, la simpatía, la verdad, las creencias, las suspicacias, las mentiras, los aspectos relativos a culpa, y otras formas de deshonestidad e hipocresía humana, pueden ser explicados como adaptaciones que regulan el sistema altruista. ¿Altruista dije? ¡Qué optimismo el mío! Hoy, después de intentar acariciar al concepto de la nacionalidad y la identidad, no descubro un compatriota que no hable de su pasión por Cuba más que a la espera de ganancias personales.

Creer que los “Actos de Repudio” fueron posibles sólo porque eran instigados por el Partido Comunista sería como creer que Gloria Estefan se interesa honestamente por el futuro de nuestro país.

Sé de asistentes a un acto de repudio en Puentes Grandes que hervían los huevos para no manchar las paredes de la casa del amigo que debían abuchear. Pero sé también de los que dejaron caer piedras inmensas en la cabeza de un profesor del Politécnico de Veterinaria de El Cotorro por el placer de ver correr la sangre.

Cada vez que la cantante saca un disco y quiere promocionarlo en la Florida, entonces se acuerda de Cuba. Fácil le resulta (ella que la ha pasado tan mal toda su vida) pedir el borrón y cuenta nueva, e irse a cantar acompañada por la guitarra de un imbécil admirador del Ché Guevara.

Por desgracia para ella, a mi no me gusta la música comercial y mucho menos, si esta se queda a 90 millas de la verdadera música cubana.

No parece siquiera existir un concepto moral que nos una, y aquel que a trompones nos ha agrupado durante 50 años, es enteramente incompatible con la modernidad.

¿Qué pasaría si nos encontramos (algunos pensarán que hago suposiciones) con un pueblo cuya moral carece de principios? Y no, no es un juego de palabras. Un pueblo que no sea sensible ni al dolor ajeno, ni a la reciprocidad. Un pueblo en donde lo sagrado sea concebido a golpe de informes y chivatazos. Un pueblo donde los familiares se delatan políticamente. Un pueblo donde el interés por la vida no se encuentra asociado al progreso individual, o a la búsqueda de la felicidad. ¿Podrán los cubanólogos y los futuros políticos cubanos pedirle a esta gente que deje de robar para ser prósperos honestamente? ¿Y la cultura de trabajo qué? Y mira que lo grito, pero nadie lo escucha.

Y es que los hay, aquí en el Exilio, que no contentos con la manera de pensar de sus “enemigos de ideas” la emprenden en contra de sus familias inocentes. Y no hablo del "asere" analfabeto que salió ayer de Cuba, sino de ese “intelectual” que se ha creído sus propias habladurías. La envidia les lleva a pedir a terceras personas (ajenas totalmente a la política cubana), a 10'000 millas de distancia, un acto de repudio, una amonestación privada, o un despido para aquellos a los que no han podido igualar.

Nos gusta tanto el papel de víctima y lo publicitamos de manera tan grotesca, que ni siquiera nos percatamos del momento en que pasamos a ejercer el rol del “energúmeno incontrolable” del cual se hablaba al inicio. Y no hablemos de la amistad, que en Cuba, en el Exilio, y en la subespecie moral en la que nos agrupamos, es un recurso en peligro de extinción.

Cada vez que busco en mi mente una solución que convenga a todos los cubanos, apenas descubro que hace falta una moralidad que destierre del terruño todo lo que huela a podrido.

Entonces reconozco que sólo sacrificando ciertas cuotas de libertad es posible lograr ese objetivo. ¿O es que hay alguna otra manera de pensar en una convivencia con el comunismo y los comunistas después de observar lo ocurrido en los últimos 10 lustros de Cuba? Piénsenlo.

Esos que hoy escuchamos (o leemos) hablando de democracias representativas, de izquierdas bien representadas (para un país que tanto ha padecido por su culpa), los veremos mañana promulgando leyes excluyentes y consignas a favor de la lealtad partidista. Y no lo hagan así para que vean. Los malos le darán su 'jarabito de componte' socialista al menor descuido.

Ya nada me sorprende de nosotros, los cubanos. Por fortuna quedan los que creen en Dios. Esos al menos temen que un día el Creador les pase la cuenta por sus propias mari… posadas. ¿O no es religión pura y dura la lectura esotérica que Hebe de Bonafini hizo del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York?

No digo yo, ya los tenemos incluso redactando constituciones y pensado en un castigo divino por los abortos, la prostitución y la tolerancia homosexual. Sea cual sea el sentido que le demos al destino que nos ha tocado vivir, lo sagrado y lo autoritario nos acompañan en ese vagón repleto de daño y compasión, pero que es inversamente proporcional en nuestros discursos y a nuestro libertinaje individual. Yo, sin esperar la respuesta, me declaro incapaz de retener un gramo de fe.

Jodidos estamos cuando confiamos en semejante pueblo. Es como si apeláramos al final de la pena de muerte sin poderles hacer entender que hace falta respetar la vida.

Según el último estudio sobre la religión en Inglaterra, un tercio de los entrevistados piensa que aquéllos que no crean en el mismo Dios que ellos, deberían ser eliminados físicamente. Esto, en la patria del Laborismo moderno. ¿Cómo será en la Cuba de mañana llena de santeros chivatos y cardenales condecorados por el MININT?

Y no hablo ya de los que quieran estar en paz con Dios, sino de los que añoran una silla en el futuro parlamento “democrático”.

Sea cual sea el enfoque a la moralidad (contractual o tribal) estamos jodidos, porque los hay que nos dicen que no podemos escribir sobre el odio sólo porque sentimos odio.

¡Podríamos contaminarles el materialismo científico con nuestros dogmas morales no afines al proceso!

De acuerdo a mis últimos enemigos (esos que sólo se atreven a hacer la guerra cara a cara contra un espantapájaros), yo ataco al fundamentalismo religioso porque soy parte del ateismo del sistema. Dios nos libre de esos religiosos científicos que nos conducirán al altar del relativismo moral con la mejor de las intenciones. Me recuerdan a los líderes religiosos que en Norteamérica buscan donaciones de las almas caritativas. Ellos saben que los conservadores donan 30% más que los ateos en las campañas presidenciales. Saben que son cuatro veces más generosos, donan más sangre, y ayudan 57% más a los mendigos que los liberales. Pero también me recuerdo que los Estados Unidos, a pesar de ser el país más religioso de los 18 estados más desarrollados del mundo, posee índices elevadísimos de homicidio, corrupción económica, vagancia y embarazo neuronal no deseado.

Y ya lo aclaro, antes que me abofeteen: el fundamentalismo religioso no es el único sistema de creencia que se divorcia constantemente de la realidad. Las ideologías políticas y los intelectuales teóricos también acostumbran a distorsionar los hechos para construir causas inútiles y demandar sacrificios insospechables. La única razón por la cual la ciencia es menos vulnerable a esa distorsión es que sus practicantes se hacen generalmente responsables de sus actos y afirmaciones. Si dicen, por ejemplo, que discrepan de una idea vieja y loca, va y les dedican un sitio entero en la Internet a resaltar sus sacrilegios, pero ellos repiten y mantienen lo dicho. Baste que no creas en Dios (aunque sólo sea el de ellos) y ya estás fuera del equipo. Te acusan de hereje y hasta trabajo voluntario hacen para construirte un cadalso.

Hablo de gente que vive en libertad hace más de 15 años. ¿No son 15 los años que Cuba necesitará para ser un país próspero? Sigo evacuándome de risa.

Ayer me contaban, crucifijo inmenso y de oro a mitad del pecho, que en Zürich hay cubanos que compran dólares falsos en un negocio de chinos. Intrigado por la risa incontrolable del narrador, este me explicó que con ellos, estos cubanos libres (desde hace más de 15 años) se pagan los favores sexuales de las jóvenes jineteras cuando visitan Cuba. Todos ellos civilizados. O sea, gente seria, con trabajo, con una moral religiosa que le ronca el mango. Como esa del negrofobo que publica en la revista Encuentro (que nunca se acuesta con negras) que vive en Miami y que se llama Enrique Patterson. El pasado 22 de julio, después de un gran aguacero (entre las 18:00 y las 18:30), este impresentable “intelectual” le contaba a gritos (para que todos le oyeran) a un amigo (en el restaurante “Brisa de España” de Coral Way y la 87 Ave.) de sus maromas sexuales con las mujeres blancas.

Yo no sé ustedes, pero con sólo pensar en lo que le ocurrirá a esa joven jinetera cubana cuando intente comprar comida con un billete falso, se me quitan las ganas de pensar en Cuba.

De momento no hay mucho que hacer, que no sea espiar (con binoculares y pasaporte falso) a las cabras alpinas en Suiza. Para eso me formaron en la escuela de la contrainteligencia cubana. Es de vital importancia saber cuántos litros de leche dan al día por si mañana los grandes caciques del régimen se deciden a introducirlas en nuestras sabanas camagüeyanas. Me han dicho que hacerlas copular con ciertos autodidactas del área les permitiría vender los cachorros como líderes políticos de la nueva Barataria que gestionan. Un archipiélago que dejarían superpoblado de cabrones… 15 años después de haber muerto el cabrón mayor.

Sólo hace falta que acabe de morir el astado muflón y claro, que todos se olviden que el verdadero problema somos nosotros.

 

 

Carlos Wotzkow, Bienne, Suiza, septiembre 17

EL PROBLEMA SOMOS NOSOTROS

Según algunos optimistas de la conducta humana, a nadie que no sea un psicópata le gusta mentir. Nadie que no sea un malvado congénito (o sea, deben referirse a otra especie de homínido que yo desconozco), o un energúmeno incontrolable, le gusta acosar, humillar, ergo: abusar.

A mi me resulta sorprendente que alguien llegue a esta conclusión, porque creo que son las leyes y la represión las que ponen (listas para escapar a la más mínima ocasión) temporalmente esas características intrínsecas del ser humano en sus bolsillos.