



“Will you honestly tell me (and I should be really much obliged) whether you believe that the shape of my nose was obtained and guided by an intelligent cause?”. Charles Darwin a Charles Lyell en 1860
Confieso que a mi me caen bien la gente inteligente y que hasta el día de hoy, creía que Servando era uno de ellos. Sin embargo, me espantan los desinformados y entonces, me doy cuenta que a González se le puede aplicar la segunda regla de Orgel: la evolución es mucho más sabia que algunos seres humanos. Hace semanas, antes que su artículo apareciera publicado en su página de Internet (y cumplo aquí su segundo pedido de darle publicidad a su sitio: www.servandogonzalez.org ), yo le había señalado de los riesgos que podía entrañar asociar gratuitamente a Darwin y a la teoría de la evolución con las conspiraciones políticas a las que nos tiene acostumbrado el ambientalismo. Jamás me pasó por la mente que Servando fuera tan fácilmente influenciable. De lo contrario, le hubiera rogado el borrador para hacerle algunas sugerencias. ¿Habría aceptado? Ahora creo que no.
Servando ha quedado maravillado al leerse un libro - ¿quién lo diría? – nada más y nada menos que del inventor de un puñado de falacias llamadas “Diseño Inteligente”. Si se fijan, no lo llamo teoría, porque Michael J. Behe, que así se llama el oscurantista, no ha publicado ni un sólo artículo al respecto que pase la prueba editorial de PubMed donde, por cierto, se ha pasado por alto más de 13'000 textos científicos que allí lo desautorizan. Behe, quién no pasa de ser la vedette de la iglesia católica norteamericana y el “hazmerreír” de la comunidad científica del planeta, es un escritor hábil al que Servando González hace eco sin el menor sonrojo. Curiosamente, en su último libro (y que Servando no ha querido leer), Behe da marcha atrás y reconoce la existencia de las mutaciones aleatorias aceptando además, la edad de 4.5 billones de años de la tierra. ¿Se imaginará Servando lo que eso significa?
El argumento fundamental de Behe es uno, y sintetizo: “hay un ingeniero genético capaz de modificar al DNA para desarrollar máquinas biológicas de Clases superiores, pues a ese nivel, la evolución no funciona” . Pero sus dislates acerca de cómo funcionan los genes y como interactúan las proteínas son tan notorios, que les recomiendo a todos mis lectores un sitio llamado “infidels” que dedica una sección entera a Behe, o los artículos como el de Jerry Coyne (The Great Mutator), el de Robert Dorit (A Review of Darwin's Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution , by Michael J. Behe), el de Michael Ruse (Design? Maybe. Intelligent? We have our doubts), el de John Catalano (Behe's Empty Box), y el de Sean Carroll ( God as Genetic Engineer), que han hecho trizas la palabrería barata del ídolo de Servando.
El libro “Darwin's Black Box: the biochemical challenge to evolution” esta saturado de falacias incandescentes. Hablando de la evolución molecular, el espiritista mejor pagado en la Universidad de Lehigh, la simplifica como “un puñado de secuencias, un poco de matemática y ninguna respuesta”. Pero veamos de cerca otra de sus especulaciones supremas. Tome un ratoncito y sáquele el cerebro. Si el sistema deja de funcionar correctamente, eso quiere decir que los ratones son productos diseñados. ¿Por qué? Pues porque según Behe, los sistemas son irreduciblemente complejos. El usa también la analogía de una trampa para ratones. Si le quitamos una de sus partes, la trampa no funciona, pero… ¿y si le eliminamos el cebo y en vez de queso la cargamos sin nada? Sí, seguramente no atraparemos un ratón, pero va y atrapamos un pellizco y entonces, ¿qué nombre le ponemos a la trampa que aprisiona a nuestro dedo? ¿Se lo cambiamos, o la destruimos de una patada?
Bajo estas premisas de trasnochado, Behe nos oculta la forma que él ha elegido para falsificar la evolución gradual propuesta por Darwin y, por omisión, catalogarla también como un diseño. Pero su mayor error es el de afirmar que a nivel de Clase, no quedan opciones Darwinistas a las cuales apelar. ¡Bravo! ¿Y la duplicación y la divergencia, o el desarrollo por necesidad, o la pérdida de los escaños evolutivos? ¿No son esas las pruebas que explican que las nuevas formas de vida son favorecidas por ese tipo de modificaciones seriadas? Todo sistema “irreduciblemente complejo” puede variar gradualmente y beneficiarse con esos cambios. La alegoría que se me antoja, además de cambiar el cebo de la ratonera por un pedazo de carne, es la metamorfosis de las ranas, que poseen una etapa de vida subacuática, hasta que sus aletas se transforman en patas y el diseño evolutivo cambia y conquista un ecosistema terrestre. ¿Se extinguieron los dinosaurios, o todavía los vemos por ahí volando en forma de aves?
Intentaré ser lo más simple posible respecto al origen de la vida que es, en definitiva, lo que nos distancia del misticismo Beheniano. Hay varias ideas de cómo surgió la vida en la tierra sin la ayuda de ningún ingeniero divino. Una de ellas es la que señala las propiedades del ADN y la doble hélice del ARN el cual serviría de “template” a la adición de nucleótidos (A, U, C, y G) que, unidos en una apropiada cadena de fosfodiésteres, estarían listos para auto-replicarse, separarse y replicarse otra vez. El problema hasta ahora (a nivel de ensayo) es que al copiarse, el ARN reproduce errores y a la larga, reproducir errores conlleva una catástrofe de tipo genético. Hasta la fecha, estas moléculas no son consideradas “estables” en su evolución, pero el fracaso es sólo parcial, pues la replicación es una realidad demostrada. ¿Dónde está el creador inteligente y cómo le llamamos?
Pero vayamos más lejos, aunque sólo sea para quitar un poco más de entusiasmo a los aprendices del alquimia del Sr. Behe. Hay unos lípidos llamados liposomas que sí pueden replicarse. Esto ha sido demostrado experimentalmente en infinidad de laboratorios. Por ello se dice que forman una alternativa razonable al origen de la vida, pues son sumamente estables. Además, la auto-catálisis celular (que es otro fenómeno colectivo de los “sistemas complejos”) de proteínas pequeñas y del ADN son ya un hecho reproducible. Imaginen un polímero que catalice en otro polímero sin la intervención de un tercero (esto equivale a auto-reproducirse). O piensen en un grupo de polímeros que sirvan de substrato y produzcan reacciones de auto-catálisis en otros grupos hasta incrementar su diversidad. ¿Sabrá Servando lo que ello significa? ¿Le dice algo la palabra metabolismo? ¿Son el Dr. Morowitz y su equipo de colaboradores diseñadores divinos?
Behe juega hábilmente con el desconocimiento total de biología que padecen lectores como Servando González y les muestra los mecanismos de “ingeniería nano-tecnológica” de ciertos virus para terminar afirmando (o dejar que otros tontos afirmen por él), que se trata de mecanismos “aparentemente naturales” , pero que en realidad son maquinas creadas y desarrolladas con alta tecnología por… ¿quién? Bueno, él no lo dice, pero el final de la frase es fácil de imaginar: “gracias a la obra milagrosa de un diseñador inteligente”. Servando ha quedado tan encandilado con la sapiencia de Behe, que a todos los que no nos traguemos el entuerto nos llama “puñado de inescrupulosos, mentirosos, oportunistas y desinformados.” Entonces Behe, ya sentenciando el Darwinismo, comete otro error imperdonable: “All sciences begin with speculation, only Darwinism ends with it”. ¿Lo habrá dicho en serio?
Cierto, todos los científicos proponen ideas, teorías, y experimentos. Siempre se especula antes de comenzar la búsqueda y confirmación de nuestras ideas. Darwin, como cualquier científico, pero con el mérito de haber especulado sobre la evolución hace 150 años, no la dio por confirmada. Creer firmemente en una teoría no es un error científico. Creer en algo que no cumple con la clasificación de teoría, sí. Cada día salen a la luz cientos de datos y artículos que confirman la validez de la evolución. Cada día siguen los creyentes sin demostrar la existencia de Dios, ni del diseñador inteligente, ni las once mil vírgenes, (que les juro que a estas últimas me gustaría conocerlas). Ni siquiera son capaces de reflexionar que la religión no es otra cosa que un subproducto evolutivo, producto directo del miedo y la ignorancia y por tanto, una forma necesaria de encontrar confort psicológico en un mundo que nada tiene de confortable.
Gracias a Dios (Darwin, quiero decir… y pueden reír a discreción), hablar de religión resulta cada día menos atractivo, menos sagrado. Algo así como hablar de sexo colectivo, de dinero sucio, o del último estupefaciente del mercado. Por ello, ese diseñador inteligente, en una sociedad asimétricamente informada, no tiene futuro. No es más que un intento “inescrupuloso y mentiroso”, de un puñado de “genocidas” que quieren volver a darle a la religión su pase de “libre acceso” a todas aquellas culturas que no les caen bien. Por ello, hablar de Dios no inspira ya más respeto que hablar de los parásitos en la barriga de un tercermundista. En ambos casos, estos parásitos fueron diseñados (por nadie, sólo por la evolución) para sobrevivir las condiciones más adversas e invadir la mente y el intestino de sus víctimas. De la misma forma que existen microorganismos sin los cuales no podríamos digerir, hay religiones sin las cuales algunos no pudieran defecar.
Prejuicio es la palabra que yo utilizaría para catalogar las ideas anti-evolucionistas de Servando González. Es más, estoy seguro que él no va a encontrar ofensivo el que yo le recomiende un par de libros con la mejor de las intenciones. Entre los tantos que hay, “The Moral Animal” y “Consilience” se me antojan como los más sencillos para su bajo nivel. Allí leerá ideas inteligentes de una evolución que no exige castigo, que no demanda sumisión, que no inspira miedo. Una evolución que no exige el fin de la religión, sino un freno a sus abusos. De manera que si debemos respetar a Dios, respetemos también a nuestras lombrices intestinales, pero eso si, sin rendirles culto. El enunciado de Behe de que de que “todos los componentes de un sistema complejo irreducible deben estar en ese sistema desde el inicio” , deja al divino diseñador de Servando González muy mal parado. ¿Y las vejigas natatorias convertidas en pulmones?
Como ya lo dije, en su último libro (“The edge of evolution”), Behe echa para atrás y empieza a reconocer la evolución, la edad de la tierra y otras “chucherías” que seguramente dejarán frustrado a más de un admirador. No, no le recomiendo el libro a nadie. Todos coinciden que es un preludio intelectual no más sofisticado que el solemne “ streaptease” de un plátano en la mano de un niño. La analogía es mía, pero el mensaje es el mismo. Las analogías pueden ser utilizadas para explicar ciencia, más no para concluir y falsificar teorías científicas. Un pedazo de carne se parece a un pedazo de queso en que ambos pueden servir de cebo en una trampa para ratones. La carne comparte entonces ciertos conceptos y propiedades con el queso. Esto no significa que la carne tenga las mismas propiedades que el queso, pero ambos hacen funcionar al sistema independientemente que para un ratón, no sea lo mismo un pedazo de carne que de queso.
Para un espiritista religioso como Behe, la trampa del ratón es un complejo irreducible y por ende (según su esquizofrénica manera de pensar) un producto diseñado que necesita todas sus partes para trabajar apropiadamente. El ratón necesita de su cerebro y por lo tanto, es como la trampa: otro producto diseñado. Pero… ¿y la carne de la mangosta, o el gusto del ratón por el queso? ¿Desaparecerá la validez del darwinismo sólo porque nadie se dedique a explicar paso a paso como una trampa para ratones se convirtió en una trampa para mangostas? ¿O cómo el cebo de queso suplantó al cebo de carne? El desprestigio incrementado de Behe recuerda al Caballero de Monty Python. Cada vez que un científico lo humilla científicamente, Behe insiste en que sólo le han hecho un arañazo. Luego va al médico, para que le apliquen en la herida un regenerativo producido en un laboratorio de mentirosos inescrupulosos.
Terminado el asunto Behe, veamos lo que plantea su amigo Servando. Jamás imaginé que González se abrazara a una causa tan absurda. ¡Deben ser los años! Se lee un libro que le activa su prodigiosa fantasía y ya está: la madre de todas las conspiraciones queda servida. Basta que Behe diga que la evolución es inviable para que Servando lo repita con vehemencia. Pero lo peor no es eso. Lo alarmante es que diga que va a intentar explicarse (él, Servando González) y que luego cada párrafo empiece con frases como: “Behe reconoce”, “Behe evita” “Behe acusa” ¿Es su artículo un análisis propio, o sólo el eco de una voz ajena que le susurra un mensaje que él no logra comprender? ¿Quién paga los viajes y las conferencias de este nuevo “Poster Boy” de los grupos religiosos norteamericanos? ¿Qué trata de hacernos entender el “analista” Servando González con su defensa del diseño inteligente?
Servando dice que Behe siempre ha tratado con esmerado respeto a sus detractores y siete líneas más abajo nos lo ilustra: “oportunistas, mentirosos, disimuladores y gente carente de ética.” ¡Coño, si eso es respeto, no quiero ver cómo será cuando le da por ofender! Entonces Servando, que no es capaz de ver una casa en medio de un caserío, se pregunta ¿por qué no hay biólogos anti-evolucionistas? ¡Dios mío! ¿Y qué otra cosa pudiera ser el flamante Profesor Behe? ¿Quién ha dejado de pagarle sus suculentos presupuestos de “investigación” en Lehigh? ¿Quién le ha expulsado de la Universidad de Pennsylvania por sus libros de diseño para comemierdas inteligentes? Y todo ello, ignorando voluntariamente las evidencias científicas de la duplicación genética y la subsiguiente diversidad que esta genera. Ojalá y esto fuera lo único que Behe ha ignorado a la hora de escribir sus libelos.
He dicho al inicio que son 13'000 los artículos científicos disponibles en PubMed que Behe ha ignorado. Trece mil evidencias sobre el arrastre de exones y su reutilización proteica. Evidencias sobre la selección natural y su deriva neutral a nivel molecular. Evidencias sobre la maleabilidad y la naturaleza adaptativa de la evolución molecular (resistencia bacterial a los antibióticos). Evidencias sobre la inferencia de la secuencia del ADN y las proteínas en la filogenia. Evidencias que demuestran que en cada sistema bioquímico, las partes evolucionan independientemente para reaccionar con otras ya modificadas. Y a pesar de esto, viene Servando, que no sabe una fruta de lo que aquí se discute, repitiendo que son los biólogos evolutivos, los que ignoran los hechos que no podemos torcer a nuestro antojo. Le recomiendo leer “ Publish or Perish ”, de John Catalano disponible en www.talkorigins.org.
Respecto a la defensa de Guillermo González, sólo unas preguntas. ¿Qué tienen que ver los científicos con las asignaciones presupuestarias para la investigación? ¿Está Servando delirando, o ignora que todos esperamos las migajas del decanato? No Servando, no mientas sólo por defender tu versión conspirativa de los hechos. En la carta de la Universidad se explica que el tal González no utilizó las horas de telescopio que debía, así como que no entrenó el número de alumnos que debía. Los 22'000 dólares de presupuesto no eran tales, sino nada menos que ¡200'000! Vamos, que si quieres que me ponga a tu altura yo también puedo decir que González se pasó el tiempo de docencia soñando con extraterrestres, o comiendo tacos con tabasco. Pero González es apenas un caso. ¿Qué hay de todas las mujeres que en los EEUU ven sus carreras científicas echas trizas por un embarazo? ¿Cómo catalogar a esos religiosos que en vez de decir “jódete” les dicen “aborta”?
En cualquier universidad del mundo, si no tienes resultados, o los inventas para recibir fondos, o no recibes un kilo, o eres ¡deshonrosamente expulsado! Behe en cambio, sólo tiene que truquear sus argumentos un poco y decir que son textos de divulgación popular y ya le llueven las donaciones de la iglesia. Y cuando anda corto de recursos, empieza siempre sus discursos con aquello de que él profesa la religión judeocristiana, bla, bla, bla, igual que tu, Servando. ¿Para qué quiere Guillermo González un título científico si él acusa al decanato que le graduaría de ser marxista-darwinista? No lo entiendo, a no ser que el título le de más dinero, más fama, y un lugar privilegiado en al altar de Behe. Pero espera, ¿cómo te ganas la vida Servando? Porque si yo cobro, según tus opiniones, mintiendo sobre mis resultados en un laboratorio, a ti te pudieran estar pagando ahora mismo los Pastores por la Paz. ¿Me equivoco?
No, Servando, ya que vas a escribir un contra-artículo, dime de dónde sacas que Hitler, Mao y Stalin eran asesinos por ser Darwinistas. Jamás he oído decir que el darwinismo propone un nuevo holocausto. Eso lo he leído de los ambientalistas, que no niega que además algunos sean darwinistas. Pero dime más, ¿cómo se puede catalogar a alguien de ser darwinista sin entender la teoría evolutiva? Hitler, por ejemplo, era autodidacta en todo (ver “Anatomía de un dictador”, de Henry Picker). Despreciaba el consejo de los especialistas a su alcance. El 12 de enero de 1942 dijo en una sobremesa: “que unos tengan que devorar a otros es espantoso, pero es así” . Si ahora mismo yo hablara de los leones diría algo parecido y ¿qué? El 5 de julio de 1942 dio un discurso en el que dijo “todas las fuerzas de la naturaleza se revelarían si el menos valioso fuera señor del más fuerte”. ¿Es a eso a lo que tú llamas Darwinismo? ¿No has leído a Nietzsche?
Hitler pudo haber leído a Darwin, pero en realidad fue la obscura variante evolutiva de Ernest Haekel la que lo había conmovido desde 1914. Haekel fue un admirador de Darwin y defensor de la ley fundamental biogenética. Fue el creador del monismo, y todos coinciden en que fue Haekel y no Darwin (Alfred Jodl, y su médico Karl Brandt), el que influyó (previa ayuda de la ley eugenésica de Auguste Forel) en la política exterior de Hitler. Ahora bien, que Hitler, Mao, o Stalin (te faltó Castro) hayan ignorado los principios morales basándose en una teoría científica (así llaman al marxismo también), no implica que el Darwinismo sea responsable del genocidio nazi, ruso, chino, o cubano. ¿Fueron genocidas Einstein, o Freud? ¿Sólo porque la cultura judeocristiana tiene una inquisición y una cruzada en su pasado histórico son genocidas los cristianos? Yo creo que no. Ese tipo de inferencias es sólo posible en la cabeza de desquiciados mentales, como Richard Weikart (“ From Darwin to Hitler” ), y ahora tu.
Admirador o no, ni siquiera Freud pudo entender las bases genéticas del sueño. ¿Cómo podría, si Darwin tampoco llegó a saber que la herencia era un producto genético? Lo siento, pero los científicos estamos obligados a intentar ser algo más que el polvo místico de un diseñador inteligente, y el darwinismo nos ayuda a saber de dónde venimos y por qué estamos aquí. De la misma forma, y esto es algo que he escrito en varios artículos (pues yo si soy capaz de convivir con personas de la fe cristiana), admiro el role moral de las religiones en la cultura y creo que sería muy triste que un día el ser humano abandonara sus tradiciones religiosas. Cuando Dédalo escapa de Creta y va camino del Sol no le importó que las alas de Ícaro hubieran sido pegadas con cera. Por eso, en la búsqueda de la verdad, siempre recuerdo la frase del astrofísico Chandrassekhar: “déjanos ver cuán alto podemos volar antes que el sol derrita la cera y nos deje sin alas”.
No conozco un sólo científico que sea un fanático religioso, pero tampoco, que se haya negado a jurar poniendo su mano sobre la Biblia. Es más, me gusta escucharles eso de “So help me God”, pues al fin y al cabo, creo que es una forma ancestral de hacer poesía. Pero ser respetuoso con la religión no implica tener que honrarla. Eso sería como regalar nuestro ser a la oscuridad mística de la especie humana en su estado más ancestral. Los judeocristianos leen en sus sagradas escrituras que “pride goeth before destruction” y los científicos creemos que es al revés. Objetivamente, el lenguaje de los científicos es menos estridente que el de algunos religiosos. Al menos nuestras blasfemias no van más allá de ser “crímenes” de los que jamás se halla la víctima. Así que si vamos a ser justos (y no soberbios), en vez de atacar al “Origen de las especies” porque se ha convertido en el “bestseller” mejor vendido en los últimos 150 años, debías darle la categoría de milagro.
Nunca se me ocurriría escribir esto de no haberme considerado tu amigo, haberme leído tu artículo, y sentirme profundamente traicionado. Cuando dices que un biólogo evolutivo es un ser humano falto de principios y ética, oportunista, ambicioso, que recibe pagas generosas, y que se pasa el tiempo buscando resultados para luego trucarlos, demuestras, no sólo que estás copiando las palabras de otro aún más limitado que tu, sino que este mundo sería un lugar mucho mejor sin el fanatismo que profesas. Tus opiniones van incluso más lejos y se parecen más a las del Ayatollah Khomeini que a las del farsante Behe. Yo te creía una persona inteligente. Te creía una persona con poder de análisis, investigador. Ahora veo que me equivoqué. No eres más que un copiador sectario. Un conspirador de textos de alcantarilla. Hablas de los grandes asesinos del siglo pasado e ignoras los siglos precedentes.
Entonces me mandas un e-mail en el que me instas a convencerte. ¿Convencerte? Lo único que puedo es darte garantías de que he perdido todo el respeto que tenía por tus opiniones. ¿Sabías que Osama Bin-Laden cree en el “Diseño Inteligente” de tu amigo Behe, pero que su divino diseñador no es judeocristiano y quiere hacernos a todos musulmanes a fuerza de partos (nada de abortos) y con una nariz un tanto jorobada? ¿Cómo puede convencerse a un insospechado fundamentalista religioso como Servando González? Creí que estabas lo suficientemente instruido para no necesitar de Dios, pero si lo que necesitas es confort, te dejo entonces con tu placebo inteligentemente diseñado. Ah, y la tarea de convencerte se la doy entonces a Dawkins: “ The true scientist, however passionately he may “believe”, in evolution for example, knows exactly what would change his mind: evidence! The fundamentalist knows that nothing will.”
Carlos Wotzkow
Este artículo es una respuesta al texto de Servando González intitulado “Darwinism's Green Box” ( http://www.intelinet.org/sg_site/ ). El autor autoriza la reproducción de este texto en cualquier website, excepto en www.servandogonzalez.org . El descrédito volitivo debe ser también una opción libre a elegir.
EL FUNDAMENTALISMO ¿INTELIGENTE? DE SERVANDO GONZALEZ
Antes de comenzar, primero quiero cumplir con un deseo de Servando González. En su último e-mail (y espero sea el último) me pedía: “cuando envíes a tus contactos tu respuesta (acompañada de mí artículo, pues si no, no sabrán a qué te refieres) te ruego le informes a tus contactos que yo pienso escribir una contra-respuesta.” Cumplido entonces el pedido, me sorprende sobremanera verme redactando un documento que sólo yo he visto nacer, y que antes de haberse publicado, ya tenga otro artículo que se le opondrá. Dura premisa esa de intentar convencer a un fundamentalista religioso. Esta postura de Servando González demuestra dos cosas: (1) que él no ha estudiado y por ende no sabe una jota de la evolución por selección gradual y (2) que su intelecto en esta materia se basa en argumentos empantanados en su propia incredulidad.