



En la más reciente edición del semanario cultural oficialista La Jiribilla (editado en Cuba, se entiende), aparece el texto Pronunciamiento del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) con el título Defensa concreta de la política cultural de la Revolución, “ Texto final leído por Miguel Barnet en el Consejo Nacional de la UNEAC el 13 de enero de 2010”.
El destacado escritor cubano Miguel Barnet, hoy Presidente de la UNEAC, afirma en esas líneas:
“El resultado de trabajo del año 2009, que acabo de exponer en síntesis, demuestra con acciones una defensa concreta de la política cultural de la Revolución. Política que nos guía en su acepción cabal: la de lograr un ser
humano cuya cultura sea su forma orgánica de interpretar la vida y que ella le otorgue la más alta dignidad, riqueza espiritual, plenitud e identidad”.
En realidad, no sé qué quiere reafirmar el exponente al adjetivar “concreta”; debemos suponer que hay defensas que no lo son… Tal vez…, como esta misma que él expresa… suficientemente abstracta en mi opinión. Creo, asimismo, que para lograr un ser humano con la cultura que Barnet demanda, es imprescindible la ausencia de censura, el derecho a la libre información, a la libre expresión, al acceso a lo mejor y peor de las culturas de otras regiones. Nada de esto existe en Cuba. Barnet lo sabe, pero lo omite. Miente.
“Política cultural de la Revolución, trazada por Fidel que debemos seguir desarrollando en la teoría y en la práctica”.
Pobre país, según el Presidente de la UNEAC todavía hay que seguir la política trazada por Fidel Castro, inmutable desde que la “trazara” en 1961.Nada de dialéctica, lo mismo: “Con la revolución todo; contra la revolución nada”. Si esta política no fuera tan cruel “en la teoría y en la práctica”, ya aburriría o daría risa. Barnet lo sabe, es un hombre profundamente inteligente. Miente.
“Política cultural que reafirmamos hoy en medio de una enorme crisis mundial capitalista que afecta al ser humano, a su hábitat y, por supuesto, llega a nosotros”.
Miguel Barnet, un viajero impenitente y un lector incansable, está consciente de ello: la crisis “capitalista” no es mundial”, y lo de “enorme” va disminuyendo en las zonas más afectadas. Y sabe que el capitalismo ha tenido, y tendrá, sus crisis cíclicas; pero la crisis del comunismo fue y es permanente. Y esto lo sabe todo el mundo: en cuanto a lo político, la crisis del llamado socialismo real no tiene parangón: desapareció –este sistema, digo– en casi todo el mundo, un casi pequeñito: sólo sobreviven, apoyados en el terror, un trío de dictadores comunistas; uno en Cuba, otro Corea, en China el otro. Miente.
“Política cultural que defendemos frente a cualquier tendencia economicista o desideologizadora que pueda acunarse como resultante de la crisis mundial, de contradicciones internas o de lecturas simplistas. Porque solo el cumplimiento de esa política antidogmática e inclusiva será garantía del verdadero socialismo y de la calidad de nuestra vida, como depositarios y salvaguarda de la memoria colectiva, y de nuestros principios éticos fundacionales”.
No puede estar al margen del Presidente de la UNEAC de que en casi todas las regiones del mundo hay tendencias “economicistas”, y que para enfrentarlas están, entre otros, los artistas, los poetas, los creadores en general y eso que llaman “fuerzas vivas”. Si no hay tendencias economicistas no hay reacción contraria; y lo peor de una sociedad es que no existan fuerzas contrarias o que éstas no puedan manifestarse; así, la sociedad se anquilosa, se convierte en terreno raso, es el caso de Cuba.
Afirma el laureado escritor que la política de Cuba, o de la cultura cubana, o de la UNEAC, es antidogmática. Yo quisiera entender en estas líneas, más bien, un reclamo para que así fuese. Porque sabe el Barnet que el ideario (si así le puede llamar) del régimen existente en Cuba es el dogma pétreo y, para nada, inclusivo. Y sabe, además, que si este dogma y este obrar excluyente desapareciese, desaparecería asimismo el socialismo“verdadero”. Entre “los principios éticos fundacionales” deberían estar aquellos llamamientos de José Martí acerca de una sociedad incluyente, donde las minorías tuvieran tantos derechos como los demás componentes de la sociedad. Barnet lo sabe. Miente.
“La UNEAC rechaza los intentos de la contrarrevolución interna de usar los espacios de la cultura para legitimarse y buscar resonancia mediática. Nuestra organización es y será siempre el ámbito de los escritores y artistas revolucionarios cubanos”.
Nada que hacer. Sólo “los escritores y artistas revolucionarios cubanos” tienen derecho a pertenecer al “ámbito” de la UNEAC. Pero no, no existe el dogma, y es inclusiva la UNEAC, expresa antes. Así lo vemos: sólo los “escritores y artistas revolucionarios cubanos”[que habitan en Cuba, debemos inferir] tienen derecho a “legitimarse y buscar resonancia mediática”.
“Para finalizar quiero expresar a nombre de nuestra organización el rechazo más categórico a la inclusión de Cuba por EE.UU. en la lista de gobiernos terroristas del planeta, cuando es nuestro pueblo quien ha sido víctima durante 50 años de un implacable terrorismo de estado de ese mismo país”.
“Propongo esto como un pronunciamiento de nuestro Consejo Nacional”.
Que se sepa, el gobierno de Cuba no ha llevado a cabo acciones terroristas, activas, en ninguna parte; pero sí ha dado refugio a miembros de organizaciones terroristas. Y estoy de acuerdo: Cuba ha sido víctima en múltiples ocasiones de hechos terroristas, que no han logrado otra cosa que fortalecer al régimen dictatorial.
En fin, yo no creo –aunque parezca una contradicción – que sea el propio Miguel Barnet quien mienta en esta Declaración: sólo ha dicho las palabras de otro, las que están escritas en una plataforma caduca. No le doy el beneficio de la duda, le doy más: “Hay un punto del cual no hay regreso, y ese punto puede ser alcanzado”, Franz Kafka.
