democrática paga una especie de tributo a la memoria colectiva de la humanidad porque la crueldad de los actos cometidos en ese país entre 1933 y 1945 fueron de una magnitud que escapa al sentido común.
En Cuba. Raúl Castro sabe perfectamente que el régimen que ellos edificaron se pasó de rosca.
Sus generales encomenderos, Fidel y él creyeron que la fiesta duraría 1,000 años (igual mal padeció Hitler) y, de hecho, nunca tuvieron la prudencia de poner en perspectiva la acción pública por lo que se hundieron en una especie de esquizofrenia, cuyo resultado político fundamental es que hoy, Raúl y sus alabarderos están atrapados en una nasa de la cual sólo Dios sabe cómo saldrán.
De ahí, la justificación de mantener encerrados a los 300 rehenes políticos en las cárceles cubanas y de ahí que tal y como ocurrió en la Alemania nazi, la Universidad es sólo para los "revolucionarios".
Desde la U.M.A.P hasta que se produzca el último acto de repudio en tierra cubana, el almanaque no dejará de contar los días al mismo tiempo que los corazones seguirán apabullándose en un ajiaco de rencores y ello, aunque nos desgaznatemos pidiendo una reconciliación nacional que nos libre de la guerra civil y de la venganza.
La realidad es que --como ha ocurrido en la Europa-- pasarán largos decenios antes de que los cubanos volvamos a vivir en un país psicológicamente más o menos normal ya que el ron, las mulatas, la pachanga y el chisme como deporte nacional no impedirán (ni impiden) que seamos un pueblo de gente entristecida y el amable lector constatará que los cubanos vivimos, como nación, ante la misma calamidad sufrida por el pueblo alemán. Esa calamidad tiene un nombre: la tiranía de una facción.
Si bien el ropaje y los tiempos son diferentes, la metodología es la misma y los estragos también, a tal punto que si nos remitimos a los archivos desclasificados de la STASI constataremos que la identidad y la procedencia de tal o tal compañero instructor de la para-siempre-difunta-R.D.A lo relacionan monstruosamente con los servicios de inteligencia y con la Gestapo de Adolfo Hitler.
Es una realidad histórica afirmar de que la escuela que facilitó el control liberticida y científico de la población cubana por parte del castrofascismo es hija de lo más abyecto que la humanidad haya vivido en los tiempos modernos: el nacionalsocialismo alemán.
Ruego. Como los cubanos no tenemos nada que ver con el dinero que el castrofascismo debe al mundo ni con los éxodos potenciales hacia EEUU sería prudente que el gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero, la Unión Europea y los servicios ocultos de Estados Unidos se dejen de hacer maromas ya que hoy, la verdad sobre el futuro de Cuba depende de la fuerza que tome el esperado y ya cercano bembé. (Si usted no sabe lo que es un bembé pues averígüelo y ya verá...).
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