



LA DISIDENCIA, EL GLOBO DE CANTOLLA Y MATIAS PEREZ
"La disidencia, sin duda alguna, hijastra del socialismo, tuvo su momento estelar con un ex comunista de carnet y muchos de sus antiguos colegas en el PSP, que vieron “la luz” como diría un masón o que tras aprender tácticas de lucha en sus años partidistas las pusieron en práctica en su pelea contra sus demonios particulares y generales"..
Por Roberto A. Solera
Siempre he admirado a los artifices de la palabra. Aquéllos que con una palabra hieren mortalmente a su contrario y que claramente explican por qué son los que son, si han cambiado o si siguen siendo los de siempre.
No obstante como dice el dicho “al mejor escribano se le va un borrón” y al cometerlo queda como el Rey desnudo “en busca de la camisa del hombre feliz”.
La lucha siempre tiene que ser concreta, con metas bien claras y tras un análisis que diga fehacientemente si hay posibilidad de éxito. De otro modo, sólo es una quimera, o como diría un viejo amigo --lamentablemente de las filas de la Juventud Socialista-- se convierte en “onanismo mental”, fútil y que sólo sirve como entretenimiento para los que tienen tiempo de ocio y vocación masoquista.
En Cuba había políticos y “politiqueros”. Los primeros escasos, los segundos abundaban y abundan como la verdolaga. La disidencia, sin duda alguna, hijastra del socialismo, tuvo su momento estelar con un ex comunista de carnet y muchos de sus antiguos colegas en el PSP, que vieron “la luz” como diría un masón o que tras aprender tácticas de lucha en sus años partidistas las pusieron en práctica en su pelea contra sus demonios particulares y generales.
Muchos creyeron contar con el apoyo de autoridades de alto nivel en el MININT o entre los dirigentes descontentos con lo que veían como intrusismo de aventureros pequeño-burgueses encabezados por el Máximo Tartufo.
A su vez, el gobierno de Fidel Castro aprovechó la ocasión para descabezar, poner en prisión o fusilar a aquéllos que se le oponían, no por ser socialista sino por ser quien era, un Tirano, que se encubria en un conveniente manto que de moda tenía atractivo –transitorio-- pero aún así atractivo, entre los descontentos con lo que era Cuba pre-59.
En todos los bandos hay idealistas -–aún entre los materialistas— y también gente despreciable. La bandera no es un sayo para ocultar las más bajas pasiones. Ni tampoco ser de uno u otro bando es garantía de honradez, estoicismo ni de amor a la Patria. Diria que el amor a la patria no tiene un nicho único ni es exclusivo de ningún partido político, secta religiosa u orientación filosófica y política. Hay más de un camino a Roma, no sólo la Vía Apia. Casi todos los que militaron, posiblemente lo hicieron por pensar que su aporte seria fructífero y así ayudarían a mejorar lo que ya había y que no había necesidad de cambiar. Eran libres de mente y pensaban con cabeza propia o simplemente estaban equivocados honradamente. Unos pelearon de un lado y otros pelearon del otro. Su pasado lo llevan orgullosamente enarbolando sus ideales hoy como los enarbolaron ayer del otro bando. Al no tener telarañas en el cerebro fueron capaces de tomar el difícil, desconocido y doloroso camino del exilio político, dejando jirones de su alma en la estacada y echando por la borda sus viejos ideales, y amargados se abstuvieron de participar –y se abstienen— en los quiméricos planes de otros que los sustituyeron allí y aquí.
Cínicos, si se quiere, no echaron su cuarto de espadas en un convulso mundo que al igual que niebla impide ver con claridad el camino correcto. Sólo la estupidez, idiotez y soberbia de muchos los impulsaron a quebrar viejas amistades, luchas pasadas, sacrificios múltiples y lanzarse al vacío en busca de aire puro para poder respirar la libertad anhelada por la que habían luchado desde siempre. Hay un abismo entre los que dicen haber olvidado el pasado -– como si a ellos no hubiera que perdonarles sus propios pecados— y los que no participan pues no creen en planes quiméricos, insulsos y carentes de lógica.
Plantean un diálogo con un mudo a propósito, y sordo por conveniencia, que les deja hacer por saber que son totalmente inofensivos y se acuerda de “jueguen con la cadena pero dejen tranquilo al mono”.
Oswaldo Payá, sin duda arriesgando –no se qué, pero arriesgando—no admite ni crítica ni interpelación alguna y según las malas lenguas es “altanero, soberbio, autosuficiente”.
No tuvo mucho éxito popular en su último viaje a la Florida donde se pavoneó y excluyó a quienes él o sus acólitos quisieron de las reuniones en la Ermita de la Caridad del Cobre. No obstante, hay que reconocerle sus méritos de lucha y yo soy el primero en hacerlo, aunque ni comulgue con su filosofia politica de diálogo ni su filosofia religiosa.
Por otro lado, “el otro cuarto se alquila” y con un enfoque más inteligente se convoca a hacer renacer la Sociedad Civil como Ave Fénix y en la creencia de que ésta, de un modo maravilloso y mágico traerá la libertad. Olvidan que hay sociedad civil donde hay libertad política, religiosa, comercial y cualquier otra que se quiera pensar. ?¡Y no al revés! Ahora hay disputa partidista aunque se quiera hacer parecer que no la hay, pues los antiguos enemigos todavía lo son, y que al igual que en un viejo fuego, “donde hubo fuego rescoldos quedan”.
Se preguntan muchos por qué no se quiere ni discutir el famoso plan de Payá. Simplemente porque en su meollo lleva la semilla de un árbol caduco, carcomido y del cual cualquiera desconfia. Le da participación de envergadura a los viejos comunistas –los de hoy y los de ayer--, les deja a los que se han aprovechado de una supuesta “piñata”a priori todo lo mal adquirido, deja los medios de comunicación en manos gobiernistas –de cualquier signo—y múltiples y muy variadas lindezas. Por eso muchos –entre ellos yo—no quieren ni discutirlo. Es un documento insultante tras 46 años de desafueros y desatinos que han llevado a Cuba a un nivel en el cual no quisieran vivir ni los siboneyes, taínos o los propios conquistadores españoles. En una palabra, es un insulto a la inteligencia el consabido documento.
Por otro lado las desconfianzas son mutuas entre los de la Sociedad Civil, los del Diálogo Nacional y los que no participan en ninguna de las dos opciones por considerarlas quiméricas, infladas más alla de su dimensión y sólo tribunas para entretener a un exilio cansado, que ansía hallar una solución rápida a los problemas de Cuba y los cubanos, allí y allá. Se preguntan porqué el exilio desconfía del bendito plan: sencillo entre sus planteamientos está sentar precedente de exclusión al Exilio –¿por qué??—liberar a los presos políticos con apellido –violentos o no—y otras lindezas.
Los que insisten en el dialogo debían aprender de Joaquín de la Cantolla y Rico, primer aeronauta mexicano, famoso por su Globo de Cantolla, “pues para elaborar un globo de cantolla se requiere de un gran trabajo en equipo tanto para su elaboración como para hacer que se eleve”. “Cantolla, el aeronauta de sombrero alto de seda y copa, a quien la pasión del miedo lo hizo realizar sus numerosas ascensiones en el parchado globo de tafetán que solía bajarlo, ya sin gas, en alguno de los llanos que rodeaban a la ciudad capital. Descensos, por cierto, que lo dejaron tan contuso como un Cristo de vitral”.
Si no lo hacen les pudiera pasar como a Matías Pérez, otro famoso “globero” que se elevó para luego desaparecer y no saberse nunca más de él.