



una semilla al suelo de ahi salia la alimentación futura No había animales feroces ni dañinos, lo que hacía aún más placentera y feliz la vida diaria de sus primeros habitantes. Unos grupos de indigenas se habían desplazado al Oeste ante una civilizacion más avanzada, la Taina. Y éstos a su vez hacían lo mismo ante el empuje de los Caribes provenientes de las islitas al sur de Cuba y que siendo oriundos de tierra firme en lo que hoy se conoce como América del Sur, se abrian paso ferozmente en busca de mejores oportunidades, antes de llegar los descubridores seguidores de Cristobal Colón.
Sabido es lo feroz que puede ser el hombre ante un semejante más pacífico, débil o menos aguerrido por lo que los españoles dominaron en poco tiempo a los naturales del país, a sangre y fuego, con sus armas más novedosas y efectivas –los arcabuces, sus lanzas y espadas de metal--. Los pacíficos indios no soportaban el mal trato y se suicidaban o huían en masa al monte ante los sufrimientos que los conquistadores les inflingían, a los que no estaban acostumbrados, al verse obligados a trabajar horas interminables en minas –en busca de un precioso metal, el oro, que nunca hallaron en abundancia en Cuba.
Es conocida la anécdota de indios que huían al mar y acogiéndose a una costumbre –popularmente divulgada, sea veridica o no—gritaban “Cogí mar”, con lo que presuntamente quedaban a salvo de la furia de los conquistadores y daban lugar a un lugar que aún hoy existe con una grafía distinta, Cojímar.
Hasta una provincia se ganó el nombre –gracias a las matanzas de indigenas—Matanzas.
Durante años la vida en Cuba, quedó en suspenso y como que se detuvo, pues sus únicos pobladores eran pocos –emigraban a Nueva España –México—en busca de riquezas inmediatas que los sacaran de su posición de segundones en su natal España.
Al casi extinguirse los indios, se importaron negros africanos, vendidos en esclavitud por sus congéneres en guerras tribales o capturados en sus regiones en Africa, para sustituir a éstos. Posteriormente se contrataron chinos –en casi estado de esclavitud—ya avanzados los siglos.
Temprano comenzó Cuba a luchar por su independencia de España y en el transcurso, la violencia se enraizó en el alma del cubano –los criollos y los reyollos—e igualmente en la de los españoles peninsulares que veían a Cuba como la “Fiel Isla de Cuba”—y como la última joya de la Corona.
A un pueblo y a una nación mejor se les conoce a través de la microhistoria que narra el diario acontecer de sus hijos y su particular visión de hechos que no han sido objeto de cronistas y no por esto dejan de ser importantes para conocer al detalle y por los ojos de quienes los vivieron, qué acontecía en una época determinada. Qué pensaban y sentían aquéllos que sólo eran un hilo en la urdimbre del tejido de la nación que los vió nacer, los acogió como madre amorosa y que fue marco de sus vidas con regocijos, penas y glorias.
Los historiadores serios, disciplinados y que quieren llegar a la verdad con base en los hechos más relevantes que -–supuestamente—explican el origen del comportamiento de los pueblos hurgan en viejos papeles y en el relato oral de aquéllos que vieron, o dicen que lo hicieron, --los testigos de una época. Pero usualmente, ahi se detiene su investigación pues no tienen informes de primera mano de lo ocurrido y se ven obligados a confiar en sus fuentes para reconstruir la historia pues ellos mismos no fueron testigos de épocas pretéritas. Eso dificulta su labor y la certeza de las afirmaciones de sus testigos, escritos u orales. Buscan en tiempos cuando los investigadores no existían y esto les limita el conocimiento real de gentes, países y épocas.
No vine al mundo hasta 1932 y aún cuando teóricamente debiera conocer lo ocurrido en mi entorno en esos años, hechos fortuitos y ajenos a la voluntad de uno hacen que el análisis comience años después, cuando uno ya está en lo que muchos conocen como “tener uso de razón”, que es una forma de decir que el testigo está -–limitadamente— en capacidad de analizar y de ser relator de los hechos a su alrededor.
La Historia -–asi con mayúscula, como debe ser— necesita ser recogida a riesgo de que se pierdan u olviden los aconteceres. Esta disciplina –que es tan exacta y veridica como sus relatores—permite a generaciones futuras posteriores hacerse un bosquejo bastante acertado aunque nunca completamente nítido de causas, orígenes, razones y consecuencias de los acontecimientos que le dan perfil a años pretéritos, vistos a la luz de sus contemporáneos e interpretados con la visión y lógica de cuando éstos vivieron. Si uno se ata a los relatos de hechos pasados y pretende entenderlos a la luz de la época en la cual los estudia se corre el riesgo de tergiversarlos, aunque no se haga a sabiendas y con mala intención. Por eso es tan importante ver la Historia a través de los ojos de los relatores, con sus defectos, mucha o poco información o mucha o pocas luces que los testigos tengan.
Aún el más modesto trabajo sobre esta disciplina –este es un ejemplo—hace su aporte al cuadro total o casi total al que se puede llegar uniendo las diversas facetas que ofrecen todos aquéllos que se empeñan en conservar hechos que de otro modo pronto serían olvidados por generaciones posteriores.
Lo que integra este libro es una recopilación de recuerdos dispersos de la vida del autor cuando llega ya casi al fin de su jornada en este planeta Tierra. Son viñetas que pueden resultar simpáticas o no – depende de la habilidad del escritor y de la receptividad del lector que se ve expuesto a ellas—pero cuyo objeto primordial es proyectar luz a hechos cotidianos que yacen hacinados en rincones, como en aquellos famosos programas radiales de la década de los 40-- “El Rastro del Olvido” o “El Alma de las Cosas— que tomando como excusa hechos triviales y objetos de uso diario trataban de narrar eventos ocurridos que supuestamente las “cosas” recordaban con su peculiar enfoque para disfrute del radioescucha de la Cuba contemporánea.
Una segunda parte es recopilación de artículos periodísticos publicados en la prensa en español de los EEUU, fundamentalmente relativos a Cuba y a su triste historia política posterior a 1933, primer hito moderno de los movimientos politicos sociales que aún hoy hostigan a Cuba y a sus hijos, tanto en tierra cubana como en los confines del mundo donde han ido a dar aquéllos que prefirieron no tener Patria que tener Amo.
Muchos estudiosos dividen la Historia de Cuba someramente, en lo relativo a su independencia política durante la Colonia y tras su independencia de la Metropolis, España. No es asi. Sin entrar a analizar las épocas cuando Cuba no era independiente y si Colonia española sujeta a la arbitrariedad de sus distintos Capitanes Generales, fueran éstos Tacón, Someruelos o Weyler, Cuba ha vivido por lo menos en su época republicana, tres claras y distintas repúblicas.
La de los “Generales y Doctores” como la llamó el escritor Carlos Loveira Chirino autor de la novela de igual nombre en 1920 y de otras más (Los ciegos (1922), La última lección (1924), y Juan Criollo (1927).
La segunda República de “Militares y Revolucionarios” que abarca de 1933 a 1959 y la actual y Tercera república, “la de Traidores y Tiranos”.
En la primera los “Generales” –José M. Gómez, Mario García Menocal—y los “Doctores”, Tomás Estrada Palma, Alfredo Zayas Alfonso—se repartieron el poder.
En la segunda convulsionada por militares y revolucionarios de uno y otro signo, monopolizaron el dominio público Fulgencio Batista Zaldivar y Ramón Grau San Martin y su heredero Carlos Prío Socarrás.
La Tercera es la actual donde un revolucionario devenido dictador y autodefinido marxista-leninista aún “gobierna” con su claque a Cuba.
La primera República fue heredera de la aristocracia del azúcar de épocas coloniales, la Segunda le arrebató el poder disfrutándolo los niveles más bajos del estamento militar, políticos de inclinación “fascista” y estudiantes, unos más de izquierda que otros y mayormente de clase media.
La Tercera dio paso a los desposeídos de la ciudad y el campo -–claro eso cambió con el tiempo que todo lo transforma—siguiendo los pasos a un lider proveniente de una familia terrateniente de origen español -–gallega por más señas-- que a golpe de machete se hizo de una fortuna aunque no aunó cultura a su poder economico, que por gobernar sin fin vendió su alma al Diablo ayer –la difunta URSS—y pretende repetir su historia vendiéndola hoy al Tte. Coronel Hugo Chávez Frías, aspirante a Tirano de Venezuela.
Dentro del ámbito de la Segunda república de “Militares y Estudiantes” puede fácilmente vislumbrarse la fragmentación ideologica que vivía Cuba en esa época. Se dirimían las diferencias y las ambiciones de poder con bombas, atentados y enfrentamientos militares que produjeron las masacres del Hotel Nacional -–refugio de los oficiales desplazados de sus mandos y el poder, herencia del Machadato--, del Castillo de Atarés, último refugio de los sublevados contra el régimen Batista-Grau-Guiteras, donde murieron inutilmente cientos de cubanos y -–en ambos casos— se libro una verdadera Guerra -–con el uso de cañones, fragatas navales y armas de todos los calibres donde murieron vilmente asesinados patriotas sin clara concepción ideológica, como el “Coronel” Blas Hernández.
Como resaca de estos conflictos, tras la ascensión electoral al poder del Coronel Fulgencio Batista dejaron ver sus rostros los revolucionarios-delincuentes que se habian formado en los 30s, tanto en las luchas revolucionarias de esta década como de los remanentes de la participacion cubana en la Guerra Civil Española de 1935-39. Surgieron la Joven Cuba, luego Acción Revolucionaria Guiteras (ARG) tras la muerte violenta en 1935 de Antonio Guiteras Holmes, en el Morrillo, Matanzas.
El Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), capitaneado por Rolando Masferrer y Julio y Mario Salabarría, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) de Emilio Tró, ATOM, de Ernesto de la Fé.
En su lucha política terrorista, en busca de justicia para los desmanes de Batista o los casi olvidados de Gerardo Machado, estos grupos devinieron en pandillas gangsteriles, también asociadas a los “bonches” universitarios, que dominaban a punta de pistolas la Colina Universitaria y varios centros estudiantiles, en particular el Instituto de Segunda Enseñanza No. 1 de La Habana, donde morirían asesinados Ramiro Valdés Daussá…y más tarde en 1947, Manolo Castro, el ex dirigente estudiantil universitario, ex Director de Deportes y forjador de la frustrada invasión de Cayo Confites a República Dominicana. De ahí surgirian los actores, tras el golpe de estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, de la insurrección generalizada que daría paso a la Tercera República.
Ya dentro de la Tercera República, herencia inicial de la Segunda, ésta siguió en su etapa primaria como república democratica-burguesa –encubiertamente socialista-democrática como lo habia sido antes en el periodo 1933-1959. Este hecho facilitó la aceptación por la mayoría de las medidas implantadas por la revolución triunfante en 1959.
En gran medida éstas seguían la pauta trazada por la Constitución de 1940 que había sido redactada bajo consenso por todo el abanico político cubano desde machadistas a comunistas, donde convivían todas las ideas políticas, con ciertas limitaciones, que preservaban la integridad del sistema político basado en la libre empresa, con matices prestados de diversas ideas políticas, contradictorias en su filosofía.
La etapa inicial democratico-burguesa fenece formalmente en abril de 1961 con la proclamación por Fidel Castro del carácter socialista de la revolución, en vísperas del ataque por opositores a su férula gubernamental en Bahía Cochinos/Playa Girón, aunque ya era un secreto a voces la infiltración de los comunistas en su gobierno y la exclusión y posterior persecución de muchos de los que habian luchado por devolver la democracia a Cuba.
La “revolución socialista” devino en nueva dictadura/tiranía personal de Fidel Castro y en espiral destructivo se transformó en coto personal del grupo en el poder seguidor del nuevo “hombre fuerte” que como nuevo Calígula ha llevado a Cuba por el sendero de su destrucción como nación, dando tumbos con el apoyo de la URSS y del así llamado Campo Socialista de Europa del Este por rumbos que nunca había transitado en su historia, como la intervención, primero encubierta con la imagen de guerrilleros que luchaban contra la injusticia social, luego en forma descubierta combatiendo en múltiples lugares, como Angola, Etiopía, Eritrea, el Cuerno de Africa, el Oriente Medio y en sitios tan lejanos como Camboya y Viet-Nam.
La Cuarta Republica cubana aún no ha dado sus primeros vagidos pero ya se vislumbra su nacimiento que es visto con esperanzas, tanto por los viejos asi como los nuevos miembros de una comunidad cubana, hoy dispersa por el globo terráqueo, donde ha dado muestras de su resistencia moral, física y económica.
¡Ya veremos! La antologia de la segunda parte pretende dar visión de conjunto de la lucha que aún hoy se lleva a cabo para liberar a nuestra Patria y devolverla al ámbito de la civilización occidental -–que no es perfecta, eso es sabido—pero que le ofrece al hombre de a pie el disfrute de sus “quince minutos” como acotaba Andy Warhol.
*Robert A. Solera, is a Cuban writer, journalist and Editor forCubaenelmundo.com. He is the author of Cuba: Viaje al Pasado and editor and coauthor of Cuba en el Recuerdo, by Alberto de Castro Gillespie. Furthermore he was an news editor for El Nuevo Herald and former translator of Newsweek in Spanish, e-mail: nellsol.yahoo.com.

Si difícil es mostrar el rostro de alguien a quien uno conoce profundamente, más difícil es la tarea de hacer una vivisección a un país. Y si ese país es Cuba, la tarea se hace ciclópea, enorme, casi una tarea digna de Atlas. El peso de la responsabilidad sobre los débiles hombros de un mísero mortal, abruma.
Cuba es país en convulsión casi continua. Lo ha sido a través de su historia –escrita o no—y se remonta a los bondadosos primeros pobladores, guanatabeyes, taínos los que al abundar las riquezas en la feraz tierra de lo que sería Cubanacán, Juana y por último Cuba no hallaban motivo para pelear, pues eran pocos y Cuba era amplia, boscosa, fértil y casi al tirar
PROLOGO DEL LIBRO "EN EL JARDIN DE MIS RECUERDOS"-- Copyright, Robert A. Solera