

Húngaro, el Imperio Alemán pagó en tierras sus ambiciones, se desmembró el Imperio Otomano y se sembraron las semillas de una futura conflagración, que aún hoy amenaza al mundo, tras librarse múltiples guerras locales, unas veces con alguna base filosófica-ideológica como la de Rusia y sus demás integrantes del Imperio Ruso y otras que escondían su fea cara en reivindicaciones de todo tipo.
Cuba no podía estar exenta de eso, aunque los cubanos posiblemente se veían como ajenos al “tira y encoge” mundial.
El gobierno de Machado habia agotado su copioso capital politico con sus abusos policiales y con su politica de todo para la Capital -–el enano cabezón, que ha dominado por años el desarrollo de Cuba en todas las épocas.
El gobierno de Machado -–que no fue la excepcion a la regla-– liquidaba por la fuerza a algunos opositores obstinados como Armando André, muerto a la puerta de su casa, y dominaba paulatinamente la vida política cubana, que con su gobierno finalizaría la época de “los Generales y Doctores”, que había mencionado en su novela, Carlos Loveira. [Esta novela que ocurre en la primera década del siglo XX, es la disección de la sociedad cubana de la época, plagada con la corrupción y la intriga política. Mediante bien dibujados personajes, el autor Carlos Loveira (1881-1928) pinta un retrato de la sociedad cubana frustrada en sus deseos de independencia por la intervención americana.[Traducción del Autor]
Ya en 1925 Julio Antonio Mella [Nicanor McPartland] junto a Carlos Baliño había fundado el minúsculo Partido Comunista de Cuba y tras ser expulsado de la Universidad de la Habana acusado de terrorista partió a México, donde moriría asesinado años más tarde. Del crimen se ha acusado a Machado aunque es probable que fuera un ajuste de cuentas del Partido Comunista, que lo acusaba de troskista o solamente un crimen pasional donde se disputada su relación amorosa con Tina Modotti, fotógrafa y activista comunista, con la cual tenía relaciones íntimas.

A su vez el Presidente Grau San Martín con Antonio Guiteras Holmes como su Secretario de Gobernación implantó en su gobierno de los 100 días, diversas leyes populares como la Jornada de Ocho Horas de labor, la Ley del 50% por la cual los trabajos tenían que ser ocupados por un mínimo del 50% por cubanos, el voto femenino, la derogación de la Enmienda Platt como resultado del desconocimiento de la Constitución de 1901 -–puesta en vigor por Machado un mes antes-– que tenía como apéndice la Enmienda. Durante el gobierno de Mendieta se hizo oficial en 1934, la derogación de la Enmienda Platt que ya Grau había rechazado y sus delegados denunciado en la Conferencia de Montevideo.

El candidato a la presidencia apoyado por Batista, Carlos Saladrigas, fue incluso a las elecciones de 1944 bajo la Coalición Socialista Democrática, tras haberlo hecho el propio Batista ya en 1940 después la aprobación de la Constitución de 1940 en la que participaron todos los sectores del espectro político cubano y donde jugaron un papel destacado unos y otros. Esto se acentuó más y más con el gobierno constitucional de Batista 1940-1944 donde incluso hubo más de un miembro del Partido comunista en el gobierno [Carlos Rafael Rodriguez, Juan Marinello, Edith Garcia Buchaca] los que trataban de inclinar la balanza ideológica más y más hacia la izquierda. La Constitución de 1940 reconocía el derecho de los campesinos a la tierra y la abolición del latifundio y otras medidas de izquierda, pero el pueblo cubano ya no se asustaba con la palabra socialismo, pues incluso Lázaro Peña (izq.) y su Partido Socialista Popular habían recibido de Batista la Confederación de Trabajadores de Cuba y la radio 1010, al tiempo que publicaban Noticias de Hoy, organo del Partido, que devineron en poderosas herramientas ideológicas y políticas dentro del movimiento obrero.
Los lodos de los abusos cometidos por unos y otros, desde Machado pasando por Batista a Grau y Prío, que arrastraban los conceptos “revolucionarios” y la justicia popular hicieron que hubiera movimientos “revolucionarios” que pedían justicia popular y que se encubrían con un manto progresista, como la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), el MSR o Movimiento Socialista Revolucionario, la Asociación Revolucionaria Guiteras (ARG), el ATOM, de Ernesto de la Fé y otros.
Estos movimientos social-revolucionarios clamaban por la justicia a los “esbirros” de Machado y Batista y los gobiernos Auténticos no hallaron nada más oportuno -–conjuntamente con los políticos al uso— de utilizarlos como “arietes” violentos para sus fines electorales. Muchos de los integrantes de estos grupos pandillero-revolucionarios participaron en la Guerra Civil Española y volvieron a Cuba tras el fin de la misma con poco o ningún respeto por la vida humana y por un modo de vida pacífico, productivo y legal.
Al ocurrir el 10 de marzo -–el Golpe de Estado que acuerpó Batista— los viejos rescoldos violentos volvieron a cobrar vigor.
Se hicieron común las antiguas prácticas de la época de Machado y Batista, de los petardos, las “patas de elefante” los atentados políticos y personales, que muchas veces habían anidado en la Universidad con los “bonches” universitarios y las guerras de grupos. El pueblo cubano lo llegó a ver con naturalidad y sin mucho énfasis en la paz y el derecho a la vida de sus ciudadanos.
Al llegar al poder el gobierno revolucionario en 1959, ya el terreno estaba abonado por casi 30 años de violencia callejera y política. Las medidas revolucionarias --fueran éstas la Ley de Alquileres –remedo de la Reforma Urbana que predicaba Proudhon y que Engels criticó en 'Sobre la Reforma Urbana', la ley de Reforma Agraria o el grito antiimperialista contra los EU, se vieron como una cosa “déjà vu” y se aceptaron gustosamente por unos y otros.
Los fusilamientos –-o ajusticiamentos— de los supuestos esbirros de Batista, que habían sido pregonados a todos los vientos se vieron como algo normal, no obstante que la Constitución de 1940 había abolido la pena de muerte -–común hasta 1940 con el garrote vil—y por esos caminos se llegó a la proclamación del comunismo por parte de Fidel --socialismo le llamó eufemísticamente en 1961 el 'máximo líder'.
Ya estaba puesta la mesa. Lo demás es historia.
Por Robert A. Solera, octubre 14
Cuba se encontraba en una crisis política y económica de gran envergadura al iniciarse la década de 1930.
Ya habían quedado atrás las “vacas gordas” y la posterior época de las “vacas flacas”, con el desplome del precio del azúcar, casi repentinamente. La primera había dado lugar a hermosas y fastuosas residencias, sobre todo en el Vedado, que en ese momento hacía honor a su nombre y la segunda producido un hambre generalizada, sobre todo, por supuesto, en las capas más pobres y destituidas de los cubanos.
Se gestaban movimientos sociales considerables en potencia, aunque no en número de sus gestores, que continuamente llevaban al enfrentamiento de grupos de la sociedad cubana con el gobierno del General de Brigada Gerardo Machado Morales, el que en su primera etapa había salido electo arrolladoramente e iniciado obras públicas de consideración, el Palacio Presidencial, la Escalinata de la Universidad de La Habana y sus obras cumbres, el Capitolio y la Carretera Central, y quien intentó en forma incipiente industrializar a la nación, no siempre con el beneplácito de los gobiernos extranjeros –sobre todo el de Estados Unidos – que olfateaban una rivalidad en gestión en el área industrial y económica en general.
Tras una serie de errores, producto del endiosamiento de Machado, que lo llevó a reelegirse y prorrogar su mandato con una maniobra política con la complicidad de los diversos partidos políticos del país surgieron las protestas, más o menos violentas en su contra. Todavía era un movimiento mínimo, más bien de incipientes políticos que bebían en las distintas fuentes del pensamiento político mundial fueran éstas el nazismo, el fascismo o el marxismo, que pujaban por el control mundial apoyados en un mensaje engañoso que ofrecía mejoras económicas a los más infelices, o restañar las heridas nacionalistas de la Primera Guerra Mundial, que redibujó el mapa europeo e hizo naciones donde no las había, cercenó territorios tradicionales de algunos países e incorporó otros a los diversos contendientes. Feneció el Imperio Austro-




Una de las más fuertes fuerzas políticas de la época fue sin duda el ABC –que algunos han caracterizado como de corte fascista—que ya en 1931 se asomó a la política cubana de la época. Organización celular, el ABC englobaba a profesionales que se habían mantenido alejados de la escena política como Jorge Mañach, Joaquín Martínez Sáenz, Francisco ‘Paco' Ichaso, Carlos Saladrigas, Ramón Hermida, entre los más conocidos. El ABC propugnaba no sólo el derribo del gobierno del General Machado, sino una reestructuración total de la sociedad política, económica, laboral y cultural cubana. También el Directorio Estudiantil Universitario (DEU), donde algunos de sus miembros se incorporaron en el ABC y que unidos en la Agrupación Revolucionaria –integrada asimismo por un grupo de sargentos del Ejército Nacional, encabezados por Pablo Rodríguez y Fulgencio Batista —contribuyeron al derrocamiento de Machado y a sus sustitución paulatinamente por Carlos Manuel de Céspedes, la Pentarquia, primero, Ramón Grau San Martín después y al que derrocaron conjuntamente el 4 de septiembre de 1933.