Por Juan José López Lope5210@hotmail.com, Abogado cubano, Miami, octubre 13

Al morir Fidel Castro el gobierno sucesor en Cuba va a decretar ese día “Luto Nacional”, quizás por 72 horas o incluso convertir el hecho en efeméride histórica, lo cual ahora no podemos evitar. Ellos tienen el poder e ignoran el dolor ajeno. En Cuba lo ideal sería hacer un Panteón por todos los Caídos, sin esperar la muerte de nadie. Eso haría pensar a todos en los errores cometidos, incluso haría reflexionar a los Castros, quienes en los últimos 50 años han manejado al país a su antojo, aunque al parecer todo será posible después de su muerte.

La vida de Fidel Castro, para muchos llena de odio, ambición de poder, decisiones sangrientas, y destrucción general, para otros, sus seguidores: un líder con todo lo que esto entraña. Se habla de fidelismo como ideología practicada en los últimos 50 años en preferencia a la calificación de marxismo socialista.

Decretar “Luto Nacional” por un solo hombre, por Fidel Castro, que durante su vida ha gobernado como si el país fuese la prolongación de su único Yo, es inaceptable. El gobierno sucesor debe considerar el dolor de todos, sin que esto signifique humillarse y muchos menos se exige para humillar a nadie. Todos los caídos merecer ser recordados.

Lo cierto es que Castro tiene seguidores, no podemos tapar el sol con un dedo. Aunque entre ellos haya un número que no sienta de veras lo que hacen, el hecho de seguirlo, de apoyarlo con el trabajo dentro del Gobierno y las instituciones estatales que han garantizado su permanencia en el poder, iguala el fenómeno. Esto hay que tenerlo en cuenta para prever la declaración oficial cuando Castro muera.

Los oponentes a esos 50 años de fidelismo en Cuba, donde me encuentro, debemos tener en cuenta la existencia de este grupo gubernamental, sus sentimientos y perspectiva pero, también debemos exigir el reconocimiento de nuestros muertos y el sacrificio de entender el derecho de nuestros adversarios a recordar a los suyos.

En la propaganda impulsada por el oficialismo se denuncia al exilio cubano, sus organizaciones históricas, como hombres intolerantes y llenos de intenciones de venganza, eso no es verdad. El dolor concentrado aquí en la diáspora, donde hay libertad para expresarlo, hace posible hacerlo y ha sido objeto de tergiversaciones. Por ello también se acusa a los exiliados de monopolistas del dolor, no siendo esto real.

Lo justo es un día convivir con las diferencias. Es duro en ambos lados la aceptación de la visión contraria, los seguidores de Fidel Castro no aceptan el dolor de sus adversarios. Cuando ellos matan, creen haber dado muerte a sus enemigos de guerra, a quienes acusan de atentar contra la identidad nacional al servicio de una potencia extranjera. Otra falsedad que omite la responsabilidad gubernamental de innumerables muertes, causadas incluso por misiones oficiales, ellos también merecen luto.

Los oficialistas, también acusan a sus adversarios de excesos cometidos, sobre hechos en el Escambray, el avión de Cubana derribado en Barbados, entre otros que dibujan una guerra infinita.

Estos hechos hay que investigarlos y encararlos con objetividad, sobre todo para dejar de usarlos como argumento para anular a otros.

En realidad ha de ponerse fin a las acusaciones mutuas, esa mentalidad primitiva va a cumplir 51 años. Hay que detener el atrincheramiento de ideas y monopolios de dolor. Los problemas nacionales son superiores al debate político actual sobre si tú me tratas de matar y tú me persigues, los dolores patrios deben terminar ya. Hay dentro de Cuba 11 millones sufriendo.

Fíjense lo ocurrido al pobre Pánfilo, un hombre enfermo que dijo que en Cuba hay hambre y por eso lo llevaron a prisión. enos mal que ha habido un intento de rectificación en este hecho abominable, es de esperar otros, como la liberación de poetas y escritores encarcelados por hablar y escribir, en la conocida Primavera Negra del 2003.

Los cristianos, civilización a la que pertenecemos, pueden entender el “Luto Nacional por Todos los muertos” o bien el Panteón por todos los Caídos, sea en confrontación, en la cárcel o en el mar. Todos los caídos merecen ser recordados por sus dolientes dentro de la patria común.

Al menos, si hoy no se construye ese panteón de los caídos, espero que la muerte de Fidel Castro sirva para iniciar el sendero de la reconciliación nacional. Su vida ha generado destrucción, esperemos que su desaparición sirva a la paz nacional y entierre junto con el, todo caudal de valores negativos.

 

 

 

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