



Por Juan José López Lope5210@hotmail.com, Abogado cubano, Miami junio 24
La OEA es controversial pero, es el medio por donde debe transitar la solución del problema cubano. En ella hay que plantear la necesidad de instaurar un gobierno fideicomisario dentro de Cuba. El mismo en un breve plazo debe trabajar para reinstaurar instituciones democráticas. Dicho fideicomiso tiene que finalizar entregándole la soberanía al nuevo presidente electo por los cubanos.
Es la segunda vez que las condiciones históricas ameritan e igualan en coyuntura para una intervención en la Isla por razones de humanidad. No hablo de sangre o masacre, ni quiero una intervención norteamericana unilateral, hablo de intervención interamericana.
Se reúnen los cancilleres de la OEA y en su seno se habla del problema cubano. Este tema tratado desde la perspectiva de cambios en la política de EE. UU planteada por el Presidente Barack Obama, y que quizás corresponde a los tiempos actuales, no
viene bien para Cuba.
Hay que felicitar a los cubanos que participaron en los recientes eventos de la organización interamericana, entre ellos Silvia Iriondo y Orlando Gutiérrez. A ellos mi reconocimiento, hay que hacer o pedir lo que se ajuste a cada evento.
La resolución de la reunión de la OEA les abre el camino a los mandatarios cubanos, a los mismos que fueron suspendidos hace 47 años, esto no tiene comentarios. Ahora hay que ver si después de tantos descalificativos y epítetos castristas, dichos gobernantes desean entrar en el juego.
Una lógica cosa que no debemos utilizar cuando en cuestiones de la reacción cubana se trata, plantea que dentro de la imagen lanzada al mundo por el actual presidente estadounidense, su posición de igualdad y no de policía del mundo o gendarme, el sistema interamericano podría moderar a favor de cambios en la Isla cautiva. Esto no lo comparto.
Cada país latinoamericano tiene su conflicto de desarrollo, la mayoría guiados por administraciones incapaces, algunos con una visión torcida no solo en valores democráticos, sino en cuanto a su tesis de desarrollo económico y social.
Para Cuba ¿qué queda? Solo los cubanos apoyados con fondos federales y la ayuda en ciertas gestiones muestran capacidad de movimiento en estos eventos. Esta afirmación, motivo equívoco de descalificación escogido por la parte cubana oficialista, es al mismo tiempo un fenómeno controversial.
Los cubanos tenemos que hacer una vez mas una profunda reflexión y definir que proyecto de nación deseamos y con el potencial autóctono y legítimo levantar nuestra bandera. No tengo contradicción con la solidaridad norteamericana y mucho menos discrimino a quienes la reciben.
El contexto cubano y latinoamericano en general es complejo, en este sentido hablo sin presión y sin compromiso. La comunidad cubana debe proyectarse más. Sus organizaciones están perdiendo eventos que deben aprovecharse.
El caso cubano debe ser planteado a la altura que merece, no podemos seguir actuando como personaje del cuento del medico y la garrapatita. Todo cambia, hasta la estabilidad del poder de voto de los cubanos con la imparable emigración de nuestros paisanos.
Cuba arremete contra la OEA, ahora arremeten también congresistas cubanos contra ella, hay razón para ello, sobre todo emoción. Lo cierto es que nada de lo ocurrido en la pasada sesión interamericana fue condicionado por la parte cubana democrática o pro libertad, en parte a ello se debe el resultado.
Hay que dejar de ser efecto y colocarse como causa. La costumbre de participar en eventos no condicionados por nuestras agendas libertarias por un lado, la inercia demostrada en la actitud de espera por la acción de Barack Obama, es un vicio como el de siempre: el de esperar por los norteamericanos para hacer nuestra tarea.