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LA HISTORIA A VECES SE REPITE

Por Jaime Jiménez Solera, Panamá

Eran tiempos aquellos en los que una joven que se embarazaba sin estar casada, constituía la comidilla del pueblo y más aún si era de “sociedad”. Quedaba señalada, desacreditada y era vista con malos ojos.

Esto le pasó a Luisa Soto, a quien Alberto, el novio con quien se iba a casar la sedujo marchándose luego en forma imprevista y repentina a los Estados Unidos y jamás nadie supo más de él.

La hija que Luisa tuvo fue criada rodeada de todo el cariño de la familia, pero llevando con ella el estigma de ser “hija natural”, como se decía en aquellos tiempos. Aunque jamás me he enterado de cuáles hijos son artificiales.

 

Maritza, que así se llamaba la hija de Luisa, era una joven hermosa cuando cumplió sus 18 años. Ya era sabido que las Soto eran mujeres muy bellas que trasmitían esa característica a las siguientes generaciones.

Maritza estudiaba periodismo y era una alumna muy aventajada. Un año antes de graduarse comenzó una relación sentimental con Arturo Ramos, que era uno de los estudiantes de periodismo que cursaba un nivel superior. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que a Arturo le dieron una beca para realizar estudios de postgrado en España. Todos supusieron que sería una separación temporal, dada la bella relación de novios que mantenía la pareja. Pero sucedieron dos cosas que cambiaron el panorama radicalmente. A los tres meses de haberse ido Arturo, Maritza dió muestras de un embarazo que no se podía ocultar. Pero lo que más dejó perplejo a todo el mundo, tanto a familiares como a amistades, fue la noticia que llegó de España de que Arturo había contraído matrimonio con una chica de Sevilla hija de un criador de toros de lidia. Aquello fue el acabose, porque con Maritza se estaba repitiendo la historia de su madre.

Maritza dió a luz una preciosa niña a quien bautizaron con el nombre de Soledad, que heredó también los rasgos de belleza de las Soto. Ahora Soledad tiene 19 años. A pesar de que corren otros tiempos, y que la actitud de las personas ha cambiado radicalmente respecto a la aceptación de las madres solteras y en general a las relaciones sexuales entre jóvenes, la madrina de Soledad consideró prudente aconsejar a su ahijada. Soledad, le dijo un día su madrina, cuídate mucho hija, no vaya a ser que te pase lo que le sucedió a tu madre y a tu abuela. No se preocupe madrina, le respondió Soledad muy tranquila A mí no me va a pasar nada de eso. Soy lesbiana.