LA FUERZA DEL PULGAR

Por Jaime Jiménez Solera --Panamá

No hay duda, de que el dedo pulgar, juega y ha jugado siempre un papel muy importante en la vida del ser humano, Siendo el primer dedo, grueso y separado de los demás, nos facilita, entre otras cosas, ejecutar la acción prensil que tiene nuestra mano. Creo difícil que podamos siquiera sostener un vaso si careciéramos de esa falange. El primer uso que le damos al pulgar, es el de chupete. Y gracias a él, nuestras madres están más tranquilas si es que nos permiten continuar con ese hábito. Conforme vamos creciendo, van también aumentando las tareas simples o complejas, que a ese dedo le asignamos.

Lo utilizamos para labores tan desagradables como matar pulgas ( quizás de ahí proviene el nombre de pulgar ) , hasta otras tan importantes como medir el pulso cardiaco, contar dinero, probar el filo de una navaja, etc Pero también el movimiento súbito del pulgar, ejecutado por los poderosos, ha sido quien decide la suerte de los débiles.

 

Desde la antigua Roma, en que los césares condenaban a muerte o perdonaban a los gladiadores, con solo posicionar el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo, hasta a mediados del pasado siglo, en que el tripulante del “ Enola Gay” oprimió con su pulgar el botón rojo que liberó la bomba atómica que borró en cosa de segundos a la ciudad japonesa de Hiroshima de la faz de la tierra. Y acabó, de un “dedazo” con la vida de cientos de miles de seres humanos, en una acción de exterminio masivo.

Y sigue siendo un peligro mortal la combinación de un botón rojo y un dedo pulgar gobernado por un genocida poderoso, ora demente, ora diabólico.

Ahora se sabe que los botones rojos y un dedo autoritario, pueden violar la soberanía de los países y crear graves amenazas que pueden acabar con la vida del planeta.

Y solamente cuando el ser humano toma conciencia de su impotencia, de su debilidad, y de sus limitaciones, y opta por un gesto de humildad, adquiere el dedo pulgar una singular importancia, y hacemos con él la señal de la cruz para persignarnos y exclamar:

“En el nombre del Padre, del Hijo. Y del Espíritu Santo. Amén". Y así será.

 

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