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EDITORIALES

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Pablo de la Torriente Brau va mucho más allá de la mera racionalización. No se queda en el plano intelectual del outsider que teoriza y justifica. Él se envuelve y se implica en la praxis del miliciano. De ahí que se regodee por anticipado en el espectáculo macabro de las ejecuciones sumarias, sin sentir el menor empacho al confesar que se iba a España a "contemplar incendios y fusilamientos" (los del bando rojo, huelga aclararlo, que son los que les resultan graciosos a los fanáticos de la dictadura del proletariado.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No hay tampoco que condenar taxativamente al malogrado escritor, convertido en comisario de guerra y muerto en combate a los 35 años en las trincheras de Majadahonda. Pablo de la Torriente fue hijo de su tiempo. No rebasó la edad romántica, ni sobrevivió a la guerra para poder reflexionar sobre sus excesos. Se trata, más que nada, de insistir en la trampa de ese doble rasero que ha llevado a tantos intelectuales a apoyar el terror revolucionario. Hoy el del régimen castrista, como ayer el de aquella república sectaria de unos contra otros.

En el contexto de crispación de la España republicana, la radicalización al rojo se encaminaba directo a la sovietización del país. La sociedad se polarizaba cada vez más y el estado de derecho se diluía entre los tópicos de la lucha de clases. Las garantías procesales se desechaban como rezagos de la justica burguesa. Y al imperio de la ley le sucedían las arbitrariedades de los comisarios. No pocas veces bastaba con llevar un crucifijo o leer el diario ABC para terminar siendo acusado de fascista y ser fusilado sumariamente.

Exactamente el mismo día en que Pablo de la Torriente le ponía la fecha en Nueva York a la citada carta, arrestaban en Madrid a un compatriota suyo llamado José López Piteira.

 

 

 

 

 

 

 

Un fraile agustino de 24 años, cuyo único delito era querer ser cura. Cuatro meses después, el seminarista López Piteira era fusilado en Paracuellos del Jarama junto a otros 50 hermanos de su orden religiosa, luego de sufrir los tormentos de los interrogatorios en uno de aquellos centros de detención conocidos como checas.

Fray López Piteira no tuvo un poeta de la talla de Miguel Hernández que le dedicara una elegía. Pablo de la Torriente sí, además de ser honrado excesivamente como héroe de las Brigadas Internacionales (apenas una fachada multinacional para la intervención soviética, como bien se sabe hoy).

Setenta años después, sin embargo, Piteira será elevado a los altares como el primer beato cubano. En una multitudinaria ceremonia en El Vaticano, este 28 de octubre la Iglesia Católica lo beatifica como mártir de la Fé, junto a casi 500 religiosos víctimas del terror comunista desatado en Madrid entre noviembre y diciembre de 1936.

La memoria histórica sería sectariamente selectiva si sólo se recordara a las víctimas del franquismo. No se puede cohonestar el asesinato de un religioso por el hecho de que los curas fueran vistos entonces como enemigos de clase por los radicales de izquierda.

Por otro lado, tampoco se requería ser católico o aristócrata para recibir uno de esos golpes de más que Lenin consideraba muy normales en el fragor de la contienda. Lino Novás Calvo, un hombre que no llevaba hábitos y se declaraba simpatizante del bando republicano, igualmente conoció en carne propia la tramitación exprés de la justicia roja.

 

 

 

 

 

 

 

Al destacado narrador cubano de origen gallego —traductor favorito de Ernest Hemingway, por más señas— de nada le valió ser partidario de la República y estar incorporado al Quinto Regimiento como oficial de enlace. Tras una ridícula acusación de propaganda enemiga en Madrid, durante una sesión del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, Novás Calvo fue detenido en el acto para una segura ejecución. Milagrosamente, logró librarse del fusilamiento después de una angustiosa espera. Se comprobó a última hora que el acusador parecía haberlo confundido con otro periodista.

Lino Novás quedó marcado para siempre por esa experiencia kafkiana. A lo cual se sumaban los demás horrores de un experimento político que condujo a una guerra civil que costó muchas vidas. Algunas tan prometedoras como la del propio Pablo de la Torriente; otras cortadas en flor, como la de López Piteira, el inocente seminarista asesinado por las huestes de Santiago Carrillo.

A Novás Calvo le tocó mejor suerte. Su drama no pasó del susto. Pudo escapar por un pelo de la sentencia de muerte que le esperaba como premio a su solidaridad internacionalista. Sin curarse nunca de espanto, vivió para rumiar su desengaño y ver repetirse en Cuba la pesadilla española en el baño de sangre de 1959. Diga lo que haya dicho el clásico gurú del socialismo “científico”, la Historia también se repite como tragedia.

 

 

 

 

Comemierda es la reputisima de tu madre maricon.  Cuando tu, segun tus propias palabras, portabas armas en Cuba, al servicio de la tirania, yo estaba preso por luchar contra tu lider. A lleguas como tu la hacian novias en la carcel, en donde a mi me tocaban los que siempre he tenido bien puestos. Si te llego un correo mio fue solo por error. Yo personalmente te borre de la lista al darme cuenta que eres solo un pendejo ego de mierda, pero eso no solo lo pienso yo, ya lo afirma todo el mundo. Dare ordenes para que registren el cabron software y te elimen de modo perpetuo. Tu eres un comemierda que no tienes idea de lo que significa la lucha por la libertad de la patria. Solo con la mitad de un testiculo del Dr. Biscet se pueden hacer cien mierdas como tu, miserable idiota. Si quieres me mandas un telefono a donde ratificarte todo lo dicho y mas, mequetrefe de mierda”. Dr. Octavio Dilewis Ibarra

Se respeta la ortografía y sintaxis del anterior mensaje. Nota del Editor

 

 

 

 

 

No basta tener una o diez empresas. Tampoco con tener uno o diez millones de dólares. No basta con ser de derechas. Tampoco con tener los cojones más pesados y grandes del Planeta. No basta con que un millón de gente te siga. Tampoco con que no sepas quiénes son y por qué lo hacen. No basta con que sepas leer. Tampoco con que sepas interpretar lo que lees si no es genuino. No basta con que tengas a quién darle órdenes. Tampoco con que las ejecuten al momento y por dinero. Hace falta ser inteligente, tener cerebro y no haber perdido toda la masa cefálica en función de llenar los escrotos. También hace falta saber por qué estás rodeado de gente, o escoger las lecturas que interpretas. Hace falta ser más modesto y mucho menos pretencioso. Los errores pueden ser tan garrafales, que quedarás, como otros, convertido en otro hazmerreír del exilio anticastrista.

La vieja loca analista y semiótica de CA sigue arrastrando imbéciles a su website de masturbaciones mentales. Y claro, no parecen ser gente educada, ni astuta, ni cuidadosa, ni respetable, ni mucho menos inteligente.

El mensaje que sirve de exergo habla por si solo. Ha sido copiado tal y como lo recibí y viene de la pluma de la tercera persona que, a falta de información verídica (vital), a falta de tacto (sobre todo para aquellos que se mueven en el mundo de la abogacía) y a falta de argumentos, la emprenden en contra de la familia del supuesto oponente político.

El primero es un ganso que vive en Suecia (quién atacó a mi padre por mi defensa del embargo norteamericano), el segundo es la vieja loca de CA (quien sugirió que mi mujer es una estúpida y que yo soy del G-2), y el tercero, ya ven, es un imbécil que la emprendió en contra mi pobre madre.

Reto al señor Octavio Dilewis a que demuestre que yo haya dicho, o escrito que portaba armas al servicio de la tiranía. El error viene, claro está, de la loca de California que leyó un artículo de mi amigo Luís Cino en el que habla de fusiles al hombro y gavilanes a retortero. Y sí, me encanta el suspenso, pero voy a aclarar el dato porque ya veo que algunos cubanos, de mierda, están que ya no pueden atracarse más.

Trabajé en el departamento de seguridad aeronáutica del IACC (Instituto de Aviación Civil de Cuba) y era el responsable del control de aves en pistas civiles y militares. Mi función era eliminar las aves de las pistas de aviación y salvar vidas, no reprimir compatriotas. Lo hice con el uso de la cetrería y con armas de fuego que para un periodista poco militarizado como Luís Cino eran “fusiles”, pero que yo (que no leo porquerías de desquiciados mentales) llamo escopetas de caza.

Reto además al Sr. Octavio Dilewis a que demuestre que yo haya hablado negativamente del Dr. Biscet. No creo tampoco que el único mérito del susodicho rebelde (mal llamado disidente) sea el tamaño de sus gónadas. Más bien creo que su virtud ha sido no juntarse a toda la fauna de mierdas que la FENA defiende por igual. Y aclaro, nuevamente, que no puedo estar de acuerdo con su pobre esposa (manipulada por los clásicos HP de la mal llamada oposición) cuando ésta dijo que se alegraba que el premio Príncipe de Asturias fuera para la UNICEF de la ONU y no para su maltratado marido.

Pero ese desacuerdo tiene de testigo a otro artículo mío, que al parecer, el timbalú de la FENA no tuvo tiempo de leer. En cualquier caso llama la atención lo mucho que le gustan al Sr. Dilewis los cojones grandes, pues no para de mencionarlos. ¿Tendrá algún problemita el gallo?

¿Cómo un tipo que fue declarado “no confiable políticamente” (esta última palabrita ha sido ignorada expresamente por la vieja loca de California) pudo entonces trabajar en uno de los sectores estratégicos de Cuba?

Para el cavernario de la FENA, debe ser por las mismas razones que esgrime la vieja loca, analista, historiadora y semiótica de CA, pero para los amigos y las personas que merecen mi confianza y que sí saben la historia, está claro que el régimen no tenía a otra persona a la cual acudir en aquel momento preciso.

Las Fuerzas Aéreas cubanas habían perdido 61 millones de dólares en aeronaves y dos pilotos en 1982 por culpa de choques con aves y el Comandante Universo Sánchez fue el encargado de sacarme de una fábrica (la Perdurit) en la que me envenenaba la vida con el asbesto por no poder trabajar más para la ciencia en Cuba.

¿Les gustaría saciar aún más su curiosidad? ¿Quieren que comparta con ustedes un par de documentos originales? Pues bien, disfruten el fascímil y la foto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miren que simple. Miren que poco valen los cojones descomunales de un dinosaurio anticastrista ante un dato tan fácil de corroborar. Miren que mal le van los cojones de elefante a un cerebro de lagartija. Han tejido una historia fantasmagórica a mí alrededor que ya no sé si dejarles seguir y reírme a carcajadas, o salirles al paso cada vez que metan la delicada. Ah, pero debo decirles algo más. Estoy muy orgulloso de haber trabajado en ese centro estratégico de Cuba. Conozco al dedillo todos sus aeropuertos civiles y militares. Sé un montón de secretos que no están a la venta. Algunos han sido compartidos con las personas apropiadas en el momento oportuno. Otros no. Me enorgullezco de haber ayudado (con un granito de arena y un nuevo sistema de NOTAMS) a salvaguardar la vida de decenas de pilotos en Cuba. Me importa un rábano si estos eran cubanos o extranjeros, civiles o militares, deportivos o agrícolas.

Mis anécdotas no tienen fin. Volé en Cuba con muchísima gente interesante. Compartí cabina (de pasajero o de pilotaje) con muchísimos hijos de puta, pero también con hombres de honor. Y mis “fusiles al servicio de la tiranía”, estoy casi seguro, salvaron algunas vidas, aunque un día poco apropiado, jodieron la mía. Pero eso es otra historia, también muy mal contada por una vieja loca que habita en Oakland. Pregunten señores, pregunten. O especulen y gánense el mojón con la forma de los testículos del Dr. Dilewis que ofrece la FENA como trofeo.

Carlos Wotzkow, Bienne, Octubre 28, 2007

NOTA DEL EDITOR DE CUBAENELMUNDO.COM --Me gustaría recordarle a los colaboradores y lectores --silentes o no-- que Cubaenelmundo.com no es un board para intercambiar polémicas ni insultos personales, las cuales deben y tienen que resolverse entre los interesados en el plano particular. Además debemos y podemos utilizar un lenguaje menos soez y grosero pues nos leen unos y otros y pudieran dañar el prestigio del cubano en general y del que lo usa en particular. Gracias. Por favor referirse a: uso.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“He tenido una idea maravillosa, me voy a España, a la revolución española”, escribía Pablo de la Torriente Brau en carta fechada el 6 de agosto de 1936. Y sin más, se embarcó con rumbo a la España republicana para “ser arrastrado por el gran río de la revolución. A ver un pueblo en lucha... A contemplar incendios y fusilamientos. A estar junto al gran remolino silencioso de la muerte....”.

Yo siempre guardé distancia con el izquierdismo de Pablo de la Torriente, pero confieso que su prosa ágil y amena me cautivaba hace 40 años. Cuando leí por primera vez sus crónicas epistolares sobre la Guerra Civil, no me produjeron el malestar que me causa actualmente el pasaje citado al inicio.

El aventurerismo del cronista parece tragarse el mundo con su entusiasmo desbordante, para ceder un par de líneas después al culto a la muerte de la necrofilia revolucionaria. Como tantos intelectuales de entonces (y de hoy), el escritor cubano de origen puertorriqueño tendía a relativizar los crímenes cometidos en nombre de la revolución y el socialismo. La coartada suena a regateo de mercadillo: es el precio a pagar por el avance del “proceso”. Con lo cual suelen racionalizar la violencia revolucionaria y las atrocidades del totalitarismo comunista. Sólo que justificar medios tan brutales con fines tan bastardos, se pasa de ingenuo. A estas alturas, es simplemente inmoral.

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