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IMAGENES DE ARGELIA

 

 

 

 

 

Las Damas de Blanco fueron acreedoras del premio Sájarov de Derechos Humanos por su gallardía ante la represión del Dictador. Ella nos dio un ejemplo  de valentía y dignidad contra la injusticia. Nos demostró que la flor que se porta esgrimiendo un ideal de justicia es más poderosa que el filo de la espada de los tiranos.

La Tiranía se ensañó con las Damas de Blanco y con Laura Pollan, porque le temían a su razón. Recibió detenciones,  insultos y golpizas de manos de las turbas de corte fascista delTirano. Dos semanas antes de su muerte los agentes castristas vestidos de civil la golpearon brutalmente en su casa. La represión es la antitesis de la razón, como el abuso lo es de la Justicia. Ni razón ni justicia asiste a los tiranos, por eso son represivos y abusadores.

Cayó enferma, fue hospitalizada  y las contradicciones de un régimen sin transparencia no se hicieron esperar. Primero alegaron un paro respiratorio, luego que se había contagiado con un virus desconocido, finalmente que muere de un paro cardiaco… nos queda el mal sabor de las contradicciones que se agudiza ante la negativa de hacerle una autopsia a su cadáver y con el antecedente de que varias  Damas de Blanco, durante el fragor de  un acto de repudio, fueron inyectadas con sustancias desconocidas por agentes castristas,  causándoles nauseas, aumento de presión, vómitos, zumbido en los oídos, y otros trastornos. ¿Cuántas más inadvertidamente fueron inyectadas bajo el fragor del forcejeo y la adrenalina en medio de una confrontación con las turbas atacantes del régimen? 

Los hechos ocurrieron el 18 de agosto de 2011. Entre las inyectadas estaba la Dama de Blanco Rita Maria Montes de Oca y otras tres más. La duda aflora con más fuerza cuando uno de los periodistas independientes que reportó esos hechos, Carlos Ríos,  fue detenido y fuertemente interrogado por la Seguridad del Estado mientras Laura estaba hospitalizada. ¿Fueron inyectadas otras más, incluso Laura, sin percatarse a causa del fragor de la confrontación?  Todos sabemos que la dictadura es irrespetuosa de la vida humana y tiene en su historial miles de muertos. El tiempo dará la respuesta a las interrogantes que produce esa detención y la ausencia de transparencia respecto a la enfermedad, hospitalización y muerte de Laura Pollan.

Después su muerte, la Dictadura asustada, movilizó cientos de policías que coaccionaban a los opositores para que no se congregaran y asistieran a sus exequias.  Y para colmo, limitaron su velorio a una pocas horas. Reacciones baldías, pues su voz clamando  !Libertad! sigue resonando en las calles por donde caminó con su gladiolo. Su memoria se incrustó en la historia de Cuba y seguirá viviendo eternamente en el corazón  del pueblo cubano.

Ella nos enseño que las dictaduras se combaten con razones y se las confronta en las calles, sembrando entre sus conciudadanos la esperanza del cambio y dando a conocer al mundo la indignación de un pueblo ante la injusticia. Nos enseñó también, que esa confrontación se hace con la constancia de lucha del día a día, forjando la conciencia de que los tiranos no caen por gravedad, sino que hay que tumbarlos combatiéndo con perseverancia, inteligencia y coraje, esgrimiendo razones y enfrentándolos cara a cara; porque clamando razones de justicia se acalla el insulto del que oprime y con las confrontaciones se le arrebatan al Tirano los derechos que nos conculca.

Su heroico ejemplo es enseñanza que se transforma en un legado para todos los cubanos donde quieran que estén, dentro o fuera de la isla amada: El de continuar la lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos hasta que todos los cubanos nos juntemos  en nuestro suelo y vivamos todos en paz en una patria libre y justa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Sergio Ramos, Puerto Rico, octubre 19 -- La noticia del fallecimiento de la presidenta de las Damas de Blanco, Laura Pollán, ha conmovido al Eilio y a la oposición dentro de Cuba.

Al morir, representaba un baluarte de la lucha por la libertad de Cuba dentro de la Isla. Con una constancia y coraje inigualable, retó a la Dictadura desde sus entrañas. Vestida de blanco marchando por las calles cubanas portando un gladiolo y un millón de razones, clamó  por la libertad para los presos políticos y el respeto a los derechos humanos.

Laura Pollán, la nieta del patriarca

 

 

 

 

 

 

Buchaca [Edith García Buchaca, ex esposa de Carlos R. Rodríguez y luego de Joaquín Ordoqui] y con otras mujeres comunistas importantes. Yeya era la esposa de mi padrino Lalo Carrasco, un dirigente que comenzó su carrera comunista entre los duros del Partido y llegó a ser concejal de Marianao.

Finalmente, Lalo administraba la librería de la organización, que estaba en Carlos III y Pocito, una zona muy céntrica de La Habana. Yeya y Lalo vivían detrás de la librería, en un "solar" con baño colectivo, que tenía su entrada principal por Pocito. Los primeros libros de Lenin, que Fidel Castro leyó, se los vendió Lalo a crédito y por supuesto, nunca la deuda se saldó. Esa venta le acarreó problemas a Lalo con un dirigente del Partido, que consideró esa acción de dar libros a crédito como una indisciplina. Desde ese momento Lalo y el otro dirigente comunista, que quería amonestar a Lalo, se hicieron enemigos.

 

Félix J. Hernández, París, octubre 13 -- Querida Ofelia: Te hago llegar este interesante artículo que acabo de recibir desde Miami, escrito por el poeta y periodista disidente cubano Yndamiro Restano:“Mi tía Yeya era muy popular en el Partido Comunista de Cuba. A Yeya la conocían tanto los diplomáticos del Partido como los duros, tanto las mujeres como los hombres. Curiosamente, sin ser ella una intelectual se codeaba con Mirtha Aguirre, Clementina Serra, La
Camilo Cienfuegos

LAURA POLLAN: EL LEGADO DE UNA MUJER HEROICA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

resto de los otros días. Frente a la residencia del amo, aguardaba la dotación de esclavos, convocada por la campana del batey. Pero un ajetreo desacostumbrado se producía desde la noche que ahora se desvanecía. Atados a los horcones estaba numerosa cabalgadura. En la vivienda se reunían hombres de fuera del ingenio en torno al amo, al dueño del Ingenio La Demajagua, aquel ardoroso abogado bayamés llamado Carlos Manuel de Céspedes.

Era la mañana del 10 de octubre de 1868 en la región de Manzanillo. Tres días antes se había recibido un telegrama del Capitán General de la Isla en el que se ordenaba la captura de destacados conspiradores bayameses, entre los que se mencionaba a Carlos Manuel, Perucho Figueredo y Aguilera. El telegrafista resultó ser un sobrino de Carlos Manuel quien le comunicara a Perucho Figueredo el texto de la orden.

Carlos Manuel, que siempre se mostrara ansioso por iniciar la revuelta en contra del poder colonial; que antes había arengado en una reunión conspirativa en la zona de Las Tunas diciendo: “Señores: la hora es solemne y decisiva. El poder de España está caduco y carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande es porque hace más de tres siglos que lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!”; que ante la resolución de algunos conspiradores de atrasar la fecha para la insurrección había declarado: “Todo lo sé, pero no es posible aguardar más tiempo. Las conspiraciones que se preparan mucho, siempre fracasan, porque nunca falta un traidor que las descubra”; se decidía ahora a dar el grito de independencia acompañado de unas decenas de partidarios a los que rápidamente había convocado al ingenio La Demajagua.

En la noche una joven campesina, la hija del mayoral de la finca, Candelaria Acosta a la que todos conocían como Cámbula había sido llamada para que confeccionara la bandera que habían trazado los patriotas, la bandera que su diseño recuerda a la bandera chilena pero posiblemente inspirada en el estandarte tejano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y mientras la joven cosía la bandera, Carlos Manuel y sus asociados redactaban apresurados el Manifiesto de la Demajagua, la proclamación del derecho supremo a la rebelión. En el manifiesto se exponían las causas que impulsaba a aquel grupo de cubanos a alzarse en armas, la triste suerte de los hijos de la isla de Cuba que por la falta de las libertades públicas “se ven expulsados de su suelo a remotos climas o ejecutados sin forma de proceso, por comisiones militares establecidas en plena paz...” y por esa carencia de libertad “los cubanos no pueden hablar, no pueden escribir, no pueden siquiera pensar y recibir con agasajo a los huéspedes que sus hermanos de otros pueblos les envían”; y clamaba: “Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio. El empleo de las más grandes naciones autoriza ese último recurso. La isla de Cuba no puede estar privada de los derechos que gozan otros pueblos, y no puede consentir que se diga que no sabe más que sufrir. A los demás pueblos civilizados toca interponer su influencia para sacar de las garras de un bárbaro opresor a un pueblo inocente, ilustrado, sensible y generoso. A ellos apelamos y al Dios de nuestra conciencia, con la mano puesta sobre el corazón. No nos extravían rencores, no nos halagan ambiciones, sólo queremos ser libres e iguales, como hizo el Creador a todos los hombres”.

El manifiesto fue firmado por Carlos Manuel de Céspedes, Jaime M. Santiesteban, Bartolomé Masó, Juan Hall, Francisco J. Céspedes, Pedro Céspedes, Manuel Calvar, Isaías Masó, Eduardo Suástegui, Miguel Suástegui, Rafael Tornés, Manuel Santiesteban, Manuel Socarrás, Agustín Valerino, Rafael Masó, Eligio Izaguirre.

Con la bandera que habían confeccionado y rodeado de aquel pequeño grupo de entusiastas orientales Céspedes concedió la libertad a sus esclavos a los que llamó “ciudadanos”. Céspedes inició su arenga con las siguientes palabras: “Ciudadanos, ese sol que veis   viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”, y a sus antiguos siervos les dijo: “Ciudadanos, hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar su independencia. Los que me quieran seguir, que me sigan: los que se quieran quedar, que se queden. Todos seguirán tan libres como los demás”.

Fue aquella hermosa mañana cuando los cubanos se hicieron soldados de la libertad. Han transcurrido 143 años de aquel amanecer. Cuba no padece bajo un extranjero poder que le niegue el derecho a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, ahora se encuentra humillada por el despotismo de un pequeño grupo de personas nacidas en su suelo que se aferran al poder pisoteando todos los derechos ciudadanos.

Todavía están vigentes los enunciados del Manifiesto de La Demajagua. El régimen impuesto por el hijo de uno de los soldados españoles que peleó contra los cubanos en su última guerra de independencia ha renovado los mismos males y vicios que sufrían los cubanos bajo el poder colonial español.

La isla de Cuba no puede estar privada de los derechos que gozan otros pueblos, y no puede consentir que se diga que no sabe más que sufrir”; es el mismo reclamo que hoy elevan los opositores al castrismo. También hoy “los cubanos no pueden hablar, no pueden escribir, no pueden siquiera pensar y recibir con agasajo a los huéspedes que sus hermanos de otros pueblos les envían” y los hijos de la mayor de las Antillas, como antes fuera, “se ven expulsados de su suelo a remotos climas o ejecutados sin forma de proceso, por comisiones militares establecidas en plena paz...”
Todavía esperan los cubanos ver ese sol “alzarse por la cumbre del Turquino” alumbrando el primer día de su libertad. La hora de ahora “es solemne y decisiva”; el poder de la dictadura “está caduco y carcomido. (...) Si aún nos parece fuerte y grande” es porque por más de cinco décadas “lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!”.

MANIFIESTO DE LA JUNTA REVOLUCIONARIA DE CUBA (10 de octubre de 1868)

Manzanillo
10 de octubre de 1868.

Al levantarnos armados contra la opresión del tiránico gobierno español, siguiendo la costumbre establecida en todos los países civilizados, manifestamos al mundo las causas que nos han obligado a dar este paso, que en demanda de mayores bienes, siempre produce trastornos inevitables, y los principios que queremos cimentar sobre las ruinas de lo presente para felicidad del porvenir.

Nadie ignora que España gobierna la isla de Cuba con un brazo de hierro ensangrentado; no sólo no la deja seguridad en sus propiedades, arrogándose la facultad de imponerla tributos y contribuciones a su antojo, sino que teniéndola privada de toda libertad política, civil y religiosa, sus desgraciados hijos se ven expulsados de su suelo a remotos climas o ejecutados sin forma de proceso, por comisiones militares establecidas en plena paz, con mengua del poder civil. La tiene privada del derecho de reunión, como no sea bajo la presidencia de un jefe militar; no puede pedir el remedio a sus males, sin que se le trate como rebelde, y no se le concede otro recurso que callar y obedecer.

La plaga infinita de empleados hambrientos que de España nos inunda, nos devora el producto de nuestros bienes y de nuestro trabajo; al amparo de la despótica autoridad que el gobierno español pone en sus manos y priva a nuestros mejores compatriotas de los empleos públicos, que requiere un buen gobierno, el arte de conocer cómo se dirigen los destinos de una nación; porque auxiliadas del sistema restrictivo de enseñanza que adopta, desea España que seamos tan ignorantes que no conozcamos nuestros sagrados derechos, y que si los conocemos no podemos reclamar su observancia en ningún terreno.

Amada y considerada esta Isla por todas las naciones que la rodean, que ninguna es enemiga suya, no necesita de un ejército ni de una marina permanente, que agotan con sus enormes gastos, hasta las fuentes de la riqueza pública y privada; y sin embargo, España nos impone en nuestro territorio una fuerza armada que no lleva otro objeto que hacernos doblar el cuello al yugo férreo que nos degrada.

Nuestros valiosos productos, mirados con ojeriza por las repúblicas de los pueblos mercantiles extranjeros que provoca el sistema aduanero de España para coartarles su comercio, si bien se venden a grandes precios con los puertos de otras naciones, aquí, para el infeliz productor, no alcanzan siquiera para cubrir sus gastos: de modo que sin la feracidad de nuestros terrenos, pereceríamos en la miseria.

En suma, la isla de Cuba no puede prosperar, porque la inmigración blanca, única que en la actualidad nos conviene, se ve alejada de nuestras playas por la innumerables trabas con que se la enreda y la prevención y ojeriza con que se la mira.

Así pues, los cubanos no pueden hablar, no pueden escribir, no pueden siquiera pensar y recibir con agasajo a los huéspedes que sus hermanos de otros pueblos les envían. Innumerables han sido las veces que España ha ofrecido respetarle sus derechos, pero hasta ahora no ha visto el cumplimiento de sus palabra, a menos que por tal no se tenga la mofa de asomarle un vestigio de representación, para disimular el impuesto único en el hombre, y tan crecido, que arruina nuestras propiedades al abrigo de todas las demás cargas que le acompañan.

Viéndonos expuestos a perder nuestras haciendas, nuestras vidas y hasta nuestras honras, me obliga a exponer esas mismas adoradas prendas, para reconquistar nuestros derechos de hombres, ya que no podemos con la fuerza de la palabra en la discusión, con la fuerza de nuestros brazos en los campos de batalla.

Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio. El empleo de las más grandes naciones autoriza ese último recurso. La isla de Cuba no puede estar privada de los derechos que gozan otros pueblos, y no puede consentir que se diga que no sabe más que sufrir. A los demás pueblos civilizados toca interponer su influencia para sacar de las garras de un bárbaro opresor a un pueblo inocente, ilustrado, sensible y generoso. A ellos apelamos y al Dios de nuestra conciencia, con la mano puesta sobre el corazón. No nos extravían rencores, no nos halagan ambiciones, sólo queremos ser libres e iguales, como hizo el Creador a todos los hombres.

Nosotros consagramos estos dos venerables principios: nosotros creemos que todos los hombres son iguales, amamos la tolerancia, el orden y la justicia en todas las materias; respetamos las vidas y propiedades de todos los ciudadanos pacíficos, aunque sean los mismos españoles, residentes en este territorio, admiramos el sufragio universal que asegura la soberanía del pueblo; deseamos la emancipación gradual y bajo indemnización, de la esclavitud; el libre cambio con las naciones amigas que usen de reciprocidad; la representación nacional para decretar las leyes e impuestos, y, en general, demandamos la religiosa observancia de los derechos imprescriptibles del hombre, constituyéndonos en nación indendiente, porque así cumple a la grandeza de nuestros futuros destinos, y porque estamos seguro que bajo el cetro de España nunca gozaremos del franco ejercicio de nuestros derechos.
En vista de nuestra moderación, de nuestra miseria y de la razón que nos asiste, ¿qué pecho noble habrá que no lata con el deseo de que obtengamos el objeto sacrosanto que nos proponemos? ¿Qué pueblo civilizado no reprobará la conducta de España, que se horrorizará a la simple consideración de que para pisotear estos dos derechos de Cuba, a cada momento tiene que derramar la sangre de sus más valientes hijos? No, ya Cuba no puede pertenecer más a una potencia que, como Caín, mata a sus hermanos, y, como Saturno, devora a sus hijos. Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos, y si la misma España consiente en dejarla libre y tranquila, la estrechará en su seno como una hija amante de una buena madre; pero si persiste en su sistema de dominación y exterminio segará todos nuestros cuellos, y los cuellos de los que en pos de nosotros vengan, antes de conseguir hacer de Cuba para siempre un vil rebaño de esclavos.
En consecuencia hemos acordado unánimemente nombrar un jefe único que dirija las operaciones con plenitud de facultades, y bajo su responsabilidad, autorizado especialmente para nombrar un segundo y demás subalternos que necesite en todos los ramos de administración, mientras dure el estado de guerra, que conocido como lo está el carácter de los gobernantes españoles, forzosamente ha de seguirse a la proclamación de la libertad de Cuba. También hemos nombrado una comisión gubernativa de cinco miembros para ayudar al General en Jefe en la parte política, civil y demás ramos de que se ocupa un país bien reglamentado. Asimismo decretamos que desde este momento quedan abolidos todos los derechos, impuestos, contribuciones y otras exacciones que hasta ahora ha cobrado el gobierno de España, cualquiera que sea la forma y el pretexto con que lo ha hecho y que sólo se pague con el nombre de ofrenda patriótica, para los gastos que ocurran durante la guerra, el 5 por ciento de la renta conocida en la actualidad, calculada desde este trimestre, con reserva de que si no fuese suficiente pueda aumentarse en lo sucesivo o adoptarse alguna operación de crédito, según lo estimen conveniente, las juntas de ciudadanos que al afecto deben celebrarse.
Declaramos que todo los servicios prestados a la patria serán debidamente remunerados; que en los negocios, en general, se observe la legislación vigente, interpretada en sentido liberal, hasta que otra cosa se determine, y por último, que todas las disposiciones adoptadas sean puramente transitorias, mientras que la nación ya libre de sus enemigos y más ampliamente representada, se constituya en el modo y forma que juzgue más acertado.
El general en jefe, Carlos Manuel de Céspedes.

10 DE OCTUBRE 1868

CUANDO LOS CUBANOS SE CONVIRTIERON EN SOLDADOS DE LA LIBERTAD

viera

Mario J. Viera, Florida, octubre 16 -- Amanecía aquel fresco día del otoño tropical. Se escuchaba el canto de los gallos y el trinar alegre de algún sinsonte. Por sobre las verdes montañas, que parecían cercanas, casi al alcance de la mano, se asomaba el sol. El batey del ingenio se iba animando como ocurría siempre, pero en esta ocasión se notaba que había algo inusual, diferente al

Bandera de La Demajagua enarbolada por los insurrectos el 10 de Octubre de 1868

Damas de Blanco y Héctor Maceda marchan en la Habana hoy domingo con foto de Laura Pollán

MUERTE DE LAURA POLLAN, SILENCIO EN LA PRENSA CASTRISTA

 

 

 

 

 

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Por Félix J. Hernández, París, 16 de octubre-- Querida Ofelia: Durante las vacaciones de verano pasadas en América, tuve el honor de conocer a un hombre extraordinario. Se trata del Comandante Dr. Armando Fleites. Es un señor de carácter elegante, cuya conversación es agradable; habla pausadamente y sus análisis sobre la historia de nuestra Patria son profundos y precisos. En ellos no existe el espíritu de revancha o rencores, como tampoco la demagogia o el egocentrismo, que desgraciadamente tanto abundan hogaño. Para resumir: fue un placer dialogar con el Comandante Dr. Armando Fleites. Le pedí su opinión sobre la Historia Oficial proclamada por el régimen cubano y el testimonio sobre algún hecho histórico importante del cual fue testigo. A continuación te envío sus declaraciones divididas en esas dos partes.

-Importante y necesaria aclaración histórica.

Es frecuente que los vencedores escriban la Historia y lamentablemente los que aspiran a dictadores, cuando logran su meta, cambian distorsionan y falsifican la historia para satisfacer y alcanzar sus objetivos de ambiciones de poder absoluto y cimentar una mística con las colectivización y masificación de los pueblo.

Ese fue el primer paso especifico de Fidel Castro quien de inicio, imitando a la gran mentira de la revolución rusa, permitió que se divulgara que la insurrección cubana fue realizada exclusivamente por él y el Movimiento 26 de Julio que él dirigía, dejando al mismo tiempo que todos los medios de propaganda se inclinaran al culto hacia su personalidad de una parte, y de otra parte negaran los principios democráticos por los que se había convocado a la insurrección.

La verdad histórica es que en el proceso de siete años de lucha contra la dictadura militar el Movimiento 26 de Julio fue una de las diferentes organizaciones revolucionarias y cívicas que participaron, como fueron la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el Movimiento Nacionalista Revolucionario ( M.N.R.) del profesor García Barcena, la Triple A y la OA de los Auténticos , el Directorio Revolucionario, la Conspiración Militar de los Puros, la Resistencia Civil, y el Segundo Frente Nacional del Escambray que liberó las montanas villareñas.

Por tanto Fidel Castro se apropió de una insurrección que con sangre y sacrificio fue realizada por muchos cubanos patriotas y diferentes organizaciones revolucionarias y cívicas. Por tanto Fidel Castro negó y traicionó los postulados de libertad y democracia que fueron las banderas de lucha con las que se convocó al pueblo, para en su lugar establecer y mantener una dictadura comunista utilizando la mentira, el engaño, la fuerza y el terror.

Por tanto muchos de los combatientes de las montañas, del Ejército Rebelde, de la clandestinidad y de la Resistencia Cívica por disentir del régimen fueron acosados, perseguidos, fusilados u obligados a marchar al exilio acusados de traidores. Pero el tiempo y los hechos han demostrado que Fidel Castro es el verdadero traidor y el verdadero contrarrevolucionario.

ay que volver a la verdadera historia y al Apóstol de nuestra Independencia José Martí, porque como dice el escritor italiano Claudio Albertani “la historia es un territorio en disputa donde se despliegan las pasiones del presente y se afinan las aspiraciones del futuro”.

-La muerte del Comandante "Paco" Cabrera en Venezuela.

Era la segunda semana del mes de enero de 1959, acababa de triunfar una insurrección contra una dictadura militar ya través de Celia Sánchez recibimos una llamada telefónica en la que nos comunicaba una invitación del Comandante Fidel Castro para que una delegación del Segundo Frente Nacional del Escambray lo acompañara en su viaje a Venezuela porque había sido invitado por el gobierno provisional del Almirante Wolfgang Larrazabal.

 

 

 

 

 

 

 

Aceptamos la invitación y se designó una delegación integrada por el Comandante. Eloy Gutiérrez Menoyo, Com. Lázaro Asensio, Capitán Roger Rodríguez, el Prof. Luis Martínez y el que escribe, Com. Dr. Armando Fleites.

En la mañana del 18 de enero salimos de La Habana rumbo a Venezuela en el avión Bristol-Britannia de Cubana de Aviación y para sorpresa nuestra tuvimos que demorar el aterrizaje en el Aeropuerto de Maiquetía porque una gran cantidad de damas venezolanas vestidas de rojo y negro, símbolo del Movimiento 26 de Julio, estaban ocupando la pista para recibir a Fidel Castro y a los representantes de la revolución cubana.

El pueblo venezolano cargó en hombros a los oficiales rebeldes cubanos hasta la caravana que los llevaría a la capital y en el trayecto vimos la carretera ocupada por el pueblo que nos tiraba flores constantemente.Nos dirigimos a la Plaza del Silencio donde una inmensa multitud de venezolanos civiles y militares se congregó para mostrar su respaldo a la Cuba liberada.

Se realizó un meeting extraordinario y todos los sectores sociales de Venezuela rindieron homenaje a sus hermanos cubanos. Tal parecía que el que había aterrizado en Venezuela era el libertador Simón Bolívar. Recibimos enormes muestras de cariño de toda la población y circulamos en Caracas con nuestras barbas, uniformes y armamentos. Castro fue recibido por Larrazábal, el que le obsequió varios rifles FAL belgas.

Se celebró una brillante recepción en la Embajada Cubana y un gran acto en la Universidad Central de Caracas, donde una inmensa juventud estudiantil emocionada se identificó con la lucha de nuestro pueblo.

Tras varios días espectaculares nos trasladamos por la noche al aeropuerto de Maiquetía para el retorno y estando en los primeros asientos del avión. conversando con Celia Sánchez llegó el Comandante "Paco" Cabrera, jefe de la escolta de Fidel y Celia le preguntó si había traído al avión los rifles regalados por Larrazábal y éste le contestó que no, estaban en el C-46 que integraba la flota aérea y que era poca la diferencia de tiempo que los separaba, pero Celia dijo que Fidel quería que los rifles estuvieran en el Bristol-Britannia y ordenó a Paco que fuera a buscarlos antes de partir.

Después de un tiempo se me acercó un joven médico de la Marina revolucionaria que estaba a cargo de la atención profesional del viaje y me dijo que Paco Cabrera había tenido un problema y que invitara a Fidel a bajar.

Yo se lo comuniqué a Fidel y acompañado por nosotros y dos ayudantes bajamos la escalerilla del avión y a muy poca distancia contemplamos un charco de sangre, un brazo desprendido del cuerpo y masa encefálica en el pavimento de la pista. No era necesario ser médico para saber que Paco había muerto succionado por la propela del avión. Miré hacia Castro, que en el momento exclamó, “que muerte más ridícula, eso le pasa a los imbéciles y a los idiotas”. Acto seguido ordenó a sus dos ayudantes que se quedaran para transportar el cadáver al día siguiente.

Retornamos al avión sin una frase de condolencia o recuerdo por parte de Fidel y durante todo el viaje la delegación del Segundo Frente estuvo conversando con Castro. Éste comentaba que había sido defraudado en la entrevista con el presidente electo Rómulo Betancourt y hablaba de otros temas más, menos de Paco Cabrera.

Al arribar a la Habana mis compañeros me encontraron preocupado y me preguntaron por qué. Yo les hice el relato de lo que había sucedido y les añadí que “percibí la imagen insensible de un monstruo”. Comandante Dr. Armando Fleites.

Como de costumbre, te ruego que hagas circular la presente crónica entre amigos y familiares, para poner nuestro granito de arena en lo que se refiere a la divulgación de la verdad histórica de lo que ha ocurrido en nuestra sufrida Patria. Un gran abrazo desde La Ciudad Luz, Félix José

ACLARANDO LA HISTORIA:: TESTIMONIO DEL COMANDANTE DR. ARMANDO FLEITES
Félix J. Hernández (izq.) y el Dr. Cmdte. Armando Fleites, el 31 de julio n2011.
Almirante Wolfang Larrazabal, presidente de la Junta Provisional en Venezuela tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958

Fidel Castro junto a las combatientes del pelotón "Mariana Grajales". Aparecen también los guerrilleros Fidel Vargas, Francisco "Paco" Cabrera Pupo y Marcelo Verdecia.

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