



Gandhi, al cabo de una lucha de varias décadas, conquistó para la India la independencia política de manos del Imperio Británico. Luther King doblegó al rígido racismo sureño. Sin embargo, contra los dos grandes totalitarismos de laépoca, el fascismo y el comunismo, la lucha no violenta no pudo ser aplicada. No conozco de ningún intento de aplicarlo contra las temibles Gestapo y NKVD, si bien ambos enfrentaron conatos de oposición violenta.
Por ejemplo, el pastor y teólogo luterano alemán Dietrich Bonhoeffer fue ahorcado por los hitlerianos por su participación en el complot para asesinar a Hitler y derribar su régimen, es decir, se sintió estimulado por su Dios a pecar para librar a su pueblo y al mundo de un mal muchísimo mayor. Y quienes lo conocen saben que fue un hombre de Fé fuerte.
De igual modo, el gran poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal colaboró activamente con el FSLN para derrocar en 1978 a la dinastía de los Somoza.
Estos y otros ejemplos prueban que la adopción del camino violento o no violento no depende en principio del carácter religioso de sus practicantes. Muchos pensábamos que el carácter impulsivo del cubano, sensible a la agresión y listo a la pronta réplica, lo hacía poco apto a la asimilación y puesta en práctica de este tipo de lucha. A ello se añade el hecho de que en ningún momento de nuestra historia pueden hallarse antecedentes de ella. Una de las primeras enseñanzas orales que recibe de su familia el niño cubano cuando va a iniciarse en el colegio es: “No te dejes dar de nadie. Al que te dé dale duro”.
Sabemos hoy en día que los círculos infantiles no están lejos de ser gimnasios de boxeo y lucha libre. La palabra luchador goza hoy de mayor prestigio incluso que la de revolucionario, ya que este último adjetivo ha perdido su romanticismo y vitalidad, para devenir en una especie de título vitalicio, que ya no se ejerce.
Es en este contexto, que salen a la palestra las Damas de Blanco, armadas de su inquebrantable disposición de “echar pa’lante” en defensa de la misma causa por la que sufrían violencia institucional sus esposos.
“La primera vez que nos dieron un acto de repudio al salir de la iglesia de Santa Rita, cuando oí que me gritaban: negra, ¿qué tú haces ahí?, esclava, sumisa y otros insultos peores, quería saltarle encima a la gritona pero le pedí a Dios que me diese fuerzas y pude contenerme”.- me cuenta Berta Soler.- “Luego una va aprendiendo, y un día descubre que la respuesta que más golpea a esas histéricas es quedarse callada, ignorarlas”.
Sí, dignidad contra barbarie, se me ocurre decirle.
“Además, Dios es muy grande. A Laura Pollán suelen darle en su casa unas sudoraciones que casi se desmaya, sin embargo esto jamás le ha sucedido a la hora de la candela, cuando entramos en batalla, ni siquiera cuando nos tuvieron acorraladas casi nueve horas en el parque al lado de la iglesia. Bajar de peso, sí, hemos bajado, todas, pero eso es hasta bueno para la salud”- termina diciéndome Berta Soler, esta cubana negra a quien el propio Gandhi la hubiese reconocido como una firme y curtida practicante del Ahimsa (resistencia al mal) y de la Satygraha (compromiso con la verdad). Una mujer de quien su esposo, el hermano Ángel Moya, puede sentirse orgulloso.
aprendiendo sobre la marcha, motivadas por la convicción de que teníamos que hacer algo para protestar contra las injustas condenas impuestas a nuestros compañeros”.
Me aseguró que no conocían previamente las teorías de la lucha no violenta, ni del Mahatma ni del pastor Martin Luther King, las más destacadas figuras de esa modalidad de acción durante el pasado siglo. Sin embargo, saltan a la vista las semejanzas entre sus combativos paseos (marchas es un término militar, usado por el régimen para sus desfiles de respaldo) y las practicadas anteriormente por ambos. Es significativo como la necesidad imperiosa de oponerse al prepotente silencio del Poder, que pretende negar la condición humana de sus oprimidos, genera, aún en circunstancias históricas diversas, similares respuestas.

Rogelio Fabio Hurtado, Primavera Digital, Marianao, agosto 26 --Cuando le pregunté a Berta Soler, una de las admirables Damas de Blanco, si las doctrinas de Gandhi, el inolvidable líder hindú, habían estado presentes en la concepción y en la puesta en práctica de su acción de protesta pacífica, me contestó que no: “Nosotras fuimos