TITI, EL ELVISPRIVELIANO

-Pero Titi, ¿para qué crees que Dios te dio ese tremendo rabo que tienes entre las piernas, sino para metérselo a las mujeres? – y a continuación agregó -Los maricones son como los negros, existen y hay que respetarlos, pero no se debe andar con ellos. Acuérdate de lo de...¿ dime con quién andas y te diré quién eres?

-Pero abuelo, los negros y los maricones no son malas personas.

-Nadie ha dicho que sean malas personas. Yo creo que a tu edad en lugar de estarte votando pajas deberías de decir al cabrón de tu padre que te lleve a Majana (barrio de prostíbulos santaclareños) para que una de esas putas te enseñe lo que es bueno. Si no lo hace él te llevaré yo, pero sin que tu abuela Eloisa se entere.

Doña Luz del Alba, educaba a su hija Chelito en una buena escuela de monjas, para garantizarle une especie de pasaporte que le permitiera entrar en la High Life de la capital cubana. Gracias a su belleza y educación, ella se había casado en los años cuarenta con un coronel del ejército, lo que le había permitido vivir holgadamente y ser respetada por todos. Poseía varias casas (que lógicamente perdió poco más tarde con la Ley de la Reforma Urbana) y una finca cerca de la carretera de Sta. Clara a

Camajuaní (que también perdió con la Ley de Reforma Agraria).

A la muerte por infarto de su esposo, sólo le quedó la casa en la playa cienfuegüera de Rancho Luna. Cuando el Coronel se retiró a inicios de los años cincuenta, se convirtió en campeón mundial o por lo menos nacional, del adulterio y de la autoindulgencia, queriendo recuperar a partir de los 60 años bien cumplidos, el tiempo perdido en estudios y academias militares en sus años mozos. A alguien que oyó criticarle a causa de que tiraba el dinero por la ventana, le afirmó - Soy demasiado rico para preocuparme por ostentar lo que poseo.

Doña Luz del Alba, había sido una especie de Sabrina, aquel personaje cinematográfico interpretado por la exquisita Audrey Hepburn. ¿Te acuerdas? La historia de la Cenicienta, hija de un chófer que se enamora y se logra casar con el heredero de la potente familia Larrabee, millonarios de Long Island.

Doña Luz del Alba había logrado subir en la escala social en una forma fulminante y soñaba con lo mejor para Chelito.Como nueva rica al fin, lo único que envidiaba a sus amigas era sus familias, sus pasados. En su casa se servía como aperitivo un champagne francés, para mí desconocido en aquel momento y del cual mi madre me permitió sólo tomar un buchito de su copa: Dom Pérignon. Ahora, a cada vez que lo tomo me acuerdo de mi madre y de Doña Luz del Alba.

En diciembre de 1958 los rebeldes entraron en Santa Clara, el entusiasmo llenó las calles al saber que el Campamento Leoncio Vidal se había rendido al Ché Guevara. Chelito y Titi se lanzaron a festejar a los barbudos. Cupido, que en ese momento se encontraba sobre la ciudad de Marta Abreu, lanzó una flecha que hirió el corazón de Chelito. Ella se enamoró perdidamente de un capitán barbudo de apellido Carnero (pero de carnero no tenía nada, era una especie de toro semental). Había sido machetero iletrado y ahora después de una boda superrápida, con el machete entre las piernas, hacía una zafra erótica innterminable a Chelito, la niña que había sido educada por las monjas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.

Para Doña Luz del Alba, la boda de su hija adorada con un guajiro macho -como ella lo catalogaba- fue un drama apocalíptico. Pero su esposo lo tomó todo con mucha filosofia, a tal punto que le regaló a su recién estrenado yerno su espectacular Cadillac El Dorado de 1955 de color negro, quedándose con el otro coche, un Pontiac Star Cheef de 1957.

Los años sesenta y setenta pasaron, las nacionalizaciones, las intervenciones, las confiscaciones, los fusilamientos, las prisiones, etc., acabaron con la buena sociedad y los valores burgueses, los amigos se fueron para los USA y España fundamentalmente. Don Anselmo, Manolo y Eloisa fallecieron arruinados por la Revolución. Doña Luz del Alba asistió al divorcio de Chelito y a sus tres bodas posteriores. Su dinero, sus propiedades y sus sueños volaron como Matías Pérez. Falleció en Cienfuegos sin poder escaparse de lo que fue la Perla de las Antillas. Su único placer fue el tener a Fidelito, un nieto que desgraciadamente se parecía demasiado físicamente al guajiro macho, pero que fue buenísimo con ella.

Mima pasó tres años llevando jabas a la UMAP de Camagüey, en donde internaron a Titi, acusado por su heroico C.D.R. de ser elvispriveliano. En 1970 falleció de infarto, encaramada en una rastra de heroicos compañeros cañeros que regresaban a La Habana al final de la celebérrima “Zafra de los 10 Millones” (“Los diez millones –se-- van”). Iba a visitar a Titi a la granja donde estaba cumpliendo cinco años de cárcel por intentar salir ilegalmente del país.

Al salir de la cárcel, Titi se vio en la calle, su casa de Santa Clara había sido otorgada a un compañero comunista a la muerte de su madre. Dormía en el Bosque de La Habana o en los sillones de la funeraria Bernardo García, situada en Zanja y Belascoaín. Hizo una promesa a San Lázaro por tal de poder irse del país, se vistió de yute y caminaba descalzo cada domimgo, desde la ciudad hasta el antiguo leprosorio del Rincón. Algún alma caritativa le daba siempre algo de comer. Allí en el Rincón descubrió en el rostro de una señora con look miamense, que estaba rezando, los rasgos conocidos de una vieja amiga. Se le acercó y se presentó, ésta lo abrazó y besó. Sí era ella, Carmita, su novia del Instituto de Santa Clara. Ella se había ido de Cuba en el 1966 por el Puente Aéreo desde Varadero a Miami, de allí su familia siguió hasta Filadelfia, en donde conoció a un chico holandés con el cual fundó una familia y había tenido tres hijos, desgraciadamente había enviudado, tenía negocios en Amsterdam , pero vivía una parte del año en Miami. Le prometió muchas cosas con lágrimas en los ojos.

En aquel momento Titi le creyó, pero pasaron unos meses sin saber nada del viejo amor y sintió deseos de matarse, para acabar de una vez y por todas con tanta tristeza. Se fue al puente del Almendares y se paró en el borde, en unos instantes pasaron por su mente los momentos más bellos de su vida. Bajó del borde, se dejó caer llorando en la caliente acera. ¡ No tenía valor ni siquiera para quitarse la vida!

Vivía en una azotea de un inmueble de la calle Cuba en La Habana Vieja. Una amiga le había permitido construirse allí una especie de choza y también le había autorizado a dar su dirección y teléfono a la amiga de Holanda. Al subir la escalera hacia su choza, se encontró con la brillante sonrisa de Carmita, allí estaba ella, había venido a casarse con él.

Todo fue muy rápido gracias a los dólares y euros de Carmita: boda, permisos de salidas, visas y viaje. Almorzamos en el espléndido restaurante del American Hotel, después nos fuimos a pasear por el Vondelpark y más tarde nos fuimos a su casa. Una bella residencia a orillas del Nieuwe Meer, lago de los arrabales elegantes de la ciudad. Su esposa nos llamó por teléfono desde Washington en donde estaba para visitar a uno de sus hijos y nietos. Tomamos Dom Pérignon servido por una camarera, hicimos un brindis por: Mima, Don Anselmo, Manolo, Eloisa, Doña Luz del Alba y por mis padres.

Ya de madrugada nos acompañó al hotel en su elegante coche. Nos despedimos con un gran abrazo fraterno. Le regaló a mi esposa una cajita y le dijo que no podía abrirla hasta que entrara en la habitación. El contenido de la cajita roja era un par de pendientes de Cartier, en forma de una perla gris bajo la cual hay un diamante pequeño.

Titi vendrá en el verano a París con su esposa, pasearemos juntos, recordando los tiempos de nuestra niñez en la ex-Perla de las Antillas. Nuestro sueño común es poder algun día caminar por las calles de nuestra infancia en una Cuba Libre. Un gran abrazo desde estas lejanas tierras de la Vieja Europa,

 

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