El grabado de “La mujer de la flecha” (1661), es un admirable ejemplo de maestría. Su espalda es preciosa. ¿Se trata de Venus con la flecha de Cupido en su mano o quizás de Cleopatra que espera a Marco Antonio?
El autorretrato grabado, de apenas unos centímetros cuadrados, titulado “Autorretrato con mirada de sorpresa” (1661), es de una asombrosa espontaneidad. Rembrandt pintó 55 autorretratos (sin contar los grabados). Una serie feroz de su lenta metamorfosis, que ilustra la acción del tiempo sobre su rostro. ¿Qué pensarán los psicoanalistas?
La casa se alza en el corazón de lo que fue el barrio judío (Jodenbuurt), donde al pintor le era muy fácil encontrar a inmigrantes españoles, portugueses, alemanes u otros venidos desde el este de Europa, huyendo de la intolerancia, para que le sirvieran de modelos de héroes bíblicos en sus cuadros.
Desgraciadamente, casi todo el barrio fue destruído durante la Segunda Guerra Mundial y sólo por milagro, la casa de Rembrandt quedó intacta.
El calvinista Harmen Gerritz van Rijn, poseía un molino a orillas del Rin, donde trabajaba la malta para una cervecería de la capital. Se casó con la católica Cornelia Willemz van Zuybroeck, con la cual tuvo 9 hijos, de los cuales el octavo nació el 15 de julio de 1606 y fue bautizado con el nombre de Rembrandt van Rijn. En 1620 Rembrandt se matriculó en la Universidad Protestante de Leiden, para estudiar Letras. Pero muy rápido se dio cuenta de que lo que le interesaba era la pintura. Por tal motivo abandonó la universidad y entró en el atelier de Jacob Isaacz van Swanenburgh. Despues de tres años, en 1624, pasó a ser alumno de Pieter Lastman y sólo un año después se instaló como pintor independiente. No había cumplido aún los 19 años.
Gran amigo del pintor Jan Lievens, compartía a menudo su atelier con él hasta el 1631. Pintaban los mismos temas, pero Rembrandt en dimensiones más pequeñas. La gloria de Rembrandt comenzó cuando el Príncipe de Orange Frédéric-Henri de Nassau le encargó varios cuadros. El pintor se volvió célebre y rico. Trabajaba, vendía y compraba a manos llenas. En 1642 pintó “La Ronda de Noche”, que pude admirar en el Rijksmuseum. Se trata de la obra más famosa de Rembrandt, cuyo nombre original era: “La compañía del capitán Frans Banningh y de su teniente Willem van Ruytenburch”.
Fue el mismo capitán el que encargó el cuadro, para inmortalizar a su compañía que había tenido el privilegio de servir de guardia de honor a María de Médicis durante su visita a Amsterdam en 1638. Las cualidades estéticas de ese cuadro son conocidas hogaño universalmente. En ese cuadro que representa a la milicia burguesa, nuestro pintor hace gala de su maestría en la técnica del claro-oscuro. Hay que poner de relieve que los rostros de ninguno de los numerosos personajes que aparecen en él son conocidos, e incluso las proporciones son inexactas, el teniente es demasiado pequeño. Uno se puede preguntar: ¿qué hace allí la insólita presencia de la niña muy iluminada? El cuadro es símbolo del desorden, en un lugar donde debía de reinar el orden. Parece como si pintor se hubiera querido burlar de la vanidad de los modelos, que se desempeñaban un trabajo oficial sin correr ningún peligro.
En ese mismo año 1642, falleció de tuberculosis su esposa Saskia. Rembrandt fue destruído por el dolor, dejó de interesarse por sus modelos, no entregaba los cuadros a tiempo, prometía y no cumplía. El drama de Saskia y la muerte de su hijo Titus en 1668 lo llevaron a la muerte en 1669. No podía seguir viviendo sin ellos. Rembrandt se había endeudado tanto, que a su muerte, sus bienes fueron confiscados y vendidos en subastas para pagar a los acreedores.
Tengo un bello libro sobre la obra del genial Rembrandt, que compré en la tienda del Rijksmuseum para enviártelo cuando algún galo conocido vaya a pasear por la ex-Perla de las Antillas. En la pared de mi w.c. coloqué las reproducciones de los dos grabados de los campesinos orinando, que compré en la tienda del Museo de la Casa de Rembrandt. Un gran abrazo desde la Ciudad Luz, te quiere siempre,
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