



Por Félix J. Hernández, París, Francia
Mi querida Ofelia: Dedicamos una mañana a la visita de la casa de Ana Frank. Recordé tanto a Doña María Fundora, mi encantadora maestra de segundo grado, que en mi terruño villaclareño de Camajuaní, un día me explicó “la historia de la niña judía de un país muy lejano- país lleno de molinos de viento y donde los niños iban a la escuela con zapatos de madera-, llamado Holanda, que había vivido escondida con su familia detrás de un librero...”
Al llegar a casa de mi pobre e iletrada abuela , le pregunté: “¿mamá, qué es un judío?” Ella me respondió: “¡son gentes malas que mataron a Cristo!”
Para mí fue una confusión enorme. Julita Bueno, la vecina que había oído mi pregunta, metió la cuchareta: “Félix José, los judíos son los turcos y los polacos”. Quiero que sepas que así se les llamaba a los judíos en mi pueblo natal. Incluso al cementerio hebreo que estaba a la entrada del pueblo a la izquierda viniendo de Santa Clara, todos lo llamaban el Cementerio de los Turcos. Por otra parte, a la sinagoga que estaba en el cercano Central Fé, le llamaban la Iglesia de los Turcos.
Ana Frank fue una de las numerosas víctimas de la persecución de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Hitler llegó al poder en Alemania en 1933, los Frank decidieron trasladarse a Holanda. En 1940, los nazis alemanes ocuparon este país y adoptaron una serie de medidas dírigidas contra los judíos; los Frank intentaron eludirlas, ocultándose.
El 6 de julio de 1942, Otto Frank, su mujer Edith Hollánder y sus hijas Margot y Ana se refugiaron en el edificio del canal Prinsengracht. Luego se unirían a ellos Hermann y Auguste van Pels, su hijo Peter y Fritz Pfeffer.
El edificio consta de dos partes: una «casa de delante» y una «casa de atrás». En la casa de delante funcionaba la empresa de Otto Frank, que incluía un almacén en la planta baja y, en las plantas superiores, las oficinas y un depósito. El almacén se extendía hasta la planta baja de la casa de atrás. En la parte superior permanecían los ocho escondidos. Al cabo de algo más de dos años, alguien los delató y fueron deportados. Los muebles fueron confiscados por orden de los alemanes. Al terminar la guerra, Otto Frank quiso que la casa quedara vacía.
Durante su estancia en la casa de atrás, Ana Frank escribió un diario, en el que describió la vida cotidiana de los allí escondidos, su aislamiento y el miedo permanente a ser descubiertos. El diario se publicó por primera vez en Holanda en 1947 y ha sido traducido a más de 60 idiomas.
En la antesala del sector donde funcionaba la empresa de Otto Frank, se puede ver una de las últimas fotografías de su hija Ana, que data de 1942.
“Algun día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos. Nunca podemos ser sólo holandeses o sólo ingleses o pertenecer a cualquier otra nación : aparte de nuestra nacionalidad siempre seguiremos siendo judíos, estaremos obligados a serlo, pero también queremos seguir siéndolo”. Ana Frank, 9 de abril de 1944
“De día tenemos que caminar siempre sin hacer ruido y hablar en voz baja, para que no nos oigan en el almacén”. Ana Frank, 11 de julio de 1942.
Otto Frank era titular de dos empresas: una de ellas distribuía el gelatinizante para mermeladas Opekta; la otra, llamada inicialmente «Pectacon» y luego «Gies & Co.», producía condimentos para carnes. Las especias necesarias para ello se molían en un sector del almacén. Las personas que trabajaban allí, no sabían que por encima de ellas, en la casa de atrás, había ocho personas escondidas.
“El jueves por la noche estuve abajo con papá e hice las listas de deudores en el despacho de Kugler. Estar allí me dio bastante miendo, y cuando acabé la tarea sentí un gran aluvio”. Ana Frank, 7 de noviembre de 1942.
El personal de la oficina ayudaba a los escondidos, trayéndoles diariamente alimentos, libros y periódicos. En una vitrina se exponen el documento de identidad de Victor Kugler y la revista de cinematografía que solía traerle a Ana. A efectos oficiales, Kugler era el director de «Gies & Co.»: a principios de 1941, cuando a los judíos ya no les estaba permitido poseer empresas, Otto Frank tranfirió la titularidad de las suyas a sus protectores Victor Kugler y Jo Kleiman. Sin embargo, en la práctica seguirá siendo él su director, reuniéndose a diario con Kuglery Kleiman incluso desde su escondite.
“Nuestros protectores, que nos han ayudado hasta ahora a sobrellevar nuestra situación. Jamás les hemos oído hacer alusión a la carga que seguramente representamos para ellos”. Ana Frank, 28 de enero de 1944.
“Margot y yo hemos elegido para nuestro chapoteo la oficina grande. Los sábados por la tarde cerramos las cortinas y nos aseamos a oscuras. Mientras una está en la tina, la otra espía por la ventana entre las cortinas cerradas”. Ana Frank, 29 de septiembre de 1942.
Entre semana, en el despacho de Miep Gies, Bep Voskuijl y Jo Kleiman se trabajaba normalmente. Una vitrina contiene, entre otras cosas, los documentos de identidad de ambas mujeres y la máquina de escribir que utilizaba Miep Gies.
“Miep parece un verdadero burro de carga, siempre llevando y trayendo cosas.Casi todos los días encuentra verdura en alguna parte y la trae en su bicicleta, en grandes bolsas colgadas del manillar. ”Ana Frank, 11 de julio de 1943.
“Bep y Kleiman también cuidan muy bien de nosotros, de verdad muy bien”. Ana Frank, 26 de mayo de 1944.
“Ayer, mirando por entre las cortinas, vi pasar a dos judíos... como si los hubiera traicionado y estuviera espiando su desgracia”. Ana Frank, 12 de diciembre de 1942.
«A muchísimos de nuestros amigos y conocidos se los han llevado a un horrible destino. Noche tras noche pasan los coches militares verdes y grises. Nadie escapa a esta suerte, a no ser que se esconda». Ana Frank, 19 de noviembre de 1942.
En la parte posterior de esta planta se guardaban las especias. Como éstas no debían exponerse a la luz solar, las ventanas estaban pintadas. Así, desde ninguna parte de la casa de delante se veía la casa de atrás. Una sala hacía las veces de depósito. La fotografía de la ventana muestra la redada llevada a cabo a orillas del canal Geldersekade, de Amsterdam, el 26 de mayo de 1943. La vitrina contiene varios elementos que evocan las persecuciones cada vez más intensas de las que fueron objeto los judíos en Holanda.
«Después de mayo de 1940, los buenos tiempos quedaron definitivamente atrás: primero la guerra, luego la capitulación, la invasión alemana, y así comenzaron las desgracias para nosotros los judíos . Las medidas antijudías se sucedieron rápidamente y se nos privó de muchas libertades. Los judíos deben llevar una estrella de David; deben entregar sus bicicletas; no les está permitido viajar en tranvía; los judíos no pueden entrar en casa de cristianos; tienen que ir a colegios judíos y otras cosas por el estilo. Que si esto no lo podíamos hacer, que si lo otro tampoco». Ana Frank, 20 de junio de 1942
«Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero escondite. Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta que da acceso a la casa de atrás colocáramos una estantería. Ahora, cuando queremos bajar al piso de abajo, tenemos que agacharnos prímero y luego saltar». Ana Frank, 21 de agosto de 1942.
La puerta giratoria que oculta el acceso a la casa de atrás fue fabricada especialmente para este fin. Las ventanas del descansillo estaban cubiertas con un celofán opaco para sustraer a la vista la casa de atrás. La escalera hacia abajo --debajo de la plancha de vidrio a la derecha, en la esquina conduce a las oficinas. Esta era la vía utilizada por los protectores para llevar comida al escondite.
«Mamá y Margot han compartido tres camisetas durante todo el invierno, y las mías son tan pequeñas que ya no me llegan ni al ombligo». Ana Frank, 2 da mayo de 1943.