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La música de Antonio Carbonell, Pepe Montoyita y Cortés es de gran calidad. La coreografía de Cortés, lo pone de realce, pues él es el único hombre que baila a lo largo del espectáculo de una hora y media. Su maestría es innegable y logra comunicar al público un savoir faire extraordinario, además se divierte bailando. ¡Lleva la danza en la sangre!
El escenario del vetusto teatro que tanto recuerda aquellos que aparecían en las películas de Sarita Montiel: La Violetera y El Último Cuplé, estuvo inundado por las luces durante casi todo el espectáculo. Eran tantas las luces, que no dejaban de correr de un lado a otro por las paredes techo y fondo, que daban la impresión de que el espectáculo se desarrollaba en Times Square de New York o Piccadily Circus de Londres, lo cual impedía poder concentrarse en la excelente danza de Cortés o en los cantaores del Cante Jondo. ¡Qué lástima! El espectáculo fue dedicado por Cortés: « A la luz de mis ojos, mi madre ». En efecto, durante la danza Requiem (Homenaje a mi madre), apareció en el telón de fondo la foto de la bella gitana, madre de Cortés. Hubiera podido ser un momento de gran emoción si no hubiesen aparecido de nuevo tantas luces que, al supuestamente romper el cristal del cuadro, esparcían los pedazos por todo el escenario.
Las chicas me recordaban las de Le Lido de París, parecía que modelaban en lugar de bailar, era una desafortunada especie de unión de flamenco con danza moderna, pero que no lograba ser lo uno ni lo otro. La danza en la que están sentadas con los senos desnudos y envueltas las piernas en bolsas de tela, es digna del Crazy Horse de Paris, al final no hubo ni una sola persona que aplaudiera, al contrario de las ovaciones que se ganó Cortés al final de cada una de sus performances.
Las magníficas fotos del programa y de la cartelera que cubría la fachada y los soportales del teatro son de Stephanie Pistel.
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz de quien te quiere eternamente,
Félix José

Recordada Ofelia,siempre me ha gustado el flamenco con todas sus variaciones: martinetes, seguiriyas, alegrías, soleas, bulerías, jaleos, tangos, etc. Quizás yo tenga en mi sangre algo de gitano. Mi hermano, que es enciclopédico, se ha puesto a investigar y ha llegado a la conclusión de que entre nuestros antepasados hay: gallegos, asturianos, andaluces y canarios. Pues, debe de ser ese lado andaluz lo que me ha conducido a sentir pasión por el flamenco. En Cuba siempre me las arreglé para lograr asistir a los espectáculos de Antonio Gades y Cristina Hoyos y, en la Ciudad Luz nunca he perdido ni uno en estos últimos 29 años. Fue por ese motivo que cuando supe que el gran Joaquín Cortés, considerado como uno de los mejores bailaores de flamenco del mundo, presentaba un espectáculo en el Teatro Nuevo Apolo de la Plaza Tirso de Molina de Madrid, logré conseguir los billetes para el 23 de diciembre.
El vestuario diseñado por Giorgio Armani pone de relieve la belleza física de Cortés (bello como un dios de la mitología griega) y de las diez bailaoras