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BASILICA DE SAN LUCA DE BOLONIA

Félix J. Hernández, París, octubre 30

Con

Mi querida Ofelia, al fin hoy logro terminar de contarte nuestro viaje a la bella ciudad italiana de Bolonia. El último día lo dedicamos a peregrinar al Santuario de la Madonna di San Luca. Caminando desde La Plaza de la Puerta de Zaragoza, visitamos dos bellos museos y un impresionante arco, de los cuales te hago un resumen a continuación. Debo dar las gracias a la amable empleada de la Oficina de Turismo de la Piazza Maggiore que me dio todo tipo de informaciones y documentación para hacer este recorrido inolvidable.

Comenzamos por visitar El Museo de la Beata Virgen de San Luca. Está situado en la Piazza di Porta Saragozza. Fue creado con la intención de dar a conocer a la población boloñesa y a los peregrinos el patrimonio devocional, histórico, artístico y cultural ligado a la imagen de la Madonna con el Niño llamada de San Luca, que se encuentra en el homónimo Santuario de la Colina de la Guardia.

Juan y su f

amilia en La Calanque de Le Vallon des Auffes.

 

 

 

 

 

 

 

 

La sede del Museo es una antigua Puerta que se remonta al siglo XIII, constituida por una torre y dotada al origen de una parte delantera con un puente levadizo. En 1858 el complejo fue totalmente reconstruido en estilo neo-medieval, para hacer más solemne la entrada de la procesión de la Madonna en Bolonia.

Desde allí continuamos hasta La Villa Spada y el Museo histórico didáctico de tapicería. Esta bella mansión surgió sobre la antigua residencia de los marqueses Zambeccari y ocupa el lugar del edificio llamado Casino Zambeccari, creado en el 1774 en la Via di Casaglia número 3. La fecha exacta de la actual construcción en estilo neo-clásico, más ancha y totalmente diferente del edificio precedente, es incierta. Desde 1990 la Villa hospeda el Museo Histórico Didáctico de Tapicería. Este museo es un ejemplo de patrimonio artístico de gran importancia: además de ser un espacio de exposición con finalidades didácticas, ofrece también varias propuestas de estudio y de análisis para la artesanía en general y, en particular, para el tejido y la tapicería. En la actualidad el museo alberga más de 6,000 piezas. La exposición consta de tejidos italianos, del Medio y Extremo oriente y de otros continentes. Encajes, puntillas, bordados, paramentos, orlas y lazos, así como herramientas propias de tapiceros y otros utensilios (máquinas de coser, botones) se exhiben en
los tres pisos de la Villa.

 

 

 

Al pie de la colina se encuentra El Arco del Meloncello, el cual es un hito en el recorrido ascendente a lo largo de Via Saragozza; fue diseñado por Carlo Francesco Dotti con la probable intervención del escenógrafo Francesco Bibiena. Esta construcción, de planimetría curvilínea y el uso de la columna libre, representa, junto al espacio delantero de la basílica, la única muestra de arte barroco exterior presente en la ciudad. A partir de él se pasa por El pórtico.

El Porticado hacia la Madonna Di San Luca

 


 

 

 

El tramo porticado, único en el mundo por su longitud de casi cuatro kilómetros (3.796 metros), que recorrimos a pie como buenos peregrinos que somos, enlaza el Santuario con la ciudad y da amparo a la procesión que, desde 1433, lleva la imagen de Virgen con Niño a la catedral durante la semana de la Ascensión. Empieza desde el Arco Bonaccorsi en Porta Saragozza, realizado por Gian Giacomo Monti en 1674. Aél se atribuye el proyecto definitivo del tramo de pórtico de la llanura, muy sencillo y sobrio, al que debe añadirse el trabajo de su sucesor Carlo Francesco Dotti, en la segunda década del setecientos. Dotti concibió la parte final del recorrido por la colina con una dinámica variación de visiones y puntos de fuga que se suceden hasta la llegada al Santuario.

Al terminar de recorrer los cuatro kilómetros en unión de decenas de personas, en cuyas manos llevaban flores o velas, al fin llegamos al pie de la escalinata en forma de herradura que lleva a las puertas de La Basílica de San Luca.

 

 

La iglesia actual fue realizada por Carlo Francesco Dotti entre 1723 y 1757 en el lugar que había ocupado una iglesia del siglo XV; las dos tribunas exteriores fueron acabadas por su hijo Giovanni Giacomo en 1774.

Según la tradición boloñesa, el exterior prescinde de decoraciones enfáticas y solemnes y destaca por el perfil curvilíneo de la cúpula. Dentro de una planimetría elíptica, el espacio interior adquiere la forma de cruz griega culminando en el altar principal delante de la capilla de la Virgen. Entre los artistas cuyas obras adornan la iglesia, destacan Guido Reni (tercer altar a la derecha), Donato Creti (segunda capilla a la derecha), Giuseppe Mazza (capilla de San Antonio de Padua) y Guercino (sacristía mayor). Una escultura de la Virgen con el Niño en brazos, obra de Andrea Ferreri (1673) , que se encuentra sobre una columna protegida por una reja, es conocida por los boloñeses como La Madonna Grassa (la Virgen Gorda). En 1930 Ferruccio Gasparri realizó un teleférico, ahora suprimido, que con un pilar superaba el desnivel de 220 metros entre Via Saragozza y el Santuario. Al suspender el teleférico se acabaron las polémicas que habían acompañado la anulación del recorrido devocional.

Después de rezar frente a la imagen de La Madonna di San Luca, al dirigirnos hacia las puertas de la Basílica, nos percatamos que había dos sacerdotes en sendos confesionarios situados al pie de las dos inmensas columnas frente al altar mayor. El de la derecha era un afrodesceniente, estaba leyendo la Biblia a la espera de algún fiel que deseara confesar sus pecados, sin embargo el otro cura, aparentemente italiano, estaba leyendo el periódico. Me quedé mirándolo y cuando fui a sacarle una foto, se percató y la mirada que me dirigió fue como si me estuviera ofreciendo un billete sólo de ida de tren (o de avión) con destino al infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Regresamos al centro de la ciudad y nos fuimos a pasear por la bella Piazza Maggiore. Un gran abrazo desde la Ciudad Luz en donde el otoño ya hace que las hojas de los árboles comiencen a cambiar de color, la llovizna comienza a humedecer la hojarasca y las temperaturas cercanas a O° centígrados nos obligan a abrigarnos con sombreros y bufandas. Te quiere siempre, Félix José