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MIRA SI YO TE QUERRE

Por Félix J. Hernandez, Paris, Francia, junio 26 -- Mi querida Ofelia, el hallazgo inesperado de una vieja fotografía en el bolso de una señora que muere en el servicio de urgencias del hospital catalán en el que ella trabaja, hará que Montse Cambra, una doctora de 44 años, abandone su Barcelona natal para buscar a Santiago, el que fuera su primer e inolvidable amor. Comienza así un viaje que la llevará hasta el Sahara. El afán de supervivencia y la pasión de vivir de un pueblo olvidado en el desierto la ayudarán a descubrir su verdadero destino. ¡Ni el tiempo ni el desierto lograrán frenar el amor que ha vivido tantos años escondido en lo más profundo de su ser!

Mira si yo te querré es una historia de amor que se alarga en el tiempo, el retrato de dos épocas y de dos culturas unidas por un secreto, la aventura de una mujer que descubre lo más importante de la vida en la soledad del desierto.

El autor nos cuenta como Montse conoció al que sería el hombre de su vida, en las siguientes páginas de su magnífica novela:

“Ocurrió a principios del verano del 74. Montse no podía olvidar aquel detalle, a pesar del tiempo transcurrido. Fue la primera vez que sus padres se marchaban a veranear a Cadaqués y la dejaban sola en casa. En realidad nunca en su vida había estado sola. Tampoco aquel verano lo estuvo. En la casa de la Vía Layetana se había quedado una chica del servicio, Mari Cruz, que le hacía la comida, la cama y cuidaba de la niña. Montse había cumplido apenas un mes antes 18 años, y había terminado COU con notas excelentes. Sin embargo, su padre consideró que para estudiar la carrera de Medicina hacía falta algo más que un expediente brillante. Por eso Montse, en contra de su voluntad, se tuvo que quedar sin veraneo por primera vez en 18 años. Y, mientras los días pasaban anodinos y sin sobresaltos a orillas del mar, ella asistía cada mañana y tarde a una academia para reforzar las Matemáticas, la Qquímica y aprender alemán.

La Academia Santa Teresa estaba en el entresuelo de un edificio de la Avenida del Generalísimo Franco. En el primer piso, una academia de baile impartía clases en horario intensivo de verano desde 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Mientras Montse y Nuria trataban de concentrarse en logaritmos neperianos, las mesas del aula temblaban al taconeo de las sevillanas, o seguían el ritmo roto del tango. En semejantes condiciones era muy fácil que la mirada se perdiera por la ventana, y detrás de la atención, que se iba entonces detrás de algún muchacho apuesto, o a los escaparates de la acera de enfrente. Pero la monotonía de aquel verano se rompió muy pronto, en los primeros días de julio, precisamente la tarde en que Montse y Nuria esperaban el autobús sin la esperanza de que nada las salvase del hastío del verano y del calor. Y tal vez el aburrimiento fue lo que llevó a las dos amigas a fijarse en aquel descapotable blanco, con una matrícula muy grande, que se había detenido al otro lado de la calle. Era un coche extranjero, probablemente americano. Además del modelo inusual, les llamó la atención que sus ocupantes fueran dos muchachos jóvenes, guapos, muy bien vestidos y que no paraban de mirarlas. Ninguna de las dos amigas se atrevió a hacer comentarios, pero ambas sabían que antes o después les iba a suceder algo que no solía ocurrir todos los días. En efecto, con una maniobra espectacular y peligrosa, el vehículo cruzó la avenida y se detuvo en la parada del autobús. Aquélla fue la primera vez que Montse vio a Santiago San Román. Aunque el muchacho apenas tenía 19 años, la brillantina, la ropa y el coche lo hacían mayor. Santiago y su compañero se bajaron casi al mismo tiempo y se acercaron a las dos muchachas. «Acaban de suspender el servicio de autobuses en esta línea—dijo con un acento que enseguida lo delató—. Nos acabamos de enterar yo y el Pascualín». La gente que esperaba en la parada se miró con cierta incredulidad, poniendo en duda las palabras de aquel charnego. Sólo Montse y Nuria sonreían, picadas por la curiosidad. «Será cosa de dos días o tres, como mucho», añadió el tal Pascualín. «Si no estáis dispuestas a esperar tanto, aquí el chaval y un servidor nos ofrecemos a transportaros a donde haga falta.» Y, mientras lo decía, Santiago señalaba el flamante coche. El Pascualín abrió la puerta del copiloto, y Montse, en un impulso que jamás antes había sentido, le dijo a su amiga: «Vamos, Nuria, que nos llevan». La amiga se sentó detrás con el Pascualín, y Montse ocupó un impresionante asiento de piel beige muy claro, amplio, atractivo, lujoso. Santiago San Román dudó un instante, con los ojos de par en par, sin terminar de creerse que las dos muchachitas hubieran aceptado su invitación. En realidad se puso muy nervioso cuando se sentó al volante y oyó a la joven preguntar: «¿Y tú cómo te llamas?». «Santiago San Román, para serviros», respondió en un sincero arranque de humildad que resultaba ridículo. Aquélla fue la locura más grande que Montse había hecho en 18 años”.

Esta historia intensa que se desarrolla entre ambas orillas del Mediterráneo, ganó muy merecidamente un codiciado premio literario español:

El X Premio Alfaguara de Novela.

“El 8 de marzo de 2007, en Madrid, un jurado presidido por Mario Vargas Llosa, e integrado por José Santiago Gamboa, Juan González, Mercedes Monmany, Francisco Martín Moreno y Claudia Piñeiro otorgó el X Premio Alfaguara de Novela a Mira si yo te querré, de Luis Leante.

Acta del Jurado

El Jurado del X Premio Alfaguara de Novela después de una deliberación en la que tuvo que pronunciarse sobre cinco novelas seleccionadas entre las 504 presentadas, decidió otorgar por mayoría el X Premio Alfaguara de Novela 2007, dotado con $170,000 dólares, a la novela titulada Sin nunca más olvido, presentada bajo el seudónimo Ramón Chacón, cuyo título y a una vez abierta la plica, resultó ser Mira si yo te querré de Luis Leante.

El Jurado ha valorado la fuerza expresiva con que se describen los paisajes y la vida de la última colonia española en África, convertidos en escenario de una historia de amor que marca la vida de los protagonistas”.

Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz (Murcia) en 1963. Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Murcia, actualmente trabaja como profesor de Latín en Alicante. Ha cultivado diversos géneros literarios: relato, teatro, novela, poesía, ensayo, artículos periodísticos. Ha escrito guiones cinematográficos y algunos de sus relatos han sido adaptados al cine. Ha publicado los libros de relatos El último viaje de Efraín (1986) y El criador de canarios (1996), y las novelas Camino del jueves rojo (1983), Paisaje con río y Baracoa de fondo (1997), Al final del trayecto (1997), La Edad de Plata (1998), El canto del zaigú (2000), El vuelo de las termitas (2003, 2005) y Academia Europa (2003).

Como conozco bien Barcelona y Cadaqués, lugares en los que he pasado varias vacaciones, y también el Sahara en Túnez, Marruecos y Egipto, esta novela me ha encantado. Pude imaginar perfectamente a los personajes y sus aventuras por esos bellos sitios, lo que me trajo a la mente muchos recuerdos agradables. Te la enviaré con el primer galo conocido que vaya a San Cristóbal de La Habana.

Un gran abrazo desde esta Vieja Europa de quien te quiere siempre, Félix José

Mira si yo te querré.
Luis Leante.
PREMIO ALFAGUAR A DE NOVELA 2007
308 páginas.

Portada de Alamy Images. Getty Images. Corbis.
Foto de Luis Leante de María Ángeles López.

Santillana Ediciones Generales, S. L.
Torrelaguna, 60. 28043 Madrid

ISBN: 97 8-84- 204-7195 -2


Portada del libro Mira si yo te querré
Luis Leante fotografiado por María Ángeles López.jpg

Félix J. Hernández, París, junio 27