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Félix J. Hernández, París, abril 26

Mi querida Ofelia: La gran Zoé Valdés, Zoé de Cuba, comienza su bella novela escribiendo:

“Llegué aquí porque ansiaba contemplar el mar, este mar y no otro, un mar distinto; me habían hablado tanto de él... pero este mar es demasiado azul para mi gusto, de una intensidad suprema, y por eso apabullante, hiere las pupilas de sólo mi­rarlo, atemoriza de sólo palparlo. Sin embargo, la arena es fina y blanca; hundo mis dedos en la orilla caliente y presiento una sensación extraña, como si ya hubiera repetido esta acción en unaépoca pasada, y recordara que estuve aquí hace muchos años, cuando en realidad es la primera vez que visito este lugar.

Acostada en la arena me adormilo, sueño con otros mares, con el de Santo Domingo, color verde esmeralda, plateado en

invierno, igual que el de Cuba, y con el de Saint-Malo, en la Côte Eméraude --de ahí su nombre-- en Francia. Con la obsesión de recobrar el olor, el sabor, la presencia indescriptible del mar cubano, he varado mi cuerpo a orillas de otras playas, me he sumergido en las profundidades de otros océanos, con la ansiedad de hallar la temperatura del oleaje que meció mi infancia, mi adolescencia, en la vastedad azul de Cojímar.

Yo soy una buscadora de mares, sonrío para mis adentros, y éste es el mayor del mundo, el océano Pacífico, que no lo es tanto (tan pacífico, quiero decir), debido a sus continuas tempestades. Es un mar hermoso, que cuenta algo, un mar narrativo, aunque espeso, hermético; de todas maneras valió la pena viajar desde París hasta Acapulco. Acabo de terminar un ensayo demasiado extenso y extenuante sobre la risa, y en verdad no lo he terminado tan divertida como calculaba. Entonces tomé un billete con la intención de encontrarme con quien más me hace reír en la vida, mi amigo Ramón Unzueta.

Y aquí estoy, frente a este mar aparentemente en calma, adornado en la orilla con rizos espumosos, plateados. Descubro que no muy lejos se halla otra persona. Es una mujer. En la playa estamos sólo ella y yo. Es normal, son las seis de la mañana, apenas amanece. ¿A quién se le ocurriría pasear a estas horas? Por lo visto a ella y a mí. Yo no podía dormir, y he caminado durante horas con la intención de despejar mi mente, para buscar el origen de mi desvelo, aquí, a orillas del rumor del oleaje... y nada, nada nuevo, me he dado cuenta de que no consigo pegar ojo porque necesito regresar a París y ponerme de inmediato a escribir. Ansío sumergirme de nuevo en un trabajo diferente, en la escritura de algo verdaderamente distinto de lo que hice hasta ahora. Convivir con las dudas no facilita las cosas en materia de evolución hacia los recuerdos. La mujer, de súbito, se detiene, pues hasta hace un rato daba nerviosos paseítos de un lado a otro, pisaba caracoles diminutos. Agarra los tirantes de su vestido escotado, que le desnudan los hombros, la espalda y el pecho hasta el entreseno. Es una mujer menuda, de senos pequeños. Ahora baila suavemente, tararea una canción que apenas consigo oír, la brisa --que no es muy fuerte-- desvía y deslía sus palabras, creo que es una canción en francés: «et le vent du nord... ». Su pelo rojizo sirve de túnica a la piel translúcida, luminosa. Ella sonríe y observa el trazo de sus pies descalzos en la arena. La resaca de una ola emborrona las huellas. Pareciera que la mujer vuela, su rostro es afilado como el de un pájaro.

Se aproxima hacia mí, consulto mi reloj de pulsera;pienso que terminará por preguntarme la hora, pero sencillamente no sucede así. Se agacha a mi vera, quedamos frente a frente, porque yo me inclino; coloca sus manos encima de las mías, entierra mis manos en la arena mojada.

-Eres una catadora de océanos. Yo soy una cazadora de astros --murmura. Sus pupilas relampaguean vivaces”.

Una escritora --«la catadora de océanos»-- se encuentra en la playa con una enigmática mujer que se hace llamar «la cazadora de astros». De regreso descubre que esa mujer es Remedios Varo, una pintora surrealista desaparecida 30 años atrás. Así se inicia esta mágica historia donde se cruzan dos vidas separadas en el tiempo pero unidas por el espíritu.

Remedios Varo es una de las grandes artistas de todos los tiempos, que vivió la explosión de las vanguardias en la España de los años 20, compartió las travesuras lúdicas de la Residencia de Estudiantes junto a jóvenes como Salvador Dalí y, posteriormente, participó con intensidad en los círculos surrealistas del París de entreguerras sintiendo el amor y el sexo con la misma libertad que su arte.

Huyendo de la ocupación nazi, recala, como tantos españoles, en el México de Frida Kahlo, Diego Rivera y de la pintora inglesa Leonora Carrington.

Su última aventura surrealista, escribiendo cartas a desconocidos elegidos al azar, es la punta del iceberg de una vida a contracorriente de las convenciones.

Mientras tanto, la protagonista, inspirada por la experiencia de la creadora española, se enfrentará a la violencia de su marido, un escritor venerado por el gobierno cubano. Y a pesar de las barreras que las separan, compartirá con Remedios Varo mucho más que sus ansias de libertad.

Una evocadora y hermosa novela sobre el amor y el placer, la vigilia y el sueño, el tiempo y la memoria, en torno a dos mujeres entrelazadas en el punto exacto donde los astros se zambullen en el mar.

La vida de Remedios es extraordinaria, es puro surrealismo como los platos que prepara en su cocina mexicana, sus amores intensos y apasionados en el París ocupado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, etc.

Las páginas en las que Zoé narra la escala de Remedios en San Cristóbal de La Habana son deliciosas, como llenas de emoción son las del exilio mexicano, junto a una parte de la élite intelectual europea que logró salvarse de la barbarie nazista y fascista.

Sobre esa mujer extraordinaria que le inspiró esta gran novela, Zoé de Cuba* escribe:

“Remedios Varo es una de las más grandes pintoras surrealistas del siglo pasado, pese a lo cual su obra resulta bastante desconocida. Supe de ella a través de unos amigos: me dediqué entonces a estudiar su pintura y me fascinó su misterio. A partir de ahí las resonancias de ese misterio poblaron mi escritura. Empecé a identificarme con su vida, leí todos los libros que se habían publicado sobre ella y me di cuenta de que concebíamos la existencia y el arte de la misma manera: la vida no merece la pena ser vivida sin arte. Una tarde, en una playa, tuve el presentimiento de que me rondaba muy de cerca, que escuchaba mis susurros, y aunque sé con claridad que esas visiones forman parte de mi cotidianeidad como escritora, no he querido que Remedios Varo desaparezca como lo han hecho personajes de mis otras novelas una vez terminadas.

Escribí La cazadora de astros para que ella no se fugara de mí nunca. Y creo que lo conseguiré, porque a través de su historia he podido contar la mía, sin rencores, con pasión, con amor, con razón”.

Hay un párrafo sobre Remedios que me impresionó mucho: “Nunca aceptó tener hijos. Abortó de Benjamin Péret, no fue traumático. Ella era la madre de la luna. No tenían dinero, no podían tener hijos sin dinero. Sin embargo, adoraba a los niños, por eso quiere tanto a Xavier y a Amaya, los hijos de Lizarraga... Pero ella era muy pobre. Tan pobre que se moría de frío, y no veía del hambre. Los hijos nacerían enfermos, medio
muertos, marcados por la guerra, no deseaba hacerlos herederos de la miseria... La miseria del ser humano, forzosamente, los habría contagiado.

El día que pintó La cazadora de astros sabía que estaba pintando su vida, la luna encarcelada, su libertad conquistada y esa protección que imaginaba entregar a sus hijos, los que no tuvo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La protagonista Zamia, se ve rodeada de “segurosos” disfrazados de diplomáticos cubanos en la Ciudad Luz. Sus amantes y el amor desbordande que es capaz de ofrecer y recibir de ellos, la salvan de la atmósfera kafkiana en la que se ve obligada a vivir, en esta espléndida capital del Viejo Mundo. Sus regresos a Cuba la llevan al reencuentro con todo tipo de penurias y de nuevo con los “compañeros”. Pero también con amigos y familiares, los que le llenan ese vacío que la lejanía profundiza cada día más en cada uno de los que añoramos nuestra tierra natal y, las calles que recorrimos durante la primera parte de nuestras vidas, en la hogaño Isla del Dr. Castro.

Es una bella novela que confirma una vez más, como si fuera necesario, el gran talento de escritora de Zoé Valdés. Como de costumbre, te la haré llegar para que la puedas leer y después lo hagas circular entre los amantes de la buena literatura cubana, que se crea por estos lares europeos en el exilio.
Te quiere siempre,
Félix José

*Zoé Valdés nació en 1959 en La Habana, ciudad donde estudió Filología y que abandonó a mediados de los años noventa. En 1993 apareció en Francia y en Cuba su primera novela, Sangre azul. En 1995 su novela La Hija del Embajador consiguió el premio de novela breve Juan March Cencillo, de Mallorca; a esta obra le siguieron La nada cotidiana (premio Litera­turpreis de Frankfurt), Cólera de ángeles, Te di la vida entera
(finalista del premio Planeta), Café nostalgia, Querido primer novio, El pie de mi padre, Milagro en Miami, Lobas de mar (premio Fernando Lara de novela), La eternidad del instante, novela publicada en Plaza & Janés que ha obtenido el premio de novela Ciudad de Torrevieja, y Bailar con la vida. Es chevalier de la Legión de Honor de las Artes y las Letras de Francia, y tiene un doctorado Honoris Causa de la universidad de Valenciennes. Ha publicado ensayos sobre la realidad cubana y libros para niños mientras continúa su obra poética con Los poemas de La Habana, Cuerdas para el lince o Breve beso de la espera. Su obra ha sido traducida a más de 25 idiomas, con una extraordinaria acogida por parte de los lectores y de la crítica. Actualmente reside en París.

www.zoevaldes.com.fr
www.zoevaldes.skyblog.com
www.zoeatelier.skyblog.com


*La cazadora de astros.
Primera edición: octubre, 2007, 343 páginas.
Zoé Valdés
Random House Mondadori, S.A. Travessera de Gracia, 47-49.
08021 Barcelona
© 2007, de la ilustración interior: La cazadora de astros, cuadro de Remedios Varo
Printed in Spain - Impreso en España
ISBN: 978-84-01-33642-3

LA CAZADORA DE ASTROS