



Primavera Digital, José Fornaris, Managua, La Habana, 28 de enero -- Emilio Ichikawa pertenece al grupo de los que, en la otra orilla del Estrecho de la Florida, denominan cubanólogos. A cada rato --he podido verlo en varias ocasiones--, lo llaman al programa “A Mano Limpia” del canal 41 de la televisión de Miami, para que opine sobre distintas situaciones de la realidad cubana. Lo presentan como filósofo y algo más que en estos momentos no recuerdo.
También he leído en ocasiones algo de lo que él escribe. A lo último de su autoría que tuve acceso fue a un artículo, publicado en su blog el día 6 de enero, titulado “Obras: Planos y Construcción de la Democracia en Cuba”.
Ahí plantea ir a la creación en la Isla de una sociedad civil, y a los efectos dice: “Forzar una sociedad civil, porque crearla desde abajo cuesta mucho tiempo”.
Recuerdo que hace varios años existía por estos lares un Colegio de Ingenieros y Arquitectos y una Asociación Pro Arte Libre, ambos fuera de la égida gubernamental. Pero todo eso se derrumbó porque todos o casi todos sus integrantes, salieron hacia el exilio.
Ahora hay una Asociación de Juristas que tiene, hasta el momento, cerca de 50 integrantes, otra de periodistas con decenas de miembros, un club de escritores y una emblemática organización de mujeres: las Damas de Blanco.
Y eso es sociedad civil. Quizá no tiene los altos vuelos de blasones, con cánones de la antigua Grecia, a los que parece aspirar Ichikawa, pero está llena de esfuerzos, sacrificios y, en no pocos casos, heroísmo criollo.
Su hipótesis, al parecer, tiene como base que el intercambio y acercamiento sea entre cubanos con mucho reconocimiento internacional en distintas esferas y estadounidenses del mismo rango. Da la impresión que apuesta por resolver la problemática cubana a través de esos contactos.
Esos encuentros --es el ejemplo que pone a la hora de ilustrar su presunción- se realizarían en la
Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
¡Chico, mejor sería en el Parque Central, la Bodeguita del Medio o en la propia casa de algunos de esos representantes de la vida y el destino, seleccionados para, cabalgando sobre algún místico árgano, poner a la isla en la senda de la democracia!
No estoy en contra de la idea de Ichikawa; al fin y al cabo, todos los cubanos tenemos el derecho y la obligación de ocuparnos y preocuparnos por el país donde nacimos, pero me parece que lo sensato sería dirigir la actividad a lograr que los organismos internacionales descalifiquen a la sociedad civil oficial, porque eso es un contra sentido, y que se apoye de manera más decidida a la que actualmente existe, aunque no sea para todo el mundo la idónea.