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UNA POLÉMICA INNECESARIA

Por Jorge Hernández Fonseca, Brasil, 3 de agosto

Una nueva polémica, innecesaria y accesoria, se abre a nuestros ojos de cubanos carentes de libertad. Estados Unidos acaba de nombrar un 'coordinador para la transición cubana' en la persona de un ciudadano norteamericano que será destacado en el Departamento de Estado, a las órdenes de Condolezza Rice. Se trata de Caleb McCarry, un ex funcionario del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes y del Consejo Nacional de Seguridad de EUA.

La reacción de la Dictadura no se hizo esperar: "injerencia yankee", dijo, e indujo a una manifestación de protesta de la izquierda mexicana ante la embajada norteamericana en Ciudad de México; a declaraciones de Felipe Pérez Roque sobre el salario del recién nombrado (?), conjeturando además su improbable visita a la Isla ("nunca pisará Cuba" dijo); provocó declaraciones de Ricardo Alarcón,

asegurando que el coordinador "centralizará los esfuerzos para tratar de derrotar la revolución" e incentivó un artículo de Granma en el tono apocalíptico a que ya nos tiene acostumbrados.

 

Simultáneamente, una buena parte de la oposición tanto interna como externa, exteriorizó su desaprobación a la decisión norteamericana, calificando el hecho como de una interferencia inconveniente para la lucha del pueblo cubano contra la Dictadura, porque --según consideran-- daría oxígeno al Dictador agonizante. La importancia del tema y el momento crítico que vive la patria, amerita un análisis.

Antes de entrar en el mérito del debate, es importante decir que la posición que se adopte con relación a este tema, nada significa en cuanto a la actitud opositora o pro dictatorial. Esta es una decisión norteamericana en la cual los cubanos no hemos intervenido y el hecho de que una parte de la oposición interna rechace ver este nombramiento como algo positivo para la derrota de la Dictadura, no quiere decir que los que ven el aspecto positivo de la acción norteamericana, cometan ningún tipo de desliz que pudiera interpretarse como falta de solidaridad con los luchadores anticastristas.

El polémico nombramiento tiene varias facetas, todas decurrentes del foco prioritario de análisis --y desde luego-- de la valorización que se haga del hecho concreto. Significa esto que si el foco de análisis es la jerarquización de la 'independencia' de Cuba, se concluye indudablemente la existencia de una 'interferencia' de EUA, aunque ésta sea para acelerar la caída del Dictador; pero si el foco fuera la libertad política y la mejora material de los cubanos de la Isla, pudiera cambiarse el calificativo de 'interferencia' por el de 'apoyo' al pueblo cubano para conseguir la transición. Y en ese sentido, si al nombramiento del funcionario estadounidense se le da la valoración de 'apoyo a la oposición al castrismo', probablemente sería considerado como un mal menor.

En general --y guardando las diferencias-- este nombramiento tiene un sello similar al decreto norteamericano que materializó el embargo económico a Cuba --otro foco de división entre cubanos opositores-- evidentemente persiguiendo la jerarquización de los intereses norteamericanos en la Isla (no la de los cubanos), sobre todo ahora, que la debilidad del régimen se ha mostrado en toda su magnitud y Europa amenaza, más velada que efectivamente, la hegemonía tradicional de EUA en la política de la Isla.

Este nombramiento va dirigido en primer lugar a socavar al Dictador, porque está encaminado a minar su poder dictatorial, colocando fuera de las fronteras de la Isla bajo su control dictatorial, el centro de un proceso que inevitablemente ocurrirá en Cuba tarde o temprano: la transición a la democracia. Desde el punto de vista opositor, la pregunta debería estar relacionada --según mi personal punto de vista-- a la conveniencia táctica de acelerar el desmantelamiento del aparato dictatorial, aprovechando esta polémica decisión de EUA y de ahí la necesidad de profundizar en el análisis.

En primer lugar, es importante reconocer que la problemática cubana actual tiene un importante componente internacional. En los extremos del eje de intereses internacionales relacionados con Cuba, se sitúa Europa en un extremo y Estados Unidos en el extremo opuesto. La relevancia de este eje decore principalmente de la interferencia que la dictadura cubana siempre ha ejercido en la arena internacional, financiando guerrillas en toda Latinoamérica, enviando tropas regulares a África y creando organizaciones y congresos internacionales para oponerse --incentivando y financiando-- la política "democrática" tanto europea como norteamericana, en el plano mundial. Los cubanos no somos los únicos afectados por la Dictadura --aunque somos las principales víctimas-- y es lógico que otros afectados --sobre todo los poderosos-- quieran actuar también contra el Dictador en este momento de debilidad evidente.

Vale decir entonces que este paso norteamericano se da básicamente por razones geopolíticas, más que por interés norteamericano en absorber la República de Cuba, incorporándola al cuerpo de la Unión estadounidense, temor que subyace tras las dudas con el nombramiento de este coordinador. La necesidad de incorporar estados bajo una misma bandera es innecesaria en las condiciones de globalización actual, porque existen medios más efectivos para conseguir fines hegemónicos. EUA con esta decisión está sobre todo marcando posiciones ante una Unión Europa que ha tomado sucesivas y recientes acciones en la política interna cubana y que ha influido de manera creciente en la economía discriminatoria de la Isla en el pasado inmediato.

Por eso, la decisión norteamericana de nombrar un coordinador para la transición cubana, además de ser una seria señal a la Dictadura, es también --y en un segundo lugar preponderante-- una señal a la Unión Europa en general (y a España en particular) con una lectura inequívoca: "si algún país influirá desde el exterior en el futuro económico, político y social de la isla, este país es EUA y no otro". Y es exactamente eso mismo lo que nos ha estado queriendo decir España (temerosa ahora por el futuro de sus intereses en la Isla) desde que convenció a toda Europa a hacer un cambio de política hacia la Habana, con antecedentes que se remontan a los años 90 a través de fuertes inversiones.

Dicho lo anterior, resta analizar las consecuencias que tendría para la Isla (y para los cubanos) semejante nombramiento, tanto en la lucha contra la Dictadura, como en el futuro democrático de la nación cubana.

Es importante constatar que los cubanos estamos ante un hecho consumado, ejecutado por un país independiente sin violar sus normas legales. Igual que con el tema del embargo, podemos aprobar o desaprobar las decisiones y las medidas, básicamente porque involucran a nuestro país, pero en cualquier caso se trata dedecisiones tomadas por un país del cual los cubanos opositores en general --y losque estamos en diáspora por el mundo en particular-- hemos tenido sobradasmuestras de solidaridad y buena voluntad, sin que esto signifique nuestra renuncia a defender los intereses que consideramos legítimos como país idependiente y soberano.

Si se trata de caracterizar el nombramiento del coordinador norteamericano para la transición cubana, tenido en cuenta que el mismo obedece a intereses estadounidenses, no existen dudas que hay una injerencia de EUA en los asuntos internos cubanos, en este caso de la Dictadura. En similar sentido creo que vale la pena también decir que tampoco puede caber dudas en cuanto a que las tímidas sanciones europeas del año 2003, cuando la dictadura fusiló tres jóvenes y condenó a largas penas de cárcel a 75 patriotas, también se constituyó en otra injerencia --una injerencia positiva, pudiéramos decir-- pero con la convicción de que lo justo

Hay que decir además que la desgracia principal del pueblo cubano no es la destrucción causada por el paso del huracán Dennis; el problema básico claramente es la presencia en las riendas del gobierno en La Habana de un régimen despótico y envilecido que pretende perpetuarse en el poder y la presión para conseguir el levantamiento unilateral del embargo económico -una mejora en sus relaciones con EUA sin negociar los diferendos- es el objetivo primordial en este camino de perpetuación del régimen.

No fue el embargo el causante de la situación actual de la isla y se percibe detrás de este intento estratégico, el interés del Dictador y sus seguidores para perpetuar su sistema de ordeno y mando a través de la legitimación norteamericana que este levantamiento implica, permitiendo a Raúl Castro asumir el control del gobierno a la muerte del déspota.

El embargo norteamericano, contrario a lo que se dice con frecuencia, es una política efectiva contra la Dictadura; sino fuera así, el "Comandante en jefe" no pediría -en cada momento y aprovechando cualquier ocasión propicia- su eliminación unilateral.

El levantamiento del embargo debe ser tratado con todo el peso que esta política conlleva en una mesa seria de negociaciones, cuando el Dictador esté dispuesto a pagar el precio que su erradicación implica, asociado siempre a una democracia plural para Cuba.