



SUCESIÓN Y TRANSICIÓN ¿PARTE DE UN MISMO PROCESO?
Por Jorge Hernández Fonseca, Brasil
Concluye julio con hechos significativos en la lucha de los cubanos contra la dictadura de Fidel Castro, dentro y fuera de Cuba, todos los cuales señalan inequívocamente la aceleración de los acontecimientos que darán al traste con la Tiranía que oprime a la nación cubana.
El mes comenzó con el fatídico paso del huracán Dennis por varias provincias de la Isla, destruyendo pueblos y ciudades del interior del país, desde Oriente hasta La Habana, afectando también las provincias centrales con furia sin igual. La actitud del Dictador durante el paso del huracán y sus posterior comportamiento en el período de recuperación que le siguió, son sintomáticos de un fuerte deterioro de su capacidad de mando, carente ya de la fuerza que lo caracterizó siempre y demostrativo de su irreversible involución física y mental.
El déspota rechazó la ayuda norteamericana (cosa que hasta pudiera justificarse por la vieja estrategia usada para tratar de que le levanten el embargo) pero sin explicaciones de ningún tipo rechazó una ayuda no ofrecida por la Unión Europea, en medio de un ataque crítico --inexplicable y extemporáneo-- a las medidas adoptadas por Europa en 2003, ya sin efecto desde inicios de este año gracias a polémicas gestiones de su amigo Rodríguez Zapatero.
Adicionalmente -y en línea con su deterioro mental- el déspota acusó al huracán Dennis nada menos que de “mercenario”, por el simple hecho de que había tocado tierra (por segunda vez en la isla) en las inmediaciones de Cienfuegos, muy cerca de donde se había efectuado la batalla de Bahía de Cochinos en 1961 y quizá recordando que al entrar en Oriente --y procedente de la Sierra Maestra, donde destruyó su “Comandancia”-- salió por “Las Coloradas”, lugar del desembarco de su yate Granma, haciendo un viaje inverso al de su “revolución”.
Como si todo esto fuera poco, dijo que el paso del ciclón había sido una “batalla”, que los muertos durante el paso del huracán habían sido “bajas de guerra” y que el fenómeno atmosférico había desviado su ruta rumbo a La Habana por temor al “enfrentamiento”, concluyendo que los destrozos dejados por Dennis a su paso por la isla habían sido “una victoria”. Ni siquiera Mao Tse Tung en su peor época de chochera habló tantas sandeces. Este espectáculo bufo y senil tuvo que ser tolerado, aplaudido y considerado “adecuado”, por un grupo de incondicionales --personas adultas todos ellas-- que de esta manera grotesca muestran su desprecio a Cuba y a los cubanos en desgracia. Estos satélites dictatoriales no merecen ni que se les mencione por su nombres en el venidero futuro de la patria agraviada. Pero el paso del huracán sucedió en un contexto complejo. Desde inicios de marzo la Dictadura había comenzado un acelerado proceso de “sensibilidad social”, algo inédito en la historia reciente de la ‘revolución', que esta vez se manifestó a través de un programa semanal de TV, “Aló Dictador”, del mismo corte y estilo del programa de Hugo Chávez en Venezuela, con el objetivo de ilusionar --si todavía esto fuera posible-- al pueblo cubano con promesas de comida, ollas, ventiladores, electricidad y aumentos de sueldos, entre muchas otras promesas, tratando de hacer en tres meses todo lo que no se había sido hecho en 46 años de pesadilla fidelista. El Dictador se atrevió a colocar el “futuro luminoso” al alcance de la mano, cosa nunca hecha antes, y prometió electricidad abundante para “el verano”. Juró repartir cuotas adicionales de huevos, distribuir “chocolatín” (¿será el Kresto de los años 50?) repartir ollas de presión ‘nuevas' y dar a cada familia una “olla arrocera eléctrica”, es decir, prometió lo que toda familia humilde tiene en cualquiera de los países de América Latina, sobrándoles aparatos. La fantasía no se concretó. No hubo chocolatín, ni ollas, pero sobre todo, no hubo electricidad ni ventiladores. Se suspendieron los “Aló Dictador” y llovieron las acusaciones cruzadas en la oscuridad pero nunca el dedo apuntó al canalla principal. Ahí llegó el ciclón.
EUA se beneficiaría alejando el espectro de una estampida balsera a la muerte del dictador y procuraría, en la casi segura debilidad del nuevo gobierno de Raúl, una brecha futura para ejercer su influencia geopolítica, para lo cual se reserva un arma estratégica: el embargo. La Unión Europea, encabezada por España, ve en este acuerdo la protección tanto de sus intereses económicos inmediatos como de sus inversiones en la isla durante el proceso que le sigue a la muerte del dictador, hasta poder definir un futuro geopolítico más estructurado. Raúl Castro, ofrece seguridad y orden, a cambio de un apoyo para suceder a su hermano al frente del gobierno, robablemente prometiendo además cierta apertura gradual y paulatina a determinados remiendos democráticos, que le permitan gobernar hasta su muerte.
La parte de la disidencia comprometida en el acuerdo, además de dar cierta legitimidad opositora (nadie es dueño de la oposición) garantizaría cierto acceso a las riendas del gobierno, así como determinada libertad de movimientos en la isla, que le permitirían ganar popularidad, para cuando llegue el momento del juego democrático real, estar en ventaja. ¿Existe semejante acuerdo? Es difícil de saberlo a ciencia cierta, pero los acontecimientos casi demuestran que hay algo en ese sentido.
Primero, la aparente permisividad del régimen con la oposición interna y la condena --pero no prohibición-- del Dictador a los actos disidentes en su discurso del 26 de Julio.
Segundo, la respuesta europea permitiendo a la Tiranía hacer y deshacer a su gusto, ante actos de represión evidentes.
Tercero, la creación oficial en el Departamento de Estado de EUA de un cargo para “Coordinar la transición en Cuba”. Cuarto, la condena atenuada, casi simbólica, del cubano-americano sorprendido mintiendo a las autoridades de EUA en un tema tan sensible a la seguridad de EUA como el caso Cuba.
Existen otras inferencias, como el convencimiento de opositores internos informados, que en el exterior han manifestado su convencimiento pleno de una sucesión inicialmente encabezada por Raúl, a partir de la cual se hará la transición, viendo el proceso no como una disyuntiva entre transición o sucesión --como hasta ahora se ha analizado-- sino más bien como una secuencia obligada de una sucesión inicial, precediendo a la transición, de manera que ambos acontecimientos sean parte de un mismo proceso, en línea con la existencia de un acuerdo.
A partir de lo expuesto, varios escenarios se abren al futuro, para los cuales debe dedicarse otro análisis detallado. Sin embargo, algo importante ya resulta conclusivo a partir de lo sucedido durante este primer semestre de 2005, la Dictadura, con el rostro que la hemos conocido los últimos 46 años, está en sus finales.
La situación se hizo tan explosiva, que por primera vez en estos 46 años la celebración del 26 de Julio se tuvo que hacer a puertas cerradas y en La Habana, nada de provincias.
El 13 de julio el descontento se materializó a través de dos manifestaciones populares para recordar los asesinatos de las mujeres y niños que viajaban en el remolcador "13 de Marzo", con un saldo de más de 30 opositores presos en otro “maleconazo”, muchos de ellos heridos por las brigadas paramilitares creadas por la Dictadura para intervenir en casos como ese. Paralelamente, otro opositor pacífico inició una huelga de hambre en un parque de La Habana, muy cerca del Comité Central, que también terminó en los calabozos de la policía política.
El viernes 22 de julio, Marta Beatriz Roque y sus seguidores programaron una manifestación pacífica ante la embajada francesa para protestar por el trato discriminatorio dado por los diplomáticos galos a los opositores cubanos durante las fiestas del 14 de Julio.
Tanto la organizadora como muchos de sus principales compañeros fueron detenidos arbitrariamente, quedando algunos de ellos todavía en prisión, amenazados de ser condenados a años de cárcel por “desacato”, como una demostración de la arbitrariedad de la Dictadura.
En ese contexto se celebró el 26 de Julio a puertas cerradas, para permitirle al Dictador dar el discurso más extraño e inconexo de los pronunciados hasta el presente. La primera parte fue una lectura geriátrica, como señal inequívoca de hablar en nombre del Partido oficialmente. Nada nuevo, ataques a EUA y a los disidentes pacíficos que luchan por la democracia.
De esta primera parte se destacan dos aspectos inéditos: primero, mencionó --tergiversándolas-- actividades públicas de sus opositores políticos, incluyendo sus explicaciones sobre la celebración de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, organizada el 20 de mayo (el dictador dijo 30 de mayo) y segundo, no mandó a prohibir o eliminar, como tradicionalmente hace cuando habla de las actividades del “enemigo imperialista”, ninguna de las acciones que vienen ejecutándose --es decir-- extrañamente sólo comentó a su manera los acontecimientos.
La segunda parte de su discurso, balbuceante y asegurándose a ratos de la tribuna, lo dedicó al improviso, con nuevas promesas y fantasías que nadie, dentro o fuera del teatro, se creyó.
En el Exilio los opositores cubanos de izquierda, tratando de paliar el momento de desgracia del país, iniciaron una campaña a gran escala presionando a EUA para el levantamiento del embargo económico, haciendo incluso apología sustentada de la rendición ante el déspota. El exilio de Miami reaccionó vigorosamente en apoyo a los opositores internos y estableció un centro respaldando la disidencia, que emitió comunicados sobre los hechos más relevantes que se sucedieron en la isla y se aprestó a condenar la represión, recabando apoyo a EUA.
En Europa, el exilio cubano exigió a España y a la Unión Europea la condena de la Dictadura ante la represión de las manifestaciones y recibió a cambio la más rotunda solidaridad de la Unión Europea con el Déspota y sus métodos, respondiendo oficialmente a través de sus voceros, que la línea de levantar las sanciones había dado los resultados esperados, aprobando aparentemente la demostrada intransigencia contra las libertades públicas.
Estados Unidos por su parte, acaba de nombrar un funcionario dentro el Departamento de Estado responsabilizado oficialmente con la “coordinación de la transición a la democracia en Cuba”, hecho sin precedentes que demuestra su compromiso con la democracia en el Isla y que la Unión Europea --con más canales de diálogo con la dictadura-- no ha hecho, a pesar de proclamar su compromiso democrático toda vez que habla de sus relaciones con Cuba.
Dentro del gobierno cubano y por determinados síntomas, se percibe cierta perplejidad con la inconsecuencia a la hora de tomar acciones en los acontecimientos. El hecho de haber permitido la realización de la Asamblea del 20 de mayo y de que a pesar de la represión, se celebrara el acto frente a la Embajada francesa el pasado 22 de julio (el Dictador dijo que se había frustrado, pero hay fotos del acto) es muestra de que algo sucede dentro de la cúpula gobernante, quien sabe si anonadada por un mando doble (Fidel por un lado y Raúl por otro).
Aparentemente y aunque no hay señales de fisuras directas entre Fidel y su hermano Raúl, es claro que los objetivos, las orientaciones y el enfoque en las acciones de ambos son diferentes. Raúl Castro hubo de comprometerse durante su paso por España recientemente, a seguir determinadas reglas de conducta ante la oposición pacífica, para contar con el apoyo del Viejo Continente que, cumpliendo, acaba de santificar las acciones de la Dictadura dentro de la Isla.
Los objetivos del Dictador son los de mantener su esquema de mando intacto hasta su muerte. Los objetivos de Raúl son asegurar un apoyo internacional, en Europa y en EUA, que le permita afianzarse en su planeado proceso de sucesión a la muerte de su hermano. Nos hay diferencias de principios, incluso probablemente hay coordinación y consultas para las acciones, pero los objetivos divergentes ocasionan las inconsecuencias a la que nos hemos enfrentado recientemente, sobre todo en los niveles intermedios de sus estructuras, fruto de una incipiente dirección doble en el mando. Nadie sabe lo que hay que hacer ante la oposición.
Paralelamente y a partir de la condena simbólica y permisiva de un alto oficial cubano-americano perteneciente a los servicios estratégicos de la Marina de EUA, se sospecha que está en pie un supuesto acuerdo entre Raúl Castro y las fuerzas armadas norteamericanas, temerosas sobre todo de una estampida balsera a la muerte del Dictador, para apoyarse en la fuerza de “los generales de Raúl”. Se habla incluso de la existencia un acuerdo internacional más amplio tejido entre EUA, Europa, Raúl Castro y una parte de la oposición (probablemente la oposición más a la izquierda) para sobrellevar (quién sabe si también acelerar) las cosas hasta la muerte del Dictador.