



LA DICTADURA ANTE LA APERTURA DEMOCRÁTICA
Jorge H. Fonseca, Brasil,
mayo 26 www.cubalibredigital.com
negro en la Casa Blanca y un Presidente que tiende su mano pacífica hacia una isla belicosa. La falta de esta nueva línea interna, de cómo afrontar “los nuevos tiempos” con Obama como jefe del “imperio”, fue lo que motivó la desmentida de Fidel a Raúl, lo que se intenta evitar con el nuevo enfoque.
La flamante y nueva posición cubana se estrenó en el discurso de Raúl ante los Cancilleres de los ‘No Alineados' en La Habana recientemente. Allí Raúl habló de los aspectos básicos y el contenido del “paquete” que la dictadura ha comenzado a difundir, seguido por la entrevista que Ricardo Alarcón dio a CNN, donde abundó en los detalles e intríngulis del nuevo embuste fidelista.
La nueva defensa es una pared de mentiras, difíciles de desenmascarar, y una sucesión de enunciados que la dictadura cubana estima tener por derecho propio. La base de la nueva secuencia de hilvanaciones es que Cuba no tiene que hacer ningún “gesto” ante EUA, porque “nada le ha hecho” y como que EUA ha agredido a Cuba, es éste quien tiene que dar los pasos unilaterales (todos) respecto a Cuba --sobre todo-- levantándole el embargo. Analicemos.
Cuba ha hecho mucho contra EUA. De hecho, cualquier conocedor de la ideología fidelista sabe que el factor común de todo lo que Cuba ha hecho en este más de medio siglo, ha sido contra los Estados Unidos. Las acciones de Cuba contra EUA comenzaron en el terreno económico, con la confiscación sin compensaciones de todas las empresas norteamericanos en la Isla, contrariando las leyes cubanas de entonces. El castrismo había anulado sin base legal la Constitución cubana (de 1940) y basó la confiscación que hizo contra EUA (por valor de miles de millones de dólares en la época, hace medio siglo) en una “Ley Fundamental”, escrita por el propio Dictador, sin haber sido refrendada por nadie más que por él mismo. Una arbitrariedad.
Esta confiscación es el origen real del diferendo actual entre Cuba y EUA. Norteamérica, como corresponde a una acción confiscatoria, respondió “embargando” todas las propiedades cubanas en EUA, con vistas a tratar de compensar las pérdidas originadas en el acto unilateral de agresión económica. De manera que, Cuba sí le debe “gestos” a EUA en función de que el embargo es una acción reactiva a la hostilidad fidelista con los intereses norteamericanos. EUA no puede levantar el embargo sin una compensación económica. Esta es la esencia real.
Alarcón por su parte, de visita en Canadá, concedió una entrevista a CNN en la que abundó sobre la línea defensiva preparada por Cuba para hacerle frente a este nuevo período, donde no valen los estereotipos del pasado. Alarcón expuso que Cuba tiene sus “características propias” y que sólo discutiría con EUA si este respetaba “en igualdad de condiciones” el actual estatus cubano, aspirando a que EUA reconozca finalmente la legalidad de la Dictadura.
Alarcón insistió en que EUA no tenía “ningún derecho” a opinar, y mucho menos a sugerirle acciones políticas dentro de la isla, lo que según Alarcón implicaría una “injerencia en los asuntos internos” cubanos, aspecto que era necesario respetar. De hecho, Cuba no tiene moral para pedir a país ninguno que no se inmiscuya en sus asuntos internos, porque Cuba ha basado su política “internacionalista” en el principio de apoyar la lucha armada (léase, imponer una guerra desde el exterior) que la dictadura cubana ha practicado incluso contra EUA, cuando apoyó, financió y entrenó “Panteras Negras” y “Black Powers” contra Norteamérica.
Es universalmente sabido que Cuba impuso una guerra a Bolivia, enviando a Ché Guevara, soldados y oficiales cubanos en una invasión militar. Lo mismo hizo con Venezuela, Argentina, Perú, Brasil, Colombia (hasta hoy hay guerrilleros entrenados y financiados en Cuba), siendo el caso más evidente el de Nicaragua, donde los guerrilleros eran cubanos. Siendo así, ¿cual es la base moral de Cuba para enarbolar principios de no intervención que ella no practica?
Actualmente existe unanimidad internacional en cuanto a la necesidad de cambiar el fracasado sistema político-económico cubano, aspecto que hasta los hermanos Castro se han referido --sobre todo Raúl-- que ha hablado y prometido “cambios”. Siendo así, ¿por qué no puede EUA, la comunidad internacional, la ONU y/o la OEA, opinar sobre un aspecto sobre el cual hay semejante unanimidad? Ya estas organizaciones internacionales (incluyendo a EUA y a la propia Cuba) han promovido acciones sobre países (África del Sur, contra el apartheid y Haití contra la dictadura) encaminadas a presionar por cambios hacia regímenes democráticos; ¿por qué tendría que ser diferente respecto a la dictadura más larga que ha sufrido Latinoamérica?\
La dictadura cubana tiende ahora a defenderse dentro de un escudo falso, lleno de principios que se ha cansado de violar, incluso, con enunciados cuya transgresión ha sido su política. No es posible ahora enarbolar el raquítico argumento que Cuba es un país con características políticas “especiales”. ¡Mentira! El pueblo cubano mayoritariamente repudia la dictadura que lo oprime; no podía ser diferente. En la Isla ha habido una sangrienta lucha interna que dura hasta hoy. Hay dos millones y medio de exiliados (el 20-25% de la población de la isla ha emigrado) y el gobierno se empeña en no reconocer la oposición política, asociándola a EUA. ¡Falso!
Cuba trató durante 50 años de imponer su sistema dictatorial al Tercer Mundo, exportando lo que llamaba su “revolución”. Su sistema fue derrotado globalmente y ahora se empecina en querer ser reconocida como un “régimen especial” aceptable. Al sistema cubano no lo aceptan ni los propios cubanos, que tratan de huir de balsas cuando tienen una oportunidad. Cuba jamás ha hecho elecciones libres supervisadas. Cuba nunca ha reconocido a la oposición política, siendo ahora pacífica. Cuba estructuró un sistema que no produce lo que sus ciudadanos deben comer. Cuba importa tres cuartas partes de lo que consume. ¡Es un verdadero fracaso!
De manera que, si el sistema cubano es cuestionado públicamente por dos millones y medio de cubanos (20-25% de la población de la isla en el exterior) y en privado es criticado por una parcela mayoritaria de los residentes en la Isla, ¿por qué la Dictadura no convoca a la oposición para una disputa electoral? Regímenes simpatizantes ideológicamente con el castrismo, como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, adoptan el mecanismo electoral para dirimir las diferencias y aceptan la oposición pacífica de otros partidos, ¿por qué Cuba no lo puede hacer?
Así las cosas y a pesar de la nueva línea creada por la Habana como cortina de humo ante la política norteamericana hacia la isla, es claro que la comunidad internacional, igual que interviene en los asuntos internos de EUA pidiéndole que derogue la ley del embargo a Cuba, también tiene el derecho a pedirle (entre ellos Estados Unidos) a Cuba que libere presos políticos, que derogue el discriminatorio “permiso de entrada y de salida” para cubanos, que permita la libertad de opinión, que admita otros partidos políticos, y que haga elecciones libres.
Detrás de todo este andamiaje de falacias y respuestas del tipo “haz lo que yo digo, pero no hagas lo que yo siempre he hecho y seguiré haciendo” la dictadura cubana se ve acorralada por un nuevo e inédito componente: el “imperialismo” y su Presidente son más populares en Cuba que los jóvenes (sólo en el periódico) guerrilleros de “la Sierra”. Castro ha dicho en privado que “el poder que conquistamos por la fuerza, por la fuerza tienen que quitárnoslo”. Esta es la verdadera política que se esconde tras los titubeos a las conversaciones con Obama y se constituye en la última y final trinchera de la Dictadura en su postrer y difícil momento ante el empuje democrático de la comunidad internacional y de los cubanos de dentro y fuera de la isla.

A partir de los desencuentros entre Raúl y Fidel Castro --relacionados a las conversaciones con la dictadura cubana planteadas por Barack Obama-- dentro de los laboratorios del Partido Comunista cubano se ha cocinado un nuevo caldo. Está lleno de remiendos e hipérbolas, destinado a sustentar los argumentos que la Dictadura enarbolará públicamente con relación al reto norteamericano de discutir con la Isla sus diferencias, así como los “gestos” de buena voluntad que Cuba está debiéndole a la proclamada nueva política norteamericana, que ya ha hecho los suyos.
Es evidente que faltaba en la Isla este nuevo manual de respuestas a EUA, porque la “guía” anterior, llena de estereotipos y consignas, ha dejado de funcionar con un