CARTA ABIERTA A LA DESVERGÜENZA

Por Orlando Fondevila, Madrid, España

Esta carta se escribe con el expreso ánimo de ofender, aunque a sabiendas de que los destinatarios no se ofenderán. Quienes viven sin decoro y hacen permanente alarde de su pingajosa moral, de su miseria ideológica y de su rastrera condición humana, esos, que como cerdos viven a gusto en su lodazal, no se van a ofender.

Esta es una carta abierta a la desvergüenza, o mejor, a los desvergonzados. Como son tantos, se hace necesaria la apelación a lo genérico. Hay, no obstante, algunos que, por su condición paradigmática dentro de la desvergüenza, merecen ser nombrados. Y les nombraremos. En medio de tanto sufrimiento y de tan culpable silencio, debemos hacerles saber nuestro desprecio. Y que no olvidaremos su escandalosa complicidad con la tiranía castrista.

El presidio político cubano es hoy tan espantoso como el que en su día denunciara en sublime opúsculo José Martí. La represión y la opresión social es hoy en Cuba al menos tan repugnante como la que nuestra patria vivió en los peores tiempos coloniales. Si buscáramos referentes más actuales sólo los encontraríamos entre los más despiadados experimentos nazis y comunistas. Y aún peor, porque este de ahora se

recrea en el refinamiento y en la ocultación.

Ante tanto horror, la mayoría de los políticos e intelectuales no sólo callan, tapan sus oídos y desvían sus miradas, sino que justifican, disimulan y aplauden. Acuden prestos a invitar al Tirano (al que con rastrera cortesía llaman “Sr. Presidente”, o líder cubano) a cuanta reunioncilla inane organizan. Asisten golosos a cuanto sarao del odio o de la mentira prepara el Tirano en su finca-presidio. Acuerdan, cada vez que se reúnen en la ONU o en las Cumbres Iberoamericanas, o en organismos subsidiarios de estas, condenar el “bloqueo” norteamericano a la Tiranía. Predican, con crecido fervor, por las suaves maneras en el trato a los asesinos y torturadores. Sirven, sin el menor sonrojo, de altoparlantes de los “grandes logros” de la Tiranía. Engañan, con supuestas propuestas de diálogo, a sabiendas de que tal cosa es imposible con el Tirano.

Los Saramago, Pérez Esquivel, García Márquez, Günter Grass, Noam Chomsky y otros grotescos gurús de nuestros tiempos, que aprovechan cuanto ocasión se presenta para desempeñar su papel de altavoces de las consignas que dicta el monstruo de La Habana. Les acompañan los actores y titiriteros de siempre, sean de Hollywood o de otros escenarios norteamericanos y europeos. Principal destaque para españoles y latinoamericanos. ¿Qué les preocupa a todos estos desvergonzados? Pues la suerte de los espías de Castro, o compartir el odio del sádico vejete hacia los cubanos, sobre todo a sus víctimas. Solidarios, sí, siempre con los verdugos.

¿Y los políticos? ¿Qué decir de José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Cómo esperar que le preocupe la suerte de los cubanos si no le preocupa la suerte de los españoles? Zapatero, ese patético personaje, insignificante en el mundo decente y que se contenta con repartir sonrisas a la hez del mundo, a Castro y a Chávez. Todo por miseria ideológica y ética. Y Europa, que le trata con desdén por su vaciedad, y que por similar indigencia sólo le sigue en la componenda con la tiranía castrista. Eso sí, con eventuales y siempre melosas y esencialmente cínicas declaraciones sobre las virtudes del Sol.

¿Qué decir de los políticos latinoamericanos? Salvo muy escasas excepciones, miserables temblones ante Castro, a quien usan como coartada para sus poses populistas y antiamericanas con las cuales intentan encubrir la corrupción y la desidia en las que viven instalados. Repugna hasta recordar sus nombres.

Esta es una carta abierta escrita para ofender. Y para decirles que los cubanos conseguimos nuestra independencia a finales del siglo XIX, a pesar de que entonces como ahora, con excepciones que caben en los dedos de nuestras manos, los políticos e intelectuales de Latinoamérica (incluidos sus prohombres) nos dieron la espalda. Y de Europa para qué hablar. Para decirles que también hoy conseguiremos liberarnos. Y lo haremos pese a ellos, pese a su indiferencia, su maldad y su envidia.

Esta es una carta abierta escrita para ofender, teniendo en nuestra memoria a nuestros miles de muertos en este casi medio siglo; recordando a los centenares de miles de presos políticos; pensando en los que hoy mismo se están muriendo en las cárceles castristas y que son nuestros héroes.

Esta es una carta abierta escrita para ofender, y para decirles a los políticos e intelectuales que compadrean de uno u otro modo con el Tirano y dan la espalda a los reclamos de solidaridad del pueblo cubano, que nada esperamos de ellos, que nada necesitamos de ellos, y que les despreciamos profundamente.

Buscaremos solidaridad sólo entre aquellos que aman verdaderamente la libertad. No mendigaremos solidaridad a los fariseos. Renunciaremos -–al menos yo renuncio-- a ser políticamente correctos. Quienes estén aunque sea mínimamente cerca del Tirano son, aunque no lo crean, la basura de la historia. Cada minuto de agonía de un preso cubano, de un opositor cubano, de un sufriente cubano, ha de ser un baldón añadido a cada miserable cómplice, por acción u omisión, de la Tiranía.

 

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