



CUMBRES LASTIMOSAS
Será una fiesta, sí, de la ignominia. Otro baldón a nuestra historia compartida. Otra traición. Otra Cumbre lastimosa.
Por Orlando Fondevila, Madrid, España
El Gobierno de España, bajo la presidencia del socialista Felipe González, se inventó las Cumbres Iberoamericanas. La España por siglos atrasada y convulsa, nostálgica del Imperio que fue y que no supo ser, transformada en las últimas décadas en una nación moderna y desarrollada, ha estado buscando su lugar en el mundo. Mal digerida su definitiva pérdida colonial de 1898 ha querido hacer fuera de tiempo su propia Commonwealth. Con más o menos fortuna ha conseguido cierta influencia en la política y en los negocios en Iberoamérica. No obstante, las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno celebradas año tras año con Portugal y las ex-colonias de ambas naciones peninsulares han sido, grosso modo examinadas, lamentables. Digámoslo de manera franca, han resultado simplemente inútiles. En el interés por ganar la partida a la influencia norteamericana en la región (enfermiza obsesión), se ha decidido renunciar al estorbo de los principios. S están reservando una página negra en la historia.
Las razones que explican el fracaso de las Cumbres Iberoamericanas son varias.
Algunas de esas razones son compartidas con las que marcan como inservibles a la inmensa mayoría de las reuniones internacionales de alto nivel en las que participen diversos países. Se trata de un problema insoluble. No pueden sumarse o unirse elementos que no son homogéneos u homologables.¿Cómo puede ser posible un acuerdo que pueda ser aceptado, beneficioso, asumible y cumplible a un tiempo por países democráticos y países que no los son? Sólo pueden ser posibles en algunos campos, como en el de los negocios o el de compromisos de no agresión, y aún en estos siempre será probable el incumplimiento (como ha demostrado tantas veces la historia) por parte de los gobiernos no democráticos.
Ni hablar, por supuesto, de compromisos en el terreno del respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Las tiranías y las dictaduras nunca hacen concesiones en estos asuntos (nunca a gusto y por las buenas), por lo que sólo son posibles declaraciones cínicas, a las que innoblemente se avienen a sabiendas los gobiernos democráticos. En estos casos se suele llamar pragmatismo a lo que no es más que una traición.
Las Cumbres Iberoamericanas, al aceptar en su seno y ponderar como necesaria la presencia de la tiranía cubana, se deslegitiman de facto. Ahora mismo, el Gobierno de España se afana en los fastos de la próxima Cumbre de Salamanca. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, hace uso de sus escasas artes para conseguir que el tirano de La Habana esté presente. Quiere que entre Castro y Chávez le animen el ominoso circo. La prensa informa de las súplicas de Moratinos al sujeto que se dice Canciller de Cuba para que se porten bien, apoyen la Cumbre y, sobre todo, para que Castro asista. Siniestro espectáculo. Para vergüenza añadida, el ministro español añadió que esperan que en algún momento el régimen de La Habana haga a Europa una “oferta de diálogo en materia de derechos humanos”. ¿Se puede ser más miserable?
Mientras tanto, los barrotes de la Isla–prisión se engruesan día a día. Se pudren y se mueren lentamente en las cárceles cubanas los defensores de la democracia. Reviven babeantes las porrras comunistas. Crecen la miseria y la desesperanza en Cuba a niveles sólo comparables con la represión. Y el Gobierno socialista de España continúa parloteando alegremente de las ventajas del “diálogo crítico” con la Tiranía.
La Cumbre de Salamanca se pretende una fiesta a la mayor gloria del XXX aniversario de la coronación del Rey D. Juan Carlos. Junto a las loas al Rey habrá ruidosas manifestaciones de los comunistas y de la izquierda radical palmoteando a Castro. Todo bajo la complaciente sonrisa del presidente del Gobierno español y se su inefable Ministro de Asuntos Exteriores.
Será una fiesta, sí, de la ignominia. Otro baldón a nuestra historia compartida. Otra traición. Otra Cumbre lastimosa.