



“Radio Bemba”, difunde sus múltiples mensajes a través de la “Sagüesera”, Westchester, Hialeah y otros lugares donde habita esa vilipendiada masa de exiliados cubanos, que el gobierno de Cuba llama “la Mafia de Miami”, sobre que el gobierno de los Estados Unidos y el de Cuba ya conversan sobre sus “discrepancias” – léase $$$-- por las confiscaciones de propiedades americanas y por los presuntos daños ocasionados por el embargo –Cuba dice es “bloqueo”.
Hay temor a que, una vez más, los exiliados cubanos y los cubanos anónimos de la Isla no participen en la solución de los asuntos que sólo a ellos competen. Libertad, es la palabra de orden de donde se desprenden todas las demás demandas de los cubanos exiliados o no.
No cabe la menor duda que los Estados Unidos de América, como país soberano que es, tiene todo el derecho a enfrascarse en negociaciones –estemos de acuerdo los exiliados o no—con quien le plazca -–en este caso el espurio “gobierno” que detenta los poderes en la ayer Isla de Corcho, hoy casi en doloroso naufragio.
Los exiliados, haciendo bueno el símbolo de la unión de todos, que aparece en nuestro escudo –varillas unidas por una tira —hicieron prevalecer su punto de vista ante el gratuito ataque del Editor Ejecutivo del The Miami Herald, quien dejó escapar su odio irracional llamando “Chihuahuas” a los “26” radioescuchas de una estación local de radio que dejó oir su protesta por un insultante e infamante artículo sobre periodistas –mayoritariamente cubanos—acusados injustamente de asalariados del gobierno de los Estados Unidos.
El “error” o ataque gratuito le costó el puesto al antes mencionado Editor, quien no obstante, públicamente, adujo se retiraba por motivos personales y no por la presión de la comunidad cubana exiliada.
Con este incidente la comunidad cubana exiliada le demostró al “establishment” o poder constituido que no es saludable jugar con fuego ni pretender ignorar a quienes calladamente han contribuído al avance económico del sur de la Florida, y que han logrado llevar al Congreso de los Estados Unidos a tres representantes y a un senador al Capitolio en Washington, no contando a otro senador de origen cubano electo en New Jersey.
Aún el Poder Ejecutivo se ha visto y se ve influenciado por la opinión de los exiliados que como electores contribuyeron a su elección en su primer mandato y fueron decisivos en su reelección como Presidente de los Estados Unidos de América.
De ser cierto que de una u otra forma Estados Unidos negocia con el gobierno de Cuba, primero debemos reconocerle el derecho a hacerlo pero no a decidir ante sí y por sí en un conciliábulo cerrado el destino de los exiliados, de los cubanos de la Isla o a discutir sin la presencia representativa nuestra asuntos que son sólo de la competencia de TODOS los cubanos y no de unos pocos, sean “exiliados” o aduzcan representar en Cuba a la oposición al gobierno cubano actual.
La Libertad y el destino de la Isla son algo demasiado serio para dejarlos en manos de los políticos profesionales que responden a sus intereses, que no son los nuestros.
Ni los herederos de la “revolución” tienen derecho a excluir de las deliberaciones sobre el futuro de Cuba a los exiliados ni tampoco el gobierno de Estados Unidos puede llevar a cabo negociaciones medulares que fijarán el destino de Cuba contando sólo con el espurio gobierno cubano y los presuntos opositores dentro de la Isla.
No se repetirá el Tratado de París pues los exiliados cubanos no lo permitirán –-ya hemos demostrado nuestro poder en el asunto Fiedler—y de ser necesario defenderemos a capa y espada nuestro derecho soberano a dictar nuestro propio destino.