E D I T O R I A L

Ante el vocablo soldado, uno imagina a un hercúleo individuo, armado hasta los dientes y presto a luchar con el enemigo con las armas provistas por su país para la defensa sagrada de la Patria. No siempre es así.

Existen también los soldados de la palabra, la libertad de prensa, de expresión, y del derecho que tiene el público a tener, de primera mano, la información que necesita para formar una opinión con base y fundamento, de los hechos que a diario ocurren en el ámbito del planeta Tierra.

No sorprende enterarse de las bajas en las filas militares que cumplen con su sagrado deber. Eso sí, nos duele su deceso.

Pero sorprendentemente –mejor dicho—cotidianamente oímos, leemos, vemos las bajas entre los otros soldados, que yo llamaría “los soldados desconocidos”, o más familiarmente “los chicos de la prensa”.

 

Estos últimos han sufrido innúmeras bajas en todo el Planeta. En países supuestamente respetuosos de la libertad de prensa y presuntamente demócratas.

Me viene a la mente Colombia, donde la vida de un periodista no vale un hollejo de naranja, la sufrida y agobiada Cuba, donde ser periodista –-los oficiales no-- es un heroísmo diario ejercer la profesión, donde el camino a la prisión comienza con una estilográfica, una computadora e incluso un mísero papel cartucho emborronado.

No, no es sólo un mal de los “indios con levita” latinoamericanos –como los describió el gran Rubén Darío—sino ocurre entre los “cultos” sucesores de los anglosajones en Las Bahamas --¡qué paradoja, un lugar supuestamente de descanso y de esparcimiento, como lo ven, incluso los cubanoamericanos que a raudales visitan las Islas al este de Estados Unidos por cercanas, baratas y atractivas –incluyendo los juegos de azar.

Pero, siempre un pero.

Toda moneda tiene dos caras. La idílica, imaginaria, hija de la ingenuidad, la de los turistas. Y la otra…

La otra. la cara fea, desfigurada, desagradable, ignorada que avizoran los balseros cubanos en las Islas Bahamas. Donde son maltratados, golpeados y luego ¡a casa! deportados a Cuba a que nuestro Tirano se “dé banquete” con ellos con la complicidad manifiesta del gobierno de Estados Unidos, las Bahamas y cualquier otro hijo de vecino en el Caribe

Más ahora no son sólo los balseros los lesionados, maltratados, ultrajados por las “autoridades” –que hipócrita es el lenguaje—bahamenses. Les toca el turno a los periodistas de la prensa escrita, radial, televisiva sufrir las mismas afrentas.

Mario Vallejo, periodista cubano del canal 23 de Univision, su camarógrafo al igual que otros colegas del canal 51 de TV, sufrió la salvaje e injustificada agresión de uno de los “custodios” bahamenses de los últimos balseros cubanos hallados en un mísero y abandonado cayo de las Bahamas y prontamente entregados a esa nación –para, por supuesto—seguir viaje a “la isla del Dr. Castro” cumpliendo las leyes internacionales que tan dócilmente acata el gobierno actual de Estados Unidos y con los tratados firmados por el gobierno de las Bahamas con Cuba.

Como decían en Cuba cuando lo detenían a uno: “Echale papeles”, lo que traducido al castizo era “justifícate con la ley".

Claro siempre hay una incógnita, ¿por qué si los recogió un barco del Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos se los entregan a Bahamas, por ser sus aguas territoriales donde los rescataron –¿Bahamas le da carta blanca a EU para navegar en su territorio? o sólo fue otro “tecnicismo” como “échale papeles”?

Esta agresión a los periodistas –patente en este caso y en el mundo entero—no puede quedar sin denuncia. Más que “lavar la afrenta” es imprescindible la denuncia pública de estos hechos salvajes, vandálicos contra inermes “soldados de la palabra” que arriesgan “vida y pellejo” por cumplir con su sagrada misión. No pedimos ni más ni menos que una investigación profunda y una clara respuesta de quienes corresponda, de esta –y otras—inhumana agresión.

 

 


 

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