A DIEZ AÑOS DE LA MUERTE DE GASTON BAQUERO

 

 

 

Por Luis de la Paz, Diario Las Américas, junio 10

Siempre he estado atento a las fechas memorables, porque pienso que nos brindan la ocasión de volver sobre la obra de un creador.

En el caso particular de los artistas cubanos exiliados, ese interés se agudiza, porque en el país de donde procedemos se nos ningunea por no comulgar con el régimen que allí impera (incluso por combatirlo ideológicamente) y en las naciones donde hemos ido a carenar siempre seremos (por muy bien que se nos acoja) ciudadanos de segunda clase: extranjeros.

Esta dolorosa doble realidad se me hizo evidente hace unos días, cuando una línea al vuelo en un periódico me recordó que el pasado 15 de mayo se conmemoró el décimo aniversario de la muerte del poeta cubano Gastón Baquero (1918-1997), una de las

 

 

 

 

 

 

 

 

figuras poéticas más brillantes que ha dado la Isla, que como legado nos dejó antológicos poemas para la poesía cubana como Testamento del pez y Palabras escritas en la arena por un inocente.

Hasta donde sé, en Cuba la fecha pasó inadvertida, al igual que entre los exiliados de Miami, aunque al menos desde Madrid, ciudad donde falleció, el presidente de Asociación Cultural Gastón Baquero (al menos en el 2001, desconozco si la entidad se mantiene activa), el escritor León de la Hoz, escribió un artículo conmemorativo.

La vida de Baquero no sólo estuvo relacionada con la poesía, sino también con el periodismo, siendo una de las figuras importantes en el influyente Diario de la Marina en Cuba, donde llegó a ser jefe de redacción. La profesión de periodista la mantuvo en el Exilio, que inició en 1959, abordando con lucidez y precisión la problemática cubana, entre otros temas de actualidad.

Gastón Baquero nació en Banes, antigua provincia de Oriente, hoy Holguín. Se graduó de ingeniero agrónomo para complacer a su padre, pero su vocación verdadera fue la literatura, la que comenzó a escribir a los 13 años.

En una entrevista con el escritor y editor cubano Felipe Lázaro, reflexionó sobre su poesía: “Nunca me he planteado hacer un episodio, contar una anécdota, anotar una reflexión: lo que siempre me he propuesto, y me propongo, es hacer un poema, que es una unidad rigurosamente autónoma, desprendida por completo de la anécdota, de las ideas, de los antecedente no poéticos que tantas veces pueden estar en el trasfondo de de un poema”.

El escritor vivió su largo exilio en Madrid. Los últimos años de su vida los pasó en una residencia para personas mayores, tras retirarse de su empleo en Radio Nacional de España, donde laboró varias décadas. Si las huellas dejadas en Cuba fueron destacadas, en España también dejó un legado admirable, lo que le valió que en 1988 fuera candidato al Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Tras su exilio las autoridades de cultura castrista prohibieron su obra que dejó de circular y su nombre no se podía mencionar, era un “enemigo de la revolución”. Desde 1959 ningún libro suyo fue publicado en Cuba, sin embargo tres años después de su muerte le levantaron el veto y una antología de su poesía fue editada en la Isla, lo que reafirma la necrocultura que allí se practica con algunos autores cubanos exiliados. Esa antología compilada por Efraín Rodríguez Santana, le brindó a los cubanos la posibilidad de leer por primera vez, en una edición nacional, poemas de Gastón Baquero en 42 años de dictadura política y cultural.

La huella dejada por Baquero en Cuba no fue sólo su obra, sino también sus aportes a la cultura nacional, fundando revistas literarias como Clavileño (1942 - 1943). Además colaboró con otras publicaciones de la época, como Verbum, Espuela de Plata y Orígenes, esta última tal vez una de las revistas más importantes que se publicó en la isla (1944 -1956).

Entre sus libros figuran Poemas (1942), Saúl sobre la espada (1942), Poemas escritos en España (1960), Memorial de un testigo (1966), Magias e invenciones (1984), Poemas invisibles (1991), entre otros. Baquero fue también un lúcido ensayista, algunos de sus libros son La evolución del marxismo en Hispanoamérica (1966), Darío, Cernuda y otros temas poéticos (1969) y La fuente inagotable (1995).

Tras su muerte la obra de este autor comenzó un recorrido ascendente, al igual que diversos libros en torno a su figura. En Cuba comenzó el deshielo con la antología ya citada y luego aparececieron poemas en revistas literarias, mientras los ensayistas oficiales, atentos a que el reloj biológico dejara de funcionar, escribieron largos textos y artículos hablando de la importancia de la poesía de Gastón Baquero y dándole tímidamente el sitial que merecía en el panorama cultural.

En el exilio, la Editorial Betania dio a conocer Entrevistas a Gastón Baquero (1998) y posteriormente Gastón Baquero: la invención de lo cotidiano (2001). También en homenaje a la figura del escritor la Editorial Verbum fundada por el poeta Pío E. Serrano, creó el Concurso Internacional de Poesía Gastón Baquero, que se entregó entre 1998 y el 2002. La primera convocatoria le adjudicó el premio al libro In Tempore Belli del español residente en Nueva York Hilario Barrero. Los años subsiguientes los galardonados fueron: 1999, el cubano residente en la isla Efraín Rodríguez Santana por Otro día va a comenzar; 2000, el cubano exiliado en Miami José Abreu Felippe con el libro El tiempo afuera; 2001, Los acantilados del sueño de la colombiana establecida en California Antonietta Villamil. En la última convocatoria, 2002, lo obtuvo el libro Dedicatorias del peruano residente en España Carlos Tataje. Resulta interesante constatar que los galardonados (con la excepción de Rodríguez Santana) son escritores que no residen en su país de origen, como fue la circunstancia en la vida de Baquero.

Libros escritos sobre su vida y obra, antologías y concursos literarios hablan de la magnitud que ha alcanzado tras su muerte. A esto hay que añadir las traducciones a distintas lenguas como el francés, traducido por Jacobo Machover; italiano, por Gaetano Longo; polaco por Krystina Rodowska; el difícil griego por Eleni Jaratsi; alemán por Tobía y Juana Burghardt y al inglés por Greg Simon y Steven F. White.

Contrario a otros escritores que su muerte interrumpe la continuidad de su obra, con Gastón Baquero ha ocurrido lo contrario, algo que, desde luego es muy positivo, y señala la importancia y magnitud de su voz poética.

 

 

 

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