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También nos llama “Inquisición de la Calle Ocho” y otras tantas estupideces que, realmente, ni vale la pena discutir. Cada cual con su mente estrecha, y si es para complacer a la extrema izquierda, pues es su problema.

Armengol habla de que “son personas sedientas de publicidad”, sin tener en cuenta la cantidad de sandeces que él mismo escribe para intentar ser alguien en esta ciudad, aunque sea desbordando su odio visceral contra quienes no piensan como él. Lo único que pudiera pasarle es que se ahogue en ese mismo desbordamiento. No se perdería nada.

Y en sus inundaciones de resentimiento, no deja de atacar a la emisora de Radio Mambí, llamándola “refugio diario para lanzar alabanzas a la derrotada dictadura de Fulgencio Batista”, y es ahí donde me llama la atención que, este gordito, sediento de fama y luces, sea capaz de repetir la misma consigna de otros, pudiendo ser un poco más original. Sin embargo, no le tiembla la mano cuando menciona al comandante y, en vez de llamarlo dictador, como lo que es, le dice, “gobernante”.

Eso, sin olvidar siempre su afán por enviar calzoncillos a Cuba, convertido en casi una obsesión, junto a Joe García, su gran esperanza blanca de esa nueva generación de cubanitos liberales con tremendas ansias de poder político.

Otra cosa que exige este señorito es que haya “un mínimo de decencia a la hora de hablar de Cuba”, sintiéndose, evidentemente, el único decente en esta ciudad con la capacidad de hablar sobre Cuba, pero siempre cuidándose mucho de no llamar dictadura a eso que lleva casi medio siglo en el poder.

Pero también le molesta que se compare el tema cubano con la causa de los judíos, pues lo considera “superficialidad” y “ofensiva hacia el sufrimiento del pueblo judío”. Y por supuesto, se siente con la capacidad de llamar “aprovechados” a todos aquéllos que no les da la real gana que adoctrinen a sus hijos, donde me incluyo, al igual que Juan Amador, porque justamente mi hijo nació aquí, totalmente libre, para que ningún comunista de pacotilla lo hiciera víctima de sus engaños.

¿Beneficiando al régimen de Castro? No lo creo. Quienes benefician a esa dictadura son aquellos apologistas que se escudan detrás de micrófonos o periódicos para desbarrar todo su resentimiento contra los que vivimos en esta ciudad y que, por cierto, pertenecemos también a este Exilio aunque contemos con menos edad, ya que casi siempre hablan de los “viejitos”, como si no hubieran tenido hijos y nietos, y otros no hayamos llegado para continuar el mismo camino de esa lucha contra los pro-castristas que, en vez de volver a su cubil, se han quedado aquí vertiendo veneno.

Ni secuestradores, ni censores, como escribió en su blog, señorito Armengol. Hacemos uso de nuestros derechos en esta libertad que nos faltó en ese sistema que usted cuida mucho de llamar tiranía. Mejor siga preocupándose por enviar calzoncillos a Cuba y tratando de que el fantoche de Joe García gane alguna elección por algún pueblito perdido de la Florida

Articulo de Alejandro Armengol

 

Iliana Curra, Miami, junio 10

Al señorito, Alejandro Armengol, no le gusta el Exilio, y hasta se ha hecho de un blog para desbarrar en su contra. Así tiene la posibilidad de llamar “payasos” y “censores” a aquellos que tienen todo el derecho de pedir el retiro de un asqueroso libro que está lleno de mentiras con relación a Cuba. Y hasta se molesta porque haya un proceso que amenaza con llegar a la Corte Suprema de la nación. ¡Nada, que estos cubanitos de la nueva generación son tremendos! El señorito también miente cuando dice que: “estos individuos que llevan a cabo una campaña para prohibir de las bibliotecas del condado Miami Dade los libros “Vamos a Cuba”.

Y no es así, lo que se está pidiendo, y él lo sabe, es que esos libros no infecten las mentes de nuestros hijos que viven en libertad y no tienen por qué ser adoctrinados con falsedades de un país repulsivamente comunista. Y a quien le desagrade la palabra “comunista”, lo siento. Es así, y es la doctrina que promulgan para mantener el control absoluto de la nación cubana.

¡NI SECUESTRADORES, NI CENSORES!, SEÑORITO ALEJANDRO ARMENGOL