



Venezuela poco a poco se parece más a Cuba. A la Cuba que torció su camino porque “hacía falta un cambio”, pero el cambio llegó para peor. Llegó para violentar las estructuras de una nación donde pudo haberse evitado tanta sangre, tanto encarcelamiento. Tanto horror.
Ahora es Venezuela la que está viviendo de forma convulsa sus primeros años de dictadura. Chávez aprendió bien sus lecciones en Cuba cuando visitó por primera vez a su maestro y éste le dijo que no tuviera compasión con el pueblo y se apoyara en la ignorancia de algunos. Todavía hay quienes esperaban hasta ayer mismo que las cosas no fueran así.
La ingenuidad suele ser enemiga de los pueblos. No hay pureza en aquéllos que toman el poder por la fuerza en nombre de una causa, si esa causa no es más que una mentira fabricada para lograr el control absoluto.
Todavía los venezolanos tienen la capacidad de tirarse a las calles. No deben desaprovechar esa posibilidad porque, algún día nada lejano, eso también se convertirá en un delito condenable por esa falsa justicia creada por los que desgobiernan el país. Esa juventud, irreverente y llena de energías, no podrá salir a expresar su dolor porque le habrán arrebatado sus derechos. Envejecerán amargados y tristes.
En Cuba, hay jóvenes cumpliendo hasta 28 años de prisión por expresarse simplemente. Tres jóvenes de la raza negra fueron fusilados en 48 horas por intentar escapar de ese paraíso terrenal que se esfuerzan en llamar socialismo.
Ya no se trata de ideologías, llámese socialismo, comunismo o lo que quieran. Es absolutismo. Es tiranía. Es el terror establecido para imponerse por siempre y para siempre y, de esa manera, tener todo el control de un país como si fuera su propia hacienda. Las ideologías solo sirven para justificar al régimen. Todo lo que sigue es mantenerlo.
Me gustaría pensar que, en Venezuela, las cosas pudieran cambiar drásticamente. No quisiera tener dentro de mí esa pesadumbre que me embarga, a mi pesar.
Me inquieta pensar que ese fervor para exigir la libertad de expresión se vaya perdiendo con los días, con las semanas, con los meses… Todo será cuestión de tiempo si la decisión de tomar las calles no se mantiene con la misma fuerza del primer día. El estudiantado va a la cabeza de estas protestas y a los estudiantes se les teme, por lo que el Gobierno buscará la manera de dividirlos y descabezarlos. Incluso, de penetrarlos.
Que vuelva a transmitir RCTV sería ganarle la batalla al Gobierno, aunque dudo que suceda. Pero el asunto es mucho más profundo que la devolución de ese derecho. Es el sistema que se ha contaminado con el populismo barato de un golpista resentido y con manías de grandeza.
El militarote ha tomado poco a poco el control de todas las esferas que rigen la nación. Ahora se apoya también en sus compinches, Evo Morales y Daniel Ortega, éste último, un violador de su propia hijastra al cual la justicia de su país no pudo tocarlo ni con el pétalo de una rosa porque las leyes lo favorecen. Algo increíble, pero cierto.
En Cuba se luchó contra el tirano, Fidel Castro, hasta con las armas. Miles de cubanos se alzaron en las lomas del Escambray y otras zonas montañosas de la Isla. Hubo conspiraciones y hasta sabotajes para debilitar la economía del régimen. Eran otros tiempos, pero la indiferencia internacional permitió que el vejete se consolidara por la fuerza en un país que perdió a sus mejores hijos luchando, otros miles y miles fueron a parar a las cárceles con largas condenas, y millones fueron al Exilio.
Ha habido mucha sangre de por medio en casi medio siglo de tiranía. La indiferencia continúa. Los gobiernos democráticos del mundo siguen alabando la figura depauperada de un viejo decrépito de su mirada perdida en el vacío. Todos esperan su aparición maquillada y editada en las pantallas controladas del régimen. ¡Todavía lo adoran! ¡Qué vergüenza!
Así está pasando con el gorila de Venezuela, pero éste se lo ha ganado a billetazos con el dinero que le roba a la nación día a día. La izquierda internacional, liberal y antiamericana, se siente a sus anchas con estos golpistas que simulan gobernar.

Estoy al tanto de los acontecimientos en Venezuela. Quisiera ver que un milagro llegue evitar que ese bello país se sume, aún más, en el abismo que se abrió desde el mismo momento en que el golpista Hugo Chávez apareciera en la escena pública.
Las órdenes del militarote fueron cumplidas y RCTV fue silenciada del mismo modo con que le tapan la boca a alguien. Una mordaza típica de las dictaduras. Y no quiero mencionar la frase recurrente de todo cubano, pero no lo puedo evitar: Sí, lo sabía.
Quizás seamos pedantes en ese sentido, aunque no quisiéramos. Es realmente patético ver a una nación caer en las manos de un militar con aires populistas, capaz de romper la ley para imponerse a toda costa.
Los cubanos estamos viendo una película en repetición, con sólo algunos pequeños cambios. No hay diferencias.
CUBA-VENEZUELA: SIN DIFERENCIAS