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tratan de captar la atención de los recién llegados, en su mayoría jóvenes, que apenas conocen la palabra libertad.

No es difícil encontrarlos en programas de debates, defendiendo siempre la causa contraria para, de ese modo, llamarse liberales. Les molesta el actuar del gobierno norteamericano, pero se rasgan las vestiduras llamándose ciudadanos norteamericanos, luego de haberse acogidos a la Ley de Ajuste Cubano que ahora quieren eliminar para que todo el que quiera entrar, lo haga. Una bella forma de querer mandar donde no deben.

Ahora son heroicos, al estilo de Robin Hood, quizás más modernos, como Spiderman. En Cuba eran, apenas, la voz apagada de alguien que se muere de miedo si tuviera que defender un derecho.

Ahora son gallitos de pelea en la libertad de una sociedad que les permite vivir como personas. En Cuba no eran más que la cresta de esos gallitos, asustadizos y tímidos, siempre buscando la forma de pasar inadvertidos para evitar regaños.

Gritan a los cuatro vientos que conocen mucho sobre la realidad de Cuba, pero viviendo allá, ni siquiera podían pronunciar el nombre de un prisionero político, mucho menos el de un opositor.

Viajan a Cuba, habiéndola dejado por las condiciones políticas existentes, pero nada les sucede. Al regresar, se convierten, todavía más, en apologistas de la tiranía que se encaprichan en llamar revolución.

Estigmatizan a los cubanos exiliados llamándole “mafia” o “terroristas”, mientras que los actos de barbarie cometidos por el régimen, ni siquiera los mencionan. Y cuando lo hacen, es para buscar la forma de defenderlos a toda costa. Como decir, por ejemplo, que las avionetas civiles de Hermanos al Rescate estaban en territorio cubano, o que el remolcador se hundió sólo. Que los presos políticos han violado la ley, o que los opositores son muy contestatarios.

Lo que no entienden los “alternativos” de Miami es que, este exilio, lleno de víctimas del castrismo, no tiene por qué soportar sus discursos ofensivos y mugrientos. Esa labor le pertenece al régimen de La Habana, no a aquéllos que salieron corriendo de allí para llenarse el estómago alegando persecución política, ni a columnistas de periódicos que difaman al Exilio, sin tener en cuenta que sus padres caen dentro de esas mismas frases discriminatorias y denigrantes.

Los cubanos de este Exilio, comprometidos con la libertad de Cuba, tenemos todo el derecho de no cooperar económicamente con los negocios que financian los programas pro castristas. Vivimos en libertad, y esa libertad nos permite que no tengamos que soportar lo que, en Cuba, es el pan de cada día. Por eso estamos fuera de nuestro país.

Cuba no es una obra de arte, ni una pintura enmarcada que puede venderse al mejor postor. Cuba es la patria que tiene que ser libre, a pesar de aquellos que pretenden vivir manchándola con su inmundicia.

¡Por Dios, qué asco!

 

 

Iliana Curra, Miami, mayo 17

Los defensores del régimen castrista, no sólo están en La Habana y otras provincias de Cuba. También en Miami. Aquí lloriquean porque dicen carecer de la libertad de expresión que, en Cuba, sí que no existe y tampoco la exigían. Para eso les haría falta algo más que pantalones vacíos y ahuecados.

Miami está virtualmente plagado de personajitos que juegan a la libertad de expresión en tierra ajena. Los que nunca en Cuba le tiraron un hollejo a un chino y ahora son libre pensadores, iconoclastas y guapos de barrio.

Son los que desbarran contra el Exilio, la oposición interna de la Isla y los presos políticos. Llaman a Fidel Castro, “presidente”, y a su hermanito Raúl, el seguidor del proceso revolucionario. Bonitos nombres para pertenecer a una tiranía tan oprobiosa.

Se llaman “alternativos” en un ambiente de exilio político y

INMUNDICIA EN MIAMI