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tenido, tratando de levantar restricciones a la dictadura sin tener en cuenta a ese pueblo reprimido.

¿Intereses? Al parecer hay muchos. Levantar las prohibiciones a la Dictadura les permitiría auxiliar al decadente desgobierno castrista y favorecerlo con los créditos que tanto necesita, aún con la protección del gorila venezolano, Hugo Chávez, quien usa a Venezuela como su tarjeta de crédito favorita, endeudando el futuro hasta la saciedad.

Los negocios de estos congresistas con el régimen les proporcionan ganancias que, a la larga, pagaremos los contribuyentes de este país, porque como todos saben, Castro no paga. Que nadie olvide los tiempos en que lideró la llamada “Deuda Externa”, conminando a todos los países a que no pagaran. ¿Qué pueden esperar los prestamistas actuales con ese sucio récord de no devolver nada?

Pero a estos politiqueros izquierdistas sólo les interesan su bienestar personal e irle en contra a la Administración de turno. Tampoco les importa afectar a su propia nación, más allá de lo patriotas que dicen ser.

En Cuba la única apertura que existe es la de las rejas de las cárceles. Los presos políticos que han sido excarcelados, no ha sido por la benevolencia del heredero del trono, Raúl Castro, es porque ya han cumplido su condena, la cual nunca debió existir. Muchos demagogos ahora quieren dar a entender que, con Raúl a la cabeza de la Dictadura, se están notando cambios sustanciales, lo cual es totalmente incierto.

El hecho que la aduana castrista ahora permita la entrada de productos que antes tenía prohibido, no es más que la desesperación de un sistema que se cae a pedazos y necesita la inyección económica de los exiliados que, a pesar de los años que llevan fuera de su patria, no olvidan a los suyos que quedaron atrás. De esa manera todos los que tienen familia pudieran recibir más ayuda económica para levantar sus tristes economías personales, mientras que la gran mayoría, que no tienen a nadie en el exterior, continuarían empeorando su vida hasta la mendicidad.

Demagogia les sobra a esos cubanólogos que tratan de engañar diciendo que en Cuba se están vislumbrando cambios después que el vejete moribundo muriera políticamente el 31 de julio de 2006 y le traspasara la corona a su hermano, tan asesino y anti demócrata como él.

Los únicos cambios en Cuba son para peor, pues el pueblo sigue en la misma miseria material y espiritual de siempre, careciendo de las esperanzas de un futuro donde pudieran vivir decentemente y sin represiones políticas, económicas, ni sociales.

¿Dónde están los cambios?, me pregunto cada vez que veo a ese pueblo hundirse más en la desesperanza propia de aquéllos que tienen que marchar y gritar consignas estúpidas para mantener ese empleo que les sirve, al menos, para sobrevivir en esa Cuba donde todo es controlado por el régimen.

¿Dónde están los cambios?, me pregunto cuando veo a esos jóvenes desencantados que sólo miran hacia el norte, perdidos en la vorágine de una vida donde prevalece el sexo y el alcohol.

¿Dónde están los cambios?l, me pregunto cuando veo a los niños con sus pañoletas de pioneros comunistas diciendo que quieren ser como el Ché, un terrorista asqueroso, adoctrinados por el odio de un sistema que, es lo único que les brinda en abundancia.

Habrán cambios en Cuba, sí, pero serán verdaderos y genuinos, llevados a cabo por ese pueblo que, cansado de soportar tanta ignominia, pronto dirá: ¡Basta ya!

Entonces si estaré convencida de que, en Cuba, habrá cambios para mejor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Iliana Curra, Miami, mayo 11

Las noticias sobre la realidad que viven hoy en día los prisioneros políticos en Cuba no es nada diferente. Todo está intacto en cuanto a la represión. Los presos siguen mal viviendo en celdas mugrientas y en las peores condiciones que puedan existir. Hacinamiento, golpizas, hambre, enfermedades y contagios es lo que tienen por haberse atrevido a expresarse en un país apoyado por las democracias más reconocidas del mundo.

Los opositores al régimen reciben como cuota diaria las amenazas, los insultos y las turbas paramilitares dispuestas a matar, si fuera preciso, por tal de no perder el control de una nación sometida por la bota militar de un vejete que no acaba de viajar al mismísimo infierno.

Lo peor es, y lo seguiré repitiendo, la anuencia de países llamados democráticos, la prensa liberal del mundo que tanto cacarea sobre la guerra en Irak, y algunos congresistas norteamericanos que a diario pierden su vergüenza, si la han

¿DÓNDE ESTÁN LOS CAMBIOS?