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¿Cómo se puede abogar porque los perros tengan una vida digna y a la vez aprobar la muerte de tres jóvenes? ¿Dónde está la decencia de estos llamados intelectuales que apoyan una tiranía y quieren a los perros?

Y, por supuesto, este amor por los perros que ahora tienen estos ilustrados castristas es tan fuerte que, hasta una petición han hecho para que aprueben una ley que evite la matanza indiscriminada y los maltratos a estos animales.

¡Qué bien! ¡Hay que aplaudirlos por ser tan benévolos! Deberían también pedir por los seres humanos que patean en las prisiones que sólo quieren vivir en libertad. Exigir la aprobación de leyes que garanticen el respeto de los derechos humanos en el país. Instar a las asquerosas turbas pro gubernamentales a que no cumplan las órdenes de golpear y linchar a los opositores pacíficos. Demandar porque en Cuba exista un estado de derecho donde no vayas a la cárcel por expresar tus ideas.

En fin que, para formar tanto alboroto por algo realmente piadoso, deberían ser más consecuentes con ellos mismos y sentir piedad también por los seres humanos. Por la vida de esos cubanos que han llevado ante el paredón de fusilamiento dejando atrás su juventud inconclusa, pues, si bien cometieron un delito, pudieran haber cumplido una sanción amparada en la ley, y no morir porque a un vejete dictador se le antojó dar la orden de disparar, y a una caterva de intelectualoides de apoyar esas muertes.

Creo que los infortunados perros no deben ser maltratados. La Sociedad Protectora de Animales existe en los países donde hay respeto por ellos, pero es totalmente una hipocresía por parte de esta bailarina retirada que defienda a los animales, cuando toda su vida ha estado al servicio de una fatídica tiranía que ha reprimido a todo aquel que no la ha seguido.

La vida humana también tiene un precio, pero esta señora se desdobla ahora en su papel de benefactora de los perros cuando no le tembló la mano para firmar la muerte.

Su amor por los animales parece que ha sido su debilidad desde hace mucho tiempo, lo único que, ahora, han cambiado de nombres y razas.

 

Iliana Curra, Miami, abril 12

Ahora resulta que, Alicia Alonso, se ha convertido en defensora de los perros, clamando por una “vida digna” para los pobres animalitos que, en Cuba, sí que viven una vida de perros.

Y no es que esté en desacuerdo con que los canes sean tratados debidamente, pues creo que en Cuba, además del pueblo, los perros desandan por las calles pasando hambre, siempre en la búsqueda de algo que llevarse a la boca. Ellos también merecen alimentarse. Merecen estar bien cuidados, lejos de la sarna y otras tantas infecciones y enfermedades que padecen por la falta de atención.

Lo que me llama poderosamente la atención es la preocupación por los perros por parte de esta señora que no dudó un instante en firmar una carta de apoyo, junto a otros tantos intelectuales de su calaña, para que fueran fusilados tres jóvenes de la raza negra que intentaron abandonar la isla en una lancha de pasajeros.

ALICIA ALONSO: AMOR POR LOS PERROS Y ODIO POR LOS CUBANOS