PORTADA
CONDICIONES DE USO
CONTACTOS

 

que Cuba viva aprisionada y que sus mejores hijos se vayan sin haber regresado jamás a besar su tierra ya libre.

Pero quiero recordarlo como lo conocí. Entusiasta y enérgico. A veces polémico al extremo. Decía lo que pensaba sin importarle las consecuencias. Irreverente y sin ironías. Optimista siempre.

Recuerdo haberle dicho que, muchas veces no estaba de acuerdo con él. Lo aceptaba. También admitía haberse equivocado al principio de esa cosa llamada revolución en la que creyó y luego combatió hasta el final de sus días.

Así era Agustín Tamargo. Así debe ser todavía en algún lugar del Cielo. Que, aunque se fue muy bravo con Dios, estoy segura que Dios lo entiende.

 

Iliana Curra, Miami, marzo 8

Ha muerto Agustín Tamargo. Un hombre que desbordaba cubanía por todas partes. Un periodista excepcional. Impetuoso y apasionado.

Tuve el privilegio de conocerlo. Conversamos sobre un proyecto que no pudo cumplirse. Sus planes disminuyeron junto a su salud que se deterioraba apresuradamente. Su excesiva energía fue decayendo con sus padecimientos y su voz se fue apagando hasta perderse con su propia vida.

Es una pena. Cuba ha perdido a otro de sus hombres. Alguien que jamás podrá ser olvidado. Es parte de la historia, como tantos otros que han partido sin ver a Cuba liberada. Y como siempre decía, que si moría sin ver a Cuba libre, se iría bravo con Dios.

Ahora pudiera entenderlo. Quizás siempre supo que moriría sin lograr el mayor de sus sueños. Y no es justo. No es justo

AGUSTIN TAMARGO: UN CUBANO PARA RECORDAR