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CASTRO CONTRA KATRINA

Por Iliana Curra, Miami

El vejete de Fidel Castro ha puesto en marcha, una vez más, su tremenda hipocresía ante la opinión pública internacional. Vestido con su disfraz de guerrillero renegado hizo público su anuncio de enviar médicos a los estados sureños de Louisiana, Mississipi y Alabama que recibieron el impacto del huracán Katrina. Casi lloro de la emoción ante tanta bondad del comandante.

Si la situación no fuera tan triste debido a la cantidad de muertos y desaparecidos en las zonas devastadas por el huracán, daría risa. ¡El vejete donando hasta medicamentos a los norteamericanos! Parece que en su delirio por congraciarse con los Estados Unidos olvidó que, miles de cubanos aún esperan tener el derecho a comprar tablas, clavos y otros materiales para reparar sus maltrechas viviendas en las zonas por donde tantos ciclones han pasado. Si mal no recuerdo, cuando el ciclón Flora arrasó la zona oriental en 1963, el Comandante aprovechó el momento para controlar la venta de café al pueblo, quien a partir de ese instante tuvo que comprarlo de forma controlada por la libreta de racionamiento. La justificación era, paliar los gastos ocasionados por este terrible huracán, pero hasta ahora, continúa el racionamiento.

Nada más hay que ver las fotos que nos llegan desde Cuba donde se ven los hospitales cubanos en desastrosas condiciones, a excepción, por supuesto, de los que reciben a extranjeros que pagan en moneda dura su atención médica especializada.

Informes que llegan a cada rato desde la Isla nos demuestra que la “potencia médica” castrista no es más que una falacia. Salones quirúrgicos sin la higiene indispensable para realizar operaciones, salas hospitalarias cundidas de cucarachas y los suelos extremadamente sucios, son imágenes reales de un sistema que se jacta de ser superior en ese sentido. Médicos sin graduar atendiendo emergencias en los hospitales porque los graduados son llevados a otros países como parte de un plan gubernamental que los utiliza como esclavos de la era medieval.

El pueblo cubano carece hasta de aspirinas en sus farmacias. Toneladas de medicamentos salen anualmente de este exilio para sus familiares en Cuba, los que, ni siquiera, pueden contar con jarabes para aliviar un simple catarro. Mucho menos tienen antibióticos, ni analgésicos, ni una simple curita para una herida pequeña. Hasta mallas para operaciones de hernias están pidiendo con urgencia desde allá, porque en los hospitales no existen.

Que use a sus médicos y sus medicamentos para el pueblo cubano, que a esta gran nación no le hace falta su hipócrita ayuda “humanitaria”, a la par que culpa al gobierno norteamericano de la catástrofe. A nadie engaña el vejete con sus discursos desquiciados y llenos de histrionismo barato. Que resuelva los problemas de su pueblo primero, que ya bastante daño le ha hecho en sus casi cinco décadas de dictadura militar, donde lo único que ha brindado con eficiencia, es la represión.

A nadie engaña el vejete diabólico que usa a sus médicos para su propaganda enviándolos como mano de obra barata a los países que luego utiliza como plataformas ideológicas para entrometerse en sus asuntos internos. Es el mismo que encarcela a otros médicos, a los que no se someten a su Tiranía porque la dignidad es tal alta como su condición de galeno. Tal es el caso de los doctores Oscar Elías Biscet, Marcelo Cano Rodríguez, Jorge Luis García Paneque, Luis Milián Fernández y Ricardo Silva Gual. Hoy todos sufren los horrores de las cárceles de quien dice ser humanitario con los demás. El país donde existen, posiblemente, más cárceles que hospitales.

Castro, que constantemente presume ser el guapo de barrio, abre sus arengas politiqueras siempre en zafarrancho de combate, como si viviera una eterna guerra contra todo. ¡Hasta con los ciclones! Sus combates imaginarios le sirven para compensar sus años de guerrillero escondido en su cueva de la comandancia de la Plata, cuando desde su mirilla telescópica de su fusil norteamericano vigilaba al enemigo para enviar a su gente a la confrontación, porque la suya, siempre ha sido verbal.

Su guerra contra Katrina está perdida. Tendrá que buscarse otro enemigo ficticio para seguir en su posición de guerrero sin batallas. Sus teatrales actuaciones no le sirvieron para que aceptaran su hipócrita ayuda. El mismo que no aceptó el apoyo, no solo de Estados Unidos, sino tampoco de Europa, en los momentos en que su pueblo más lo necesitaba. Todavía lo necesita. Son miles los cubanos que aún carecen de las cosas más elementales para vivir.

Castro contra Katrina, quizás, sea uno de sus últimos capítulos en su vida. Ojalá que pronto acabe su historia.