PORTADA
CONDICIONES DE USO
CONTACTOS

 

La dictadura de los hermanos Castro no negocia el poder con nadie y cuando se trata de dialogar, como quieren los reconciliadores del exilio y de Cuba, el régimen lo convierte en un monólogo enfermizo para seguir llevando a la cárcel a todo aquel que se atreva a cuestionar la realidad de la Isla.

Dice Sergio Muñoz Bata en su artículo “Hacia la reconciliación cubana,” [El Nuevo Herald, febrero 21 2007] que: “la opinión pública en EEUU, incluso en la Florida donde reside la mayoría de los cubano americanos, pide un cambio en la política de EEUU hacia Cuba”. Se basa en encuestas realizadas por los mismos cabilderos, como es el caso de Bendixen, quien abiertamente ha expresado esos mismos deseos cada vez que lo entrevistan.

Según otras encuestas, también expresan la necesidad de cambios en la política hacia Cuba, ya que creen ilusoriamente que: “con Raúl Castro hay más probabilidades de que se dé una transición a la democracia”, olvidando que el heredero del trono es tan asesino y dictador como su hermano.

Dice el articulista que “también en el Congreso las cosas están cambiando”, refiriéndose a que el representante demócrata José E. Serrano ha introducido un proyecto de ley para la eliminación del embargo. Como si realmente esto fuera algo nuevo, conociendo todos que Serrano ha sido uno de los más fuertes cabilderos a favor del levantamiento del embargo, junto al republicano Jeff Flake, quienes en una época pensaban diferente y llamaban a Castro lo que era. ¿Qué les sucedió? Que se lo pregunten.

Los congresistas que median para levantar las restricciones al régimen de La Habana están presionados por los intereses económicos que mueven esta nación. Es por eso que buscan “flexibilizar el sistema de pagos a los productos agrícolas norteamericanos”, “reducir las restricciones a la venta de alimentos a Cuba” y “permitir operaciones entre bancos de ambos países”, así como “eliminar restricciones a los viajes y para permitir a las compañías petroleras norteamericanas hacer sus exploraciones en los litorales de la isla”.

Y basados en una profunda utopía humanitaria, exigen “eliminar restricciones a los viajes a Cuba” y proponen “eliminar los arbitrarios límites a los envíos de dinero y otros bienes a las familias de los exiliados”. Dando por seguro que todas estas medidas harían que “millones de cubanos tendrían acceso alimentario seguro y abundante”, olvidando los millones de rublos soviéticos que lo único que lograron fue fortalecer el sistema represivo de la Isla y expandir la ideología comunista a países africanos y otros lugares del mundo, y permitir que el régimen se mantuviera por muchos años más, y, con ello, el sufrimiento de un pueblo que ha buscado la libertad huyendo en precarias embarcaciones exponiendo sus vidas en el estrecho de la Florida. Todo eso pasando hambre también.

Pero el asunto de Cuba es mucho más que negociación económica. Ninguno de estos sucios cabilderos menciona la palabra libertad para ese pueblo sometido. A ninguno les interesan las condiciones infrahumanas en que viven los presos políticos y comunes, los familiares de estos presos que tienen que recorrer cientos de kilómetros para ir a verlos. Mucho menos se preocupan por la marcada ideología impuesta a los niños en las escuelas con el adoctrinamiento asqueroso de querer ser como el Ché, un asesino inmundo que murió intentando llevar sus métodos a otros países libres del continente.

Todos sabemos que los turistas que viajan a Cuba solo van a recrearse en sus playas y hoteles donde los nativos ni siquiera pueden pararse en sus puertas. Muchos, muchísimos de ellos, van a prostituir a niñas y niños que, buscando mejorar sus vidas, se entregan a éstos depredadores sexuales que a donde tendrían que viajar sería a la cárcel.

Pero hay que seguir hablando de quiméricos diálogos con sordos y reconciliaciones con tiranos, a pesar de los continuos fracasos por tanto tiempo. Es por eso que hablan de una “imaginada reconciliación nacional en una Cuba democrática”, sin darse cuenta que, cuando Cuba sea realmente democrática -–llámese libre-- no serán necesarios tantos informes, ni diálogos baratos, ni mediadores desatinados.

 

Iliana Curra, Miami, febrero 24

Mucho se está hablando de la reconciliación de los cubanos como algo novedoso, a pesar de ser un tema gastado, no ya por el tiempo, sino por el deterioro que provoca decir lo mismo por tantos años sin que nada se resuelva.

Y es lo mismo que estos reconciliadores de siempre, y no tan de siempre, critican a los que no aceptan pactos con la dDctadura. El argumento de que nada se ha logrado con el embargo económico de los Estados Unidos hacia Cuba --lo cual no es el centro de la lucha-- así como tampoco nada se ha logrado con gritar en la Calle Ocho, como dicen que hacemos, nos coloca justamente en posiciones paralelas.

Y es que aquéllos que han querido dialogar con el régimen castrista, así como los que ahora encuentran en Carlos Lage al hombre que no tiene manchadas las manos de sangre, son dignos de un estudio científico que permita escrutar sus neuronas.

SOBRE LA RECONCILIACIÓN, MI OPINIÓN