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JORGE RAMOS Y LA CIENCIA FICCION

Por Iliana Curra, Miami

No cabe dudas de que, Jorge Ramos, inteligente y perspicaz periodista mexicano tiene un gran sentido de la imaginación, además de querer convertir a los Estados Unidos en una nación azteca. Su artículo publicado en El Nuevo Herald con fecha de abril 28 de 2006, titulado “El boicot”, es realmente conmovedor.

Ramos, quien está obsesionado porque los mexicanos entren por la frontera ilegalmente y se establezcan en esta gran nación, reciban ayuda, les den documentos y se arroguen la exigencia de derechos sin deberes, no acaba de analizar profundamente el por qué sus coterráneos cruzan el río Bravo, el muro, el desierto o cuanto obstáculo haya para venir a los Estados Unidos. No. Él solo exige y exige que todos ellos entren y ya. Porque sí.

Conmocionado por la idea del boicot a realizarse en la fecha ¿coincidente? del primero de mayo contra este país, y el hecho de que los hispanos (llámense mejor mexicanos) sean capaces de paralizarlo todo, hace mención a una película de ciencia ficción titulada “Un día sin mexicanos”. Sobre todo cuando relata el final “genial” de la misma

cuando un agente de inmigración de Estados Unidos, en lugar de evitar la entrada de indocumentados de Mexico, le da un fuerte y efusivo abrazo de bienvenida al primer mexicano que trata de cruzar ilegalmente. Casi lloro de la emoción.

Y es que entonces yo, que también me las gasto en imaginar cosas idílicas, me figuro a los cubanos cruzando el mar para llegar a Mexico, ya sea en balsas, botes o chalupas creadas por la inventiva del cubano que, además de pasar hambre en la isla, vive la represión política de una dictadura militar que, gracias a Dios, no tiene Mexico.

Me imagino a los guardacostas mexicanos recibir a los balseros cubanos con sonrisas y cariño, darles un efusivo y fuerte abrazo, y decirles: “No se preocupen hermanos, nosotros le permitiremos vivir en nuestro país donde cabe todo el que venga. Le daremos ayuda, seguro médico, empleo y el derecho a exigir como nunca lo pudieron hacer en Cuba”.

Y es que, a estas alturas del juego, donde hasta el retrete Granma, periódico oficial del Partido Comunista de Cuba, se complace tanto con el boicot y hace arengas a que los hispanos (llámense mejor mexicanos) paralicen la nación, causa realmente un malestar que no puedo explicarme bien. Ya sea por la exigencia de derechos inexistentes de aquellos que han violado la ley y viven de forma clandestina, y no tan clandestina, porque derechos tienen aquellos que viven de forma legal en el país. Llámese Estados Unidos, Mexico o la conchinchina.

Pero en fin, sigo imaginando a Mexico recibiendo a cubanos, guatemaltecos, hondureños, bolivianos, y de todos los países que quieran cruzar su frontera, recibiéndolos con amor y una sonrisa en sus labios. Permitiéndoles luego que marchen, realicen boicots o cuanta protesta quieran porque algún derecho le ha sido violado. Que los productos mexicanos no se vendan porque alguien cree que las tortillas o los chiles tienen la culpa de estas supuestas violaciones, porque habría que demostrarle a los aztecas que todos ellos tienen una inmensa fuerza dentro del país, aún sin tener derechos. Eso sería magnífico. Pudiéramos intentarlo.

También deberíamos exigir llegar a la cúpula del gobierno mexicano y hacer que cubanos, hondureños, bolivianos y de otros países lleguen a posiciones de gobernadores, senadores y congresistas, para de esta forma controlar el poder político de Mexico. Pero el verdadero poder de éstos radicaría en el creciente número, ya que a diario entrarían por sus fronteras decenas de miles. Tal y como desea Jorge Ramos en los Estados Unidos.

Por supuesto, ya no existirían las masivas deportaciones a sus respectivos países, incluyendo a la tiranía castrista. Los coyotes pasarían a ser defensores de los derechos humanos en Mexico, y los chiles ya no tendrían tanto picante al extremo de hacerte llorar. Los que entran, lo harían sin que se viera como una violación de la ley mexicana, así como las marchas y los boicots (si se violara algún derecho a los ilegales) sería algo permitido aunque la economía fuera al suelo en 24 horas. No podemos olvidar tampoco cantar el himno nacional mexicano en jerga cubana, o en inglés, ¿por qué no?

Esto si sería un buen guión para hacer una película de ciencia ficción, pues la gente entiende cuando se les pisa el callo. No cuando exigen al vecino de al lado que los reciba, les de comida y le exijan todas las comodidades de su casa como si ellos fueran los dueños.

Mientras, dejaremos que los valores de esta gran nación se sigan perdiendo a manos de gentes que violan las leyes y se dejan arrastrar por quienes sí saben lo que están haciendo. No como dice este periodista sutil y nacionalista: las marchas han surgido sin líderes visibles”. No, Jorge Ramos. Estás en un error.

Bien sabes que detrás de todo esto hay una corriente ideológica agazapada y astuta que, lo que más desea en el mundo, es “poner de rodillas al imperio”, ya sea con marchas de quienes no tienen derechos, con alzas en el precio del petróleo, o como quiera que sea. A fin de cuentas, las democracias son sociedades abiertas y libres, fáciles de echar abajo cuando se lo proponen.

Todos los que vivimos en dictaduras comunistas, férreas y totalmente cerradas, conocemos de sobra quiénes están detrás de algunos infelices que, en aras de resolver sus problemas, no les importa lo que venga detrás.

Un día sin mexicanos”, la película preferida de Jorge Ramos, no será nada en comparación con la nueva película que quieren hacer y que en estos momentos deben estar escribiendo el guión. ¿El título?: “El día que perdimos la libertad”.