



LOS CUBANOS Y EL REGRESO
Por Iliana Curra, ex prisionera política, Miami --Septiembre 22
Los cubanos en Miami tienen defensores y detractores. Amigos y enemigos. Solidarios e indiferentes a su causa. Esa es la libertad que tiene cada cual de apoyar o no a quienes deseen. Pero los cubanos también tenemos nuestros derechos: el de replicar, y todos los derechos que nos ha dado Dios y la democracia.
La idea de escribir este artículo no es mía. Me la dio alguien que, pensando sobre el futuro de Cuba y los cubanos en Miami me decía que, si los cubanos regresamos todos, que no será así, deberíamos llevarnos lo que hemos creado en esta comunidad, así como nuestras costumbres también.
Empezaríamos por regresar y llevarnos los frijoles negros, el café cubano, el cortadito y el café con leche. Las tostadas y los tostones o plátanos a puñetazos. Nos llevaríamos también, por supuesto, el sandwich cubano, como su nombre lo indica. La Ropa Vieja, el puerco asado en la Caja China, el rabo encendido y las “muñetas” o garbanzo frito.
El potaje de chícharos, la yuca con mojo, los tamales y los chicharrones de puerco. Las torticas de Morón, los buñuelos y el boniatillo. Los pastelitos de guayaba y los palitroques. Los churros con chocolate y las cremitas de leche. Nuestra música cubana, ahora llamada salsa, y por ende, a Celia Cruz, a Rolando Lasserie y otros tantos artistas de la Patria. Nuestras banderas que ondean por todo el Condado, nuestra alegría y nuestra forma de hablar ruidosamente. Los abrazos fuertes, los saludos estruendosos y el orgullo de haber llegado tan alto en esta gran nación que nos ha protegido desde siempre.
Nos llevaríamos, además, los restaurantes, los mercados, los teatros y los dealers de autos, los nombres de La Pequeña Habana y gran parte de Hialeah. No quedan exentos otros repartos como Weschester, West Miami y Kendall, donde viven tantos nativos de la Isla. Cargaríamos con los bancos y sus banqueros, médicos, enfermeras, maestros, mecánicos, tenderas, plomeros, abogados, jueces, representantes estatales, congresistas (hasta tres federales republicanos y uno demócrata) ademas de un senador, y asesores políticos en varios puestos importantes del gobierno. Abarca también a dulceros, panaderos, farmacéuticos, empleados de oficinas, carpinteros, albañiles, alumnos de escuelas Elementary, Middle y High school, así como universidades privadas y del gobierno.
Se iría con nosotros el Carnaval de la Calle Ocho, que rompió el récord de un millón de personas bailando conga con una cubana al frente, el desfile tradicional de los Reyes Magos, la programación de radio y televisión que tanto "raiting" tienen en la ciudad. Los repartos hechos por cubanos, las gasolineras y los periódicos locales que tanto se venden por tratar el tema cubano, así como los tabloides que malamente llaman “periodiquitos”. No se escuchará la palabra “guagua” para mencionar el bus, ni tampoco el “asere” que desde hace unos años se dice en las calles de Miami. La Canastilla Cubana también irá de regreso, así como los modistas, peluquerías, carnicerías y las ventas de viandas y frutas. Los joyeros, electricistas, y nuestros viejitos retirados que tanto añoran su tierra. También nos llevaremos nuestras guayaberas, una pieza de vestir tan bella y elegante como cualquier ropa de lujo.
Regresarán a la sla los discursos, los desayunos y las cenas para hablar de Cuba. Las consignas, las fotos de los prisioneros políticos, que ya estarán libres, y la verdad de José Martí que el régimen siempre ha ocultado. Nos llevaremos la historia nunca escuchada por los cubanos de la Isla, así como el "spanglish" de los nacidos aquí.
Nos llevaremos a nuestra Caridad del Cobre, a San Lázaro, a Santa Bárbara y a la Virgen de Regla, que es lo mismo que llevarnos a Ochún, a Babalú Ayé, a Changó y a Yemayá. También se irán otros muchos santos, tanto católicos, como del sincretismo religioso. Cargaremos con la Ermita de la Caridad, el Rincón de San Lázaro y las otras tantas iglesias que han construido los cubanos en Miami.
El espacio que dejaremos será tan grande que, dudo mucho alguien pueda ocuparlo de la manera tan especial que lo han hecho los cubanos. Dejaremos atrás la envidia de algunos y la preocupación de sentirse inferiores, aunque no lo sean. Quedará el silencio sepulcral de una ciudad vacía donde la alegría y la risa se mudarán a 90 millas al sur. Un tsunami no sería tan devastador como la ida de los cubanos de Miami, le guste a quien le guste reconocerlo o no.
Mientras tanto, tendrán que seguir soportándonos. Somos únicos. Especiales. Escandalosos y cordiales. Autoritarios y flexibles. Amigos hasta el fin, pero como enemigos, firmes y constantes. Dispuestos y enérgicos. Siempre con ganas de llegar…y de regresar.
Somos como somos, pero así nos quieren…y nos odian. Nadie podrá cambiarnos. Ni las dictaduras, ni las democracias. Ni las cárceles, ni la libertad. Ni la vida… ni la muerte.