Por Juan Cuéllar

Si hay algo por lo tenemos que sentirnos orgullosos ha sido la tenacidad de nuestra lucha por la libertad, no sólo de Cuba, sino de aquellos pueblos bajo el yugo y la amenaza del comunismo. Esto ha sido la piedra angular de nuestra acrimonia, la génesis de cada uno de los ataques brutales a los que estuvimos, estamos y estaremos sometido por la claque marxista, liberal y progresista.

La libertad de Cuba se acerca. Ellos lo saben, de ahi la intensificación del zafarrancho. El agudizamiento y la ferocidad de sus ataques. De ahi tambien su derrota.

¿Quién iba a decir que un grupo de exiliados de una islita en el Caribe resistiera el poder de los embates del marxismo encubierto de nuestros progresistas en la metrópoli, de nuestros expertos en la desinformación y la manipulación, con tanta paciencia y claridad? Se preguntarsan los maestros del clon marxista.

 

Si nos disparan a quemarropa a traves de organizaciones bien camufladas, como Human Right Watch, ahi los descubrimos. Si nos colocan periodistas, columnistas, editores y directores en los periódicos, los identificamos fácilmente. Si nos inventan centros de estudios en las universidades para confundirnos, los señalamos más rápido de lo que canta un gallo. Si hacen campañas difamatorias en organizaciones humanitarias para trastocarnos, los desciframos de inmediato. Si nos ponen politicos infiltrados en elecciones, pierden abrumadoramente.

Si reúnen centenares de negocios internacionales para derrotarnos en Washington, no pasa nada. Hasta su Presidente en la Casa Blanca no nos hizo claudicar.

Nos meten "desertores" del marxismo en el corazón de nuestro Exilio y el daño es mínimo y su existencia también y cuando algunos perduran, su identidad ya es más que conocida. Si nos cierra el acceso en la mayoría de los medios de comunicaciones, los pocos que nos quedan son suficientes, y cuando logran quitarnos un foro radial, otro se hace invencible. Y cuando ser reúnen en secreto para cerrar esa estación de radio invencible, hasta ahí llegan nuestras antenas y queda al descubierto su conjuria. ¿Quién le susurra el oído a estos exiliados?, preguntarán. ¿Por qué nos descubren con tanta facilidad?, se cuestionarán.

Hasta sus libros escondidos en las bibliotecas escolares no pasan desapercibidos al atisbo de estos cubanitos del exilio. Los pisoteamos y nos tiran del pie. Los tiramos al piso y se levantan tantas veces como los hacemos caer. Los silenciamos y hablan más. Los incomunicamos y hablan por señas. Le trancamos Hollywood y ellos se cuelan por la ventana. Les cerramos los ojos y ven más que nunca. Los botamos por la fuerza y tenemos que recogerlo por la fuerza también.

Les llamamos chihuahuas y ellos se convierten en leones. ¿Quién puede con semejante cosa?...Reclaman. La respuesta es simple. ¡Nada!

Nada nos detendrá hasta alcanzar la libertad anhelada. Cuba será y estará libre de las sirenas del marxismo. Seremos la luz de la libertad y la democracia. No caeremos de nuevo en la trampa de abrir nuestra casa al comunismo extranjero.

Esto, ellos, lo saben: Son los Heraldos Negros que les da la muerte de su bárbaro Atilas.

 

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