MAS CANOSA vs. ALARCON

Por Esteban Casañas Lostal, Montreal, Canadá.

Formo parte de una generación que ha sido bombardeada durante decenas de años por proyectiles ideológicos. Guerra iniciada en nuestra apenas perceptible infancia, y que aún no ha culminado. Formo parte de esa generación que hoy va cayendo abatida por el peso incalculable de unos años, donde las "ideas" significaron mucho más para un gobierno que la garantía de un mísero plato de comida. Formo parte de una generación laboriosa, entusiasta, desprendida, solidaria. Formo parte de una generación hoy enferma, traicionada, defraudada, derrotada, dispersa por el mundo, cautiva dentro de la prisión construida con su propio sudor. Formo parte de esa generación bombardeada con ese sentimiento hoy tan arraigado en mi tierra, el odio.

Entre las órdenes diarias recibidas por medio de discursos, editoriales, noticias, círculos de estudios, asambleas, reuniones, marchas, concentraciones, etc., se destacaban ciertas organizaciones y personajes con prioridad máxima para odiar. Los yanquis ocuparon siempre la primera plaza, era imprescindible ese odio para luego trasmitirle nuestra experiencia y ejemplo a nuestros "hermanos". El segundo lugar era ocupado

por todos los cubanos que un día decidieron apartarse del rebaño "revolucionario". Por último, debíamos odiar, marginar, condenar, castigar, humillar, despreciar, anular, hundir, etc., a todo aquel que compartiera el paraíso que estábamos construyendo dentro de nuestra propia tierra.

Se destaca entre los personajes que forman parte de la segunda categoría a odiar eternamente, una persona con la cual acabo de tener un tardío contacto, me refiero al señor Jorge Más Canosa, contacto establecido accidentalmente por medio del servicio de Internet.

No por gusto en la Isla se encuentra prohibido y uno de nuestros hermanos está al borde de la muerte rodeado del silencio y complicidad internacional. No hace falta destacar detalles de esa guerra desarrollada durante décadas en contra de su persona y Fundación. Creo que la sola existencia de esa batalla entre todos los mecanismos y poderes de un Gobierno en contra de una organización, la hacen merecedora del respeto de sus enemigos.

Con unos años de retraso pude consumir el debate ocurrido entre el señor Mas Canosa y ricardo alarcón, dícese presidente de la asamblea del poder popular en la isla. Todas esas palabras con minúsculas son ex profeso. Durante mi vida como miembro de una gleba, tuve sentimientos encontrados conmigo y con muchos siervos que me rodeaban entonces. Gocé por mi condición de marino de aquella materia prima que me permitía poder establecer comparaciones, privilegio vedado a los demás. Fue de esa manera que pude distinguir entre los líderes y dirigentes impuestos, quienes eran de mi agrado y quienes motivaban con fuerza mi apatía. Se distinguieron muchos, creo recordar a aquellos que despertaron en mí esos sentimientos de rechazo total. Se destacaban entonces los señores roberto veiga, aldana, robertico robaina, raúl castro, juan escalona reguera, pedro ross y otros que ocuparían mucho espacio. Merecía un lugar elevadísimo entre aquella pandilla de "dirigentes" el señor alarcón. No puedo precisar la razón principal a tal apatía, pero siempre encontré en su figura una proyección definitivamente "repulsiva", carente de todo carisma para atraer a las masas y derroche de servilismo en cada palabra pronunciada. Hablo de mi época vivida en Cuba.

Hoy, pude deslastrar cuanta duda pudo existir en mí, no creo fueran muchas. Encontré en ese debate frente a Mas Canosa al individuo que siempre imaginé, al tipo taimado, cobarde, mentiroso, manipulador, etc. Vi en su figura al prototipo creado en la Isla, al individuo divagante, al timorato que responde con evasivas, al falso, al demagogo, etc. Sobresalen por encima de todos los epítetos que su imagen merecen, la del cínico. No creo haberme equivocado durante mi permanencia en la Isla.

Entre las tantas preguntas formuladas y que solo respondía al estilo de los "revolucionarios" de su pandilla, con evasivas y escapando por la tangente. Se destacan entre esas preguntas, la referente al supuesto "bloqueo" y la inyección producida durante tres décadas por la extinta Unión Soviética. La respuesta queda inconclusa entre cifras, sencillamente no responde nada y deja el vacío al televidente entre las cantidades recibidas por parte de un continente a través del plan Marshall y el dinero malgastado por una pequeña isla durante tantos años de subsidio soviético.

Cínica y cobarde fue la respuesta de ese individuo cuando se trató el problema de los derechos humanos en Cuba. Ante las acusaciones del señor Mas Canosa sobre los acontecimientos del remolcador "13 de Marzo", este individuo ha manifestado encontrarse ante una novela, dijo que se le había prometido un debate con un escritor. No deja espacio a las dudas, alarcón asiste a ese encuentro convencido de que se produciría con un escritor. Lo hace convencido que sería una batalla fácil de ganar, una pelea entre Goliat y David, pero se equivocó. No fue un simple escritor la víctima prometida, resultó ser un gigante que redujo su figura política a la estatura de un pigmeo.

¿Existen mítines de repudio en Cuba? El último que recuerda alarcón en esos momentos es el realizado en Miami contra el pianista Rubalcaba, la Fornés, etc. ¿Qué más se pudiera agregar a sus respuestas? Nada, solo sería verter criterios particulares sobre algo ya manifestado.

No soy amante de la pelota, me distingo de la gente de mi generación en ese aspecto, soy amante del fútbol y el boxeo. Soy un apasionado protagonista de esa historia oculta y detenida caprichosamente en mi país.

La vida para mí se extiende más allá de un gol, una carrera o un nockout. Profundizar en detalles sobre este debate, harían interminable esta modesta opinión. Solo me resta decirles algo, es una verdadera pena que ese debate no se encuentre al alcance del cubano común, de nuestros vecinos, del niño al que le suspendieron la leche el mismo día que cumplió sus siete años, del vecino de aquellos que perecieron en todos y cada uno de los intentos por abandonar el paraíso prometido. (cont.)

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