Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.

 

 

La emigración de los isleños ha ido en aumento en el transcurso de los años y se diferencian varias generaciones entre ellas. Tuvo sus inicios desde los mismos instantes de la llegada de Castro, siendo los primeros desplazados aquellos que se vieron afectados tempranamente con las medidas adoptadas por su régimen. Puede afirmarse que esa primera andanada de cubanos hacia el exterior y con principal destino los Estados Unidos, correspondió a casi la totalidad de la clase adinerada del país y una parte muy importante de su clase media. Otros, distribuidos entre las tres clases sociales muy bien definidas, lo hicieron atemorizados por sus vínculos al viejo sistema y las medidas de terror impuestas desde los primeros días por los vencedores.
En el año 1965 se dispara la primera manifestación de descontento popular y los deseos masivos de emigrar cuando los acontecimientos de Camarioca.
Oportunidad en la que quedaron varados en la isla miles de nacionales sin poder lograr su objetivo.

La historia vuelve a repetirse y con mucha más fuerza en el año 1980 cuando los eventos de la embajada del Perú y el puente establecido por el Mariel. Para tratar de contrarrestar la imagen negativa de aquella oleada
humana, Castro procedió a limpiar cárceles y hospitales psiquiátricos, obligando a delincuentes y enfermos mentales a abandonar el país, calificando a toda esa masa humana de “escorias”. Quedan institucionalizadas las “Brigadas de Respuesta Rápida” y legalizadas por el consentimiento gubernamental los “Actos de Repudio”, donde sin el menor escrúpulo posible utilizó a delincuentes comunes.

En 1994 se produce otra gran salida de balseros que actuó como válvula de escape a la situación atravesada por la caída del bloque socialista. Manteniéndose hasta la actualidad como una herramienta de chantaje en su enfrentamiento con el gobierno de los EU.

Las modalidades implantadas para realizar esas emigraciones han variado mucho, las balsas han sido sustituidas por lanchas rápidas y el tráfico humano realizado con el consentimiento de varios países mediante la venta de visas. Sin embargo, vale destacar el éxodo constante mantenido desde hace unos años por jóvenes de ambos sexos que, utilizan como pasaporte y boleto de viaje la unión matrimonial con extranjeros sin distinguir edades, razas, credos, países, etc.

Se dice que la población cubana en el exterior anda por los dos millones de habitantes y que más de la mitad de ellos radican en los Estados Unidos. Sin embargo, no resulta nada asombroso encontrarse con un cubano
en países tan distantes como Australia, Japón o Tailandia. Peor aún resulta aceptar que en ese desespero por abandonar la isla, nuestros compatriotas no distingan entre países pobres o ricos y de culturas muy diferentes a la nuestra. Cubanos hay regados por el mundo gracias a esa revolución, existen en países musulmanes, africanos, y entre los más pobres del continente americano.

Cualquier opción es aceptable en su desespero por escapar de lo que se ha convertido una trampa. El constante éxodo de los nacionales ha sido una de las grandes “victorias” de la revolución cubana, si las cifras no son mayores se debe a su condición de isla que actúa como elemento regulador de esa actividad. Miles de cubanos han perdido la vida en ese intento por abandonar el paraíso del proletariado, muchos de ellos descansan en la profundidad del mar, fueron devorados por tiburones o sencillamente asesinados por las embarcaciones de Guardafronteras. Las verdaderas cifras se conocerán el día que se produzca un cambio y se proceda a la reconstrucción de nuestra historia.

Mientras tanto, aquella isla encantadora que fuera el objetivo final de muchos emigrantes, continuará siendo un polvorín de pronósticos impredecibles, un sitio del que todos o casi todos aspiran escapar algún día, pero sus voces sólo pueden ser escuchadas por sus conciencias.

Paraíso de turistas y trasnochados, lo cierto es que nadie ha tomado una balsa con destino a sus playas desde 1959. Este es otro de los altos precios pagados por el pueblo cubano en esa alocada aventura llamada “revolución”.

" … Quien no tenga genes revolucionarios, quien no tenga sangre revolucionaria, quien no tenga una mente que se adapte a la idea de una revolución, quien no tenga un corazón que se adapte al esfuerzo y al
heroísmo de una revolución, no lo necesitamos en nuestro país … Fidel Castro 1º DE MAYO DE 1980

… ¡Hummmm!...

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CUBA, EL COSTO DE SU REVOLUCIÓN. (ÉXODO)

Esteban Casañas, Canadá, junio 22

"…Quien no tenga genes revolucionarios, quien no tenga sangre
revolucionaria, quien no tenga una mente que se adapte a la idea de una revolución, quien no tenga un corazón que se adapte al esfuerzo y al heroísmo de una revolución, no lo necesitamos en nuestro país …
Fidel Castro 1º DE MAYO DE 1980

Antes de la llegada de Castro al poder en enero de 1959, la población cubana rondaba los seis millones y medio de habitantes. De toda aquella población heredada, solo una ínfima e insignificante parte de ella emigró al extranjero por razones económicas, políticas o de otra índole.