Los hábitos de los rojos son hereditarios

Por Carlos Carralero

Los colores producen variados estímulos en zonas del cerebro,
desconocidas por la mayoría de las personas. El blanco, se une a la luz para iluminar y dar sensación de pureza, a mí, que vivo en una ciudad industrial, casi siempre gris, el verde, en momentos de desesperación, me trae el optimismo que salva, el sueño de la eternidad: de otra vida en el más allá, mejor
que la que me ha tocado vivir en el « más acá «. El azul trasmite en mí conciencia, un sentido de elegancia, de magnanimidad. El negro, por el contrario, castiga las células de los recuerdos.

Así, sobre este obsesionante juego cromático del subconsciente, regreso a la conciencia para desechar el violento creador de íncubos: objetos de punta afilada que
apuntan a la sensibilidad, pedazos de carne o de un trapo rojo, que estimulan al soldado del Medioevo a levantar su espada de 10 Kg. para matar a un semejante; a un toro a desencadenar su violencia taurina, contra quien promete sacarle la sangre a golpe de banderilla.

Recuerdo también un gallo, que en casa de mi suegra, creciera con los escasos desperdicios alimentarios, dejados por la familia; muchas veces, pequeños restos de carne roja - peor que un perro-. A picotazos envestía a quien osara entrar en el patio. Aquella y otras experiencias más serias, han sido el motivo de que, desde algunos años, trate de alejarme de los que
usan conscientemente este matiz como doctrina o filosofía.

Ayer, nuestro activo grupo en Italia, terminó con una larga jornada delante del Consulado Cubano en Milán la serie de actividades, que en apoyo a la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba veníamos realizando: conferencias de prensa, manifestaciones en algunos puntos de la ciudad, con los partidos Aleanza Nazionale y Radicales, informaciones a diversos órganos de prensa, sintetizan nuestro trabajo, y por qué no decirlo bien, nuestro esfuerzo. En las dos grandes ciudades italianas, Roma y Milán, los italianos - que en las últimas elecciones regionales y provinciales, se estaban desplazando hacia la siniestra (una izquierda que para vencer, tiene que hacer pacto con la fracción, fraccionada dos veces, del viejo partido comunista; es decir con Comunisti Italiani y Rifondazione Comunista) – han visto otra vez el valor cívico, de los que usan, el alma, o en su caso el arma con el matiz purpúreo.

En la capital, mientras un grupo de jóvenes manifestaba delante de la Embajada Cubana, ciudadanos de « aquel color”, lanzaban chorros de agua con gruesas mangueras, amenazaban con tubos, de otro material más duro que el de las mangueras, y hacían funcionar radios a decibeles criminales, con música, cuyas letras son alabanzas a Castro Guevara. En Milán, mientras radicales y cubanos manifestaban delante del Consulado Cubano, desde el sexto piso, los agentes castristas usaban telecámaras para filmar. Pero, ocurrió que en un momento de descuido o de distracción del grupo, un desconocido, ejercitando una rápida maniobra, lanzó su carro sobre los manifestantes, virando al revés la mesa con volantes y otros materiales. Por suerte no golpeó a nadie el violento.

Al terminar la manifestación en torno a las 19:00, parte del grupo quiso comprobar lo que nos habían informado. Frente al consulado de los Estados Unidos, manifestaban los comunistas italianos. Al pasar por allí, gritamos: “abajo Fidel”. Vimos entonces como algunos de los manifestantes, con pasos de monstruos, seguían nuestro automóvil. Dimos la vuelta para alejarnos del vórtice marciano, pero tuvimos que detenernos, ante la luz roja, algunos metros de distancia del semáforo: de nuevo el rojo. Cuando pusieron la verde, el que guiaba, metió el pie en el acelerador, porque tres individuos, con pasos de rojos robots, se acercaban a nosotros, como quien acaba de ingerir una dosis alta, de algo así, como para anular la zona racional del cerebro humano. La crónica de los hechos descritos, me lleva otra vez a la conclusión de que ciertos hábitos, o prácticas sociales, repetidas durante varias generaciones, quedan en el DNA, y luego, a través de un mensaje genético se trasmiten a descendientes.¡El comunismo, contrario a como quieren hacer ver muchos en Europa, no ha terminado, tampoco en occidente! Editorial El descrédito de Pilar Manjón

 

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