



UN MILLON DE VIETNAM, DIEZ, CIEN, MIL NASIRIYA
Por Carlos Carralero, Milán, Italia
Confío en que no sean pocos los que se recuerden de las infelices frases que a manera de histéricos alaridos expresaran varios italianos, cuando el presidente americano, George Bush, pasara por esta tierra, en misión de recordar las víctimas anglo-americanas en los territorios francés e italiano al final de la Segunda Guerra mundial.
Un millón de Vietnam, diez, cien, mil Nasiriya, eran los rojos obsequios, lanzados al representante del país que los había ayudado a liberarse de los nazi-fascistas y que más tarde evitó que aquí la lengua nacional fuera el ruso.
Dos años después --en el mismo lugar-- Roma --se ha repetido la escena. Un grupo de violentos comunistas (sé que puede resultar redundante la frase), capitaneados por candidatos al gobierno de Izquierda en caso de triunfar en las próximas elecciones; entre los que se encontraba Oliviero Diliberto, secretario del partido Comunistas Italianos (quien apoya incondicionalmente al régimen castrista), vuelve a enviar su más generoso mensaje, el del odio. Creo que fue Plutarco quien dijera que la tendencia a odiar, busca siempre la ocasión para hacer daño.
Con tono arrogante, propio de la mayor parte de las personas que no saben despojarse de esa plaga que ataca a la personalidad, llamada frustración, se lanzaron una vez más a las calles de la capital, gritando: diez, cien, mil Nasiriya.
Tampoco esta vez –-porque los ciega el odio-- se recordaron que en el 2002, durante la reunión del G-8, celebrada en la ciudad de Turín, la violencia les trajo como fruto de su desafueros, una víctima: Carlo Giuliani, quien, con extintor en mano se lanzara contra una máquina de la policía italiana, la cual, tratando de salir de la trampa que le habían tendido los violentos, de posible victimario se convirtió en víctima. Haciendo pedazos el cristal del automóvil de dos inexpertos policías, casi adolescentes, que se encontraban dentro del auto, preparaban el último ataque, encaminado a fracturar, no los vidrios, más bien las cabezas de los policías. Uno de los militares, presa del pánico sacó la pistola y en un acto inconsciente del instinto, apretó el gatillo. Por varios meses, después del accidente, el militar estuvo, bajo tratamiento psiquiátrico.
Nasiriya, es la ciudad iraquí, donde a causa de un ataque terrorista, murieron 19 italianos, repudiados por los violentos de la Izquierda, por servir, según estos, a los americanos.
Roma, a la distancia de más de 15 siglos, se ve de nuevo asediada por hordas bárbaras. Ya no vienen del Oriente. Vienen ahora, de las zonas más bajas de la conciencia humana: la del odio por frustración.
Supongo que también los menos indolentes, se recuerden de las advertencias acerca del peligro que representa para la humanidad entera, dejar impunemente, que países violentos como Irán desarrollen sus planes de construcción de la bomba atómica.
Los europeos ahora, no se explican, cómo han llegado a viejos, sin escuchar consejos. Pero, el régimen iraní, del que nadie sensato y sincero duda su violencia, es amigo del castrista. El cínico de Castro, ha declarado que apoya los planes de construir la atómica de los iraníes. Los gobiernos de Europa, hace algo más de un año, levantaron la breve y tímida sanción impuesta al dictador cubano y su camarilla.
Hace un año aproximadamente, algunos ministros y presidentes de la Unión Europea, firmaron el levantamiento del embargo a las armas chinas.
En el 2004, un grupo de italianos en Roma, empezó a recoger fondos para las guerrillas iraquíes. La iniciativa fue contrastada por los radicales milaneses.
El gobierno español, el mismo que fue premiado por una parte de su pueblo, por el ataque terrorista al tren en Madrid; si no ha cambiado de opinión, tiene en proyecto la construcción de mezquitas para los más y para los menos mezquinos musulmanes que matan a ciudadanos ibéricos. Solamente por el delito de ser occidentales.
Un juez italiano en un proceso formulado por familias musulmanas en una ciudad de este país, falló a favor de la solicitud de los mahometanos de retirar el crucifijo de las escuelas donde se encontraban sus hijos. Las caricaturas ahora, son el colofón de la ternura de los europeos en relación de los islámicos violentos, de los criminales represores comunistas, cubanos, chinos, etc.
La enseñanza que se puede extraer de estos hechos, es que a las cabezas calientes de los violentos, hay que refrescarle los sesos con el antídoto de la fuerza y no con la debilidad de querer afinarles los oídos duros, llamándolos al diálogo. Que hable de diálogo con los violentos, el Pontífice, es natural, pero que lo hagan los políticos a estas alturas, me parece, si no una locura, una gran hipocresía.
Con los violentos, y esto va dirigido también a los cubanos dialogueros, no se puede dialogar. Los entendidos en materia de guapería, saben que los guapos de barrio --como la hiena-- enseñan los dientes a los que consideran más débiles. Hay que recordarles a los de la cabeza caliente esta analogía; en los tiempos del Imperio Soviético, hubo que demostrar la capacidad de defensa de la democracia, en caso de verse amenazada por los guapos, que no es más que armarse mejor que ellos, incluso de paciencia y de firmeza, demostrándoles que al final a los violentos, la historia les pasa la cuenta.
Mi consejo: contra los violentos, el mejor antídoto es la "lucha fría" ( semántica aparte, puede entenderse como, guerra fría en chino --aplicando la fórmula a la situación actual-- a los chinos y al hermano cubano del chino.)