CHE GUEVARA Y MARADONA, MITOS QUE CONVERGEN EN UN PUNTO DIABÓLICO

Por Carlos Carralero, Milán, Italia

En una de las primeras emisiones de su espectáculo, La Noche del Diez, Maradona, luego de haber demostrado sus capacidades histriónicas dejando correr lágrimas de cocodrilo, ante reencuentros y relatos de viejos amigos (porque ahora también es actor), negó tener un hijo varón: no pensó en el dolor que sus vacías palabras podrían producir a quien en Italia es sangre de su sangre. Si después rectificó fue porque desde acá se le pidió que aclarara el motivo de su indiscreción. Esto no es un chisme napolitano, es parte de un drama que Diego Armando trata de subestimar, del que él también es responsable. Sin embargo, ante tanto desastre en el mundo, el no reconocer a un hijo es algo insignificante, nada de dramático, para muchos.

El mundo del espectáculo italiano, viendo que Maradona ha sabido recuperar su fama, lo invitó el mes pasado para que el ex deportista, ahora actor, descontara una parte de su deuda con con el fisco italiano.

La trayectoria de Maradona nos enseña que la falta de ciertos principios es un mal que causa estragos en la conducta humana. Pudo haber dado a su retiro una imagen más digna, menos dramática y escandalosa: un mito que ha manchado su imagen, contaminándose con droga y con la peste castrista. De la cocaína a Fidel Castro, de

Castro a Chávez y quizáa de ahí, a donde irá. Un expediente digno de archivar. No era suficiente el haber colocado una mancha indeleble a su piel tatuándose con el rostro de Ché Guevara; sigue manchando su imagen, su conciencia y su historia, por la debilidad de no poder abandonar la cocaína y la tentación de la “horrorina” que es Fidel Castro.

Ché Guevara, otro argentino que se acercó a Fidel Castro, cuyo principio fundamental era el odio y la violencia, se ha convertido en producto turístico. Un comercial para una izquierda hipócrita que se enriquece gracias a lo que más odia, el capitalismo. Precisamente lo que más odiaba o acaso, envidiaba el Ché. Ché Guevara y Maradona, mitos argentinos; ambos con confusa y ambigua trayectoria, convergen en un punto diabólico de sus vidas, Fidel Castro.

Ché Guevara está muerto. Es probable que si hubiera podido aclarar su oscura relación con Castro antes de morir, se habría quitado de su conciencia un poco del fango acumulado en Cuba, pero, ya está muerto. Maradona, que bien pudiera emprender otra vía, ha decidido mantener su imagen, recuperar la fama de otros tiempos, y con ella el dinero perdido. De acuerdo a las constantes alucinaciones que le ha producilo la cocaína y la segunda droga --la ignorancia. Castro, la tercera droga, es el medio para recuperar parte de su fama y también dinero: no se sabe a cuánto asciende el patrimonio económico y de corrupción del Tirano. Sin embargo, el futbolista, ahora bufón del rey de los tiranos en América, no sabe bien, el pecado de sus palabras y acciones: “Castro es Dios, han sido las descabelladas recientes afirmaciones del otro… argentino. Además del pecado de la complicidad, Maradona comete el de la ignorancia, porque Castro es el mismísimo demonio. Como buen papagallo, ahora repite ciertas argentinadas, sudamericanadas e incluso italianadas contra los Estados Unidos y acompaña a Chávez a una marcha, donde el títere venezolano, carente de imaginacioón y originalidad, repite la frase que semánticamente se convierte en un error: Socialismo o Muerte.

El socialismo, lo sabemos bien los cubanos, ha demostrado ser la representación eufemística de la misma muerte. Pero, Maradona ensucia aún más su re “putación”, al aceptar el nuevo padrino sugerido por Castro, previendo éste, la pronta desaparición de su diabólico reino. Chávez, el hombre o el monstruo elegido por el déspota cubano para intentar cumplir el sueño de tiranizar la América, es una mezcla de populismo e irresponsabilidad peronista, de tiranía vulgar y despiadada de Sadán Hussein, de autoritarismo de teatro de marionetas de Mussolini, y de demagogia y de falta de escrúpulos de Fidel Castro y de odio a sus semejantes de Ché Guevara, pobre instrumento!

Hay muchos en el mundo que repiten textualmente el discurso castrista. Con absoluta indiferencia por el sufrimiento de los cubanos, justifican los crímenes del castrismo por la simple razón de que Castro es “enemigo” acérrimo de los americanos. Otros por intereses materiales o ideológicos, imitan el desatino. Por ejemplo, el último argentino. los irresponsables castristas, alargan la propaganda del régimen, hasta confines inimaginables, para pagar los viejos favores castristas.

El periodista italiano Gianni Minà, acusa a los medios de comunicación de de su país, de exagerar, de ensañarse, criticando demasiado al gobierno cubano. Nos parece sinceramente que la falta de inteligencia de este viejo papagallo, no le deja entender que hay muchos observadores del caso cubano, que saben que en Italia, las cosas en relación con el caso cubano, funcionan de una manera contraria a como lo enfoca él. Poco o casi nada se dice acerca del castrismo. Se trata de que, su ambición lo ha inducido a compromisos deshonestos con el castrismo. No se percata de las gáfilas de galimatías que emanan de su escaso intelecto. Se trata de que a Minà en Cuba le concedieron parte de los derechos de la obra de Ché Guevara, para recíproco negocio. Cada cierto tiempo, trae a la hija del guerrillero a Italia, para que haga un poco de propaganda. La última vez que la vimos, fue en misión de limosnera. Pidiendo, pidiendo… ayuda. Pienso que estos personajes que insisten en ignorar el drama y el sufrimiento del pueblo cubano, haciendo negocios sucios con los verdugos de los indefensos, deberán, a la caída del castrismo, pagar por su afiliación con el crimen.

Los cómplices del verdadero mal en Europa, son aquéllos que coquetean con los explotadores y criminales chinos, que han sido flojos con los peligrosos iraníes, los que hacen temblar las «piernas pálidas» con la amenaza de la bomba atómica.

En Mar de Plata, se reunieron los antiamericanistas, ¿Para desfilar civilizadamente? No, para repetir consignas castristas, para demostrar violentamente el odio perverso hacia lo americano, o los americanos; un grupo grande, entre los que se encontraban frustrados políticos, delincuentes, cocainómanos, payasos y agentes castristas, hace ver una vez más --como lo hicieron aquí en Génova, hace tres años-– el odio desproporcionado a los Estados Unidos y sus amigos. Un sentimiento similar al que, sólo hace algunos días, expresara el presidente iraní hacia Israel. Son los que por despecho o por ignorancia, afirman que en el liberalismo americano, en el sionismo, se encuentra la raiz de todos los males. Eso han hecho creer a los desinformados, sin hacer el mínimo de esfuerzo por encontrar el verdadero o el mayor responsable del histórico saqueo político a nuestros pueblos, que lo constituye más bien, la ignorancia de unos, y la mala fe de otros (intelectuales y otras especies menos leídas), cómplices del mal secular; del más reciente y destructor de todos los males que ha vivido América Latina, el castrismo.

 

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