



¡OJO, MUCHOS OJOS, CON LOS CIEGOS ROJOS!
TRIBUNALES POPULARES EN ITALIA = TRIBUNALES REVOLUCIONARIOS EN CUBA
Con el título de, Il Sangue dei Vinti (La Sangre de los Vencidos), el periodista y escritor de inquierda italiano, Gianpaolo Pansa, despojando los prejuicios ideológicos, narra lo que los insalvables que practican la filosofía del odio y las frustraciones políticas, pretenden soterrar--, o en el caso de los menos cínicos-- justificar.
Los que aún sostienen que en Italia hubo una verdadera resistencia, intentan mantener debajo de turbias páginas la verdad; manipulando la historia. El monopolio de la información –-se sabe-- queda al final de cada evento en manos de los que triunfan. Ellos colocan sobre la Historiografía, la última palabra: “Es natural y a veces fisiológico, pero jamás deontológicamente correcto», afirma Simone Rosti, joven intelectual, en su reseña del libro de Pansa. Por conveniencia ideológica, vanidad y por desprecio a los angloameriacnos los comunistas italianos han querido llamar resistencia a lo que los intelectuales honestos aquí definen como guerra civil. Algunos afirman que este evento, se divide en dos etapas. Desde el mes de septiembre de 1943, hasta el de abril de 1945, la primera; fecha en que terminara el conflicto mundial, y, desde el 26 de abril de 1945, la que durara más de dos años, la segunda. Algo muy parecido sucedió en Cuba, con la guerra civil que se extendió desde 1960 a 1966, a lo que, con el recurso del eufemismo político; manipulando el concepto histórico, el régimen cubano denominó, Lucha contra Bandidos.
“El desconocimiento de la historia italiana, europea y global, es un drama, que asume mayor dimensión, si tenemos en cuenta que el mismo es de orden cultural”, afirma más adelante en su reseña el joven licenciado en Ciencias Políticas, Rosti Simone. De nuevo, la hegemonía de los medios de comunicación, que quería Antonio Gramsci para su izquierda se pone de manifesto en la península. Hecho descontado en los paises del Socialismo Real.
El libro marcha sobre dos planos principales. El primero es el geográfico. Luego de su investigación, Pansa narra lo sucedido en cada ciudad italiana; empezando por Milán, pasando por Bologna, Turín, etc, abarca todas las regiones del norte de la península; y así, intercalando en su trabajo de honesto historiador, un fragmento de verdad, entre muro y muro de mentiras, demuestra que la manipulación política, deforma con fisionomía de monstruo, la Historiografía. El segundo plano, es el humano: homicidios, procesos sumarios, estupros a hijas de fascistas o presuntos…
En muchos casos, humillaron a familiares de personas que --de la misma manera que en la Cuba de hoy, varios ciudadanos aceptan la sombra roja-- aceptaban el carnet fascista para poder sobrevivir; pero a muchos de estos presuntos fascistas, no se les había demostado crimen alguno.
Una historia similar a la de los pilotos y otros cientos de cubanos fusilados en Santiago de Cuba en 1959, bajo la firma de Raúl Castro y a la de la Cabaña, protagonizada por Guevara, donde con el cañonazo, hacía silenciar el drama de las muertes de inocentes. Precisamente, el día 8 de octubre, se cumplió un aniversario más de un error o quizá una complicidad histórica: la ejecución precipitada; pensada y ordenada por alguien, del déspota argentino, para convertir un estorbo político en símbolo. Era mejor hacer de él un mito, por varias razones. Entre otras, para tomarlo como bandera de una ideología que había oxidado y agrietado sus bases, y estaba por derrumbarse, para quitarse del medio un posible testigo de una historia turbia y llena de vileza: la propia trayectoria de Guevara, la de los Castro y otros cómplices. Dicen que el Ché, se rindió en Bolivia, alzando el fusil, mientras decía: “Me rindo, valgo más vivo, que muerto”. Quién sabe cuánto fango hubiera sacado Guevara del lodazal de los Castro y del suyo propio.
Esta etapa italiana donde mucha de las víctimas fueron comerciantes, intelectuales y terratenientes que nada tenían que ver con el fascismo, nos conduce a las causas de estos desmanes: frustraciones, envidia, «vendette», arribismo y odio.
Por la tendencia mediocre que nos viene desde el hombre primitivo y subyace en el alma del moderno: odio a todo aquello a lo cual se teme. Parece un juego de palabras, sin embargo, sigo insistiendo en que los genes de los rojos son portadores de una gran enfermedad: la de esconder la verdad universal y universalizar la mentira. Podría durar este hábito, “por los años de los años», y que a nadie por favor se le ocurra pronunciar aquí, «Amén». Para ninguno de nosotros es secreto el hecho de que los horrores de la Extrema Derecha, han salido a la luz de la historia sin el temor a encubrirlos, como se ha hecho con el Holocausto, protagonizado por Adolfo Hitler contra los hebreos; es por eso que aún en Italia, llevan el fascismo, como un eterno fantasma que cuelga sobre sus conciencias.
Les aseguro, que los hechos del fascismo en Italia se han exaltado, manchándolos aún más del color violento; los del comunismo y sus cómplices en Occidente, con justificaciones, se han atenuado, han palidecido sus máculas. Porque ahí radica la mayor «virtud» de los que piensan a través del prisma purpúreo, la capacidad de hacer propaganda con objetivos bien calibrados, sin miramientos éticos. Muchos de los que acusan a los de la mano diestra, no bajan la cabeza, cuando alguien les señala que son o descienden de los comunistas; no se avergüenzan por acusar de fascistas a los que aún naciendo después de 1945, han pertenecido alguna vez a un partido puramente derechista. Aunque éstos, hoy día, sean los más moderados.
Los rojos se inflaman cuando por acá pasa un Presidente americano, o cuando saben que se celebra la reunión de los paises más ricos del mundo. Les da por quemar y romper, sin respetar las leyes. Sobre todo, aquello que ha sido creación estadounidense y a veces hasta las cosas inglesas. Algo así, como una fobia anglosajona.
Si desenterráramos toda la inmundicia roja, aún sepultada, el olor a horror podría pudrir la parte sana que aún tenemos en nuestras esperanzas.
¡Ojo, muchos ojos, con los ciegos rojos!