



S.O.S. JUSTICIA…DEBE INCLUIR A CÓMPLICES... EXTRANJEROS…
Por Carlos Carralero, Milán, Italia
Afirmo -- sin tener que rebuscar y colocar adjetivos innecesarios para definir la idea-- que SOS Justicia ha sido acogida con entusiasmo por muchos en el Exilio. Es probable que aún más dentro de Cuba, donde el abuso es el pan podrido de cada día. Considero además, que una organización así debió haberse creado mucho, pero mucho antes Un paliativo al largo drama, que no nos deja vivir como viven los cidadanos de la mayor parte del mundo: con dificultades lógicas, no en la filosofía del absurdo. Las imágenes que empiezan a dar vueltas por internet, no dejarán de preocupar a los violentos y esbirros del régimen. Saber que sus nombres también serán incluidos en archivos históricos –como lo hemos sido muchos sin cometer delitos en los de la Seguridad del Estado- juntos a todos los criminales, torturadores, chivatos o delatores profesionales, cómplices malvados en procesos a inocentes o disidentes pacíficos, o en delaciones en el barrio, o en el centro de trabajo, preocupa a los que llevan la máscara de la violencia, para esconder la fragilidad de la cobardía.La violencia es casi siempre efecto de una causa indigna, el miedo. El guapo de barrio, cuando debe enfrentar a uno decidido, aunque sea menos corpulento, queda paralizado o lo piensa dos veces. Esta es, para mí, una suerte de Guerra Fría contra los violentos: tenemos un arma nueva para defendernos, para demostrar que no estamos completamente indefensos.
La verdad ahora juega un papel importante en la correlación de fuerzas. Antes no, porque la falta de escrúpulos no cree en razones morales: “Al reo, si se le escucha, no es para ver si tiene la razón. Lo importante es saber si conviene matarlo”. Este era el concepto que Ché Guevara tenía acerca de la razón del enemigo, de la justicia, la que se ha encargado de convertirlo en un producto turístico para el capitalismo, el cual él, debido a sus frustraciones, odiaba.
A los encargados de organizar los archivos en los que aparecerán abominables personajes, sugeriría crear un orden de prioridad para procesar, al menos simbólicamente, a los que están por morir, sin que se les haya seguido un proceso por sus actos criminales.
Comenzaría, sin temor a mencionar nombres, por los que han acompañado a los hermanos Castro en casi medio siglo de fechorías: un récord para añadir a la Antología de la Infamia, de Borges. Se me ocurre –de acuerdo a mi interpretación del peso de la responsabilidad histórica en el drama cubano– colocar a asesinos, torturadores y cómplices en este grupo a priorizar en un juicio que debería empezar ahora mismo. Aunque sea, reitero, de forma simbólica, por ahora.
En la primera lista, colocaría a siniestros personajes, como Ramiro Valdés, José Ramón Machado Ventura, Juan Escalona Reguera, generales: los de división primero, y otros de de los que se encargarían las víctimas o familiares de ellas, de denunciar. Son casos evidentes, los que acabo de nombrar, por los que habría que empezar. En la segunda lista, colocaría a los fieles Talibanes y otros relativamente jóvenes, a los que algunos intelectuales del Exilio insisten en definir como reformistas. ¡Al diablo con esos reformistas! Me refiero a Carlos Lage, Pérez Roque, Hassan, etc.
La tercera correspondería a intelectuales y artistas que, como en una cuerda floja, van desde la complicidad a la ambiguedad. Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández, Silvio Rodriguez, Alfredo Guevara, la mismísima Alicia Alonso, etc. Una jauría de miserables comisarios que se atreven a crear arte sublime y luego en sublime acción de cobardía, firman el fusilamiento de pobres cubanos, cuyo único delito es buscar escapar del “Paraíso” Castrista : «Un Paraíso hecho añicos, puede ser peor hasta que el infierno », dice el poeta cubano en exilio, Orlando Fondevila. Entre esos intelectuales están los que traicionaron y abandonaron a Padilla, acorralaron a Lezama Lima y Piñera, persiguieron a Arenas hasta su infernal final; los que no dejaron tranquillo a Guillermo Cabrera Infante, blindado en su ironía y talento, refugiado detrás de las nieblas de Londres. Junto a ellos, oficiales de la Seguridad del Estrado, que usan pseudónimos para encubrir su identidad, que nos colocan trampas para encarcelarnos
y que usan a los familiares de disidentes,como arma de chantaje para hacer flaquear la firmeza de quien se opone al castrismo.
Cuarto grupo. Oficiales y carceleros que torturan en las cárceles cubanas y abogados que venden el alma al diablo. Junto a ellos, integrantes de las Siniestras Brigadas de Respuesta Rápida.
En el quinto grupo, irían los chivatos del barrio, que durante cuatro décadas han estado haciéndole la vida imposible a los vecinos: Sistema Unico de Vigilancia.
En el sexto y último grupo, colocaría a los extranjeros. Periodistas entre ellos, que con las mentiras, desinforman a la opinión pública de sus respectivos países. Son los que, por ejemplo, copian y reproducen textualmente los discursos castristas, dando datos inventados o inflados acerca de la realidad.
Los que aquí en Europa manipulan la verdad. ¿Un ejemplo en Italia? Gianni Minà, periodista que defiende sus intereses: algunos derechos, acerca de la vida del Ché ofrecidos por esposa e hija de Guevara. Quien diariamente, junto a la Asociación Italia Cuba (cantera de cómplices del régimen que ofrecen, no sólo ayuda material, sino también diaria propaganda, espías e informantes), pide con tonos castristas, la liberación de los cinco cubanos, convertidos en héroes, condenados en Estados Unidos, sin que jamás digan una palabra acerca de los otros siete procesados que colaboraron con la justicia estadounidense y de Ana Belén Montes.
Estos personajes, a mí particularmente, me han hecho tragar buches amargos. En febrero de este año en un programa organizado por un canal satélite, Gianni Minà, invitado, no se presentó porque no le convenía, había un cubano, que era yo y algunos italianos incómodos para él; otra vez, en el 2003, luego de habernos invitado a una trasmisión sobre Cuba, el canal estatal RAI 3 de Italia censuró la participación de dos disidentes, porque en ella iba a participar Gianni Miná: una anguila que resbala y escabulle a los encuentros con cubanos verdaderos. Y hay muchos otros.