El "guaposo", lleva a veces la cabeza rapada o el pelo largo o un enorme tatuaje que resalte sus "cualidades". Muchos saben cuál es la verdad; los complejos que intenta esconder detrás del tatuaje, de un discurso demagógico, de la amenaza o el chantaje que practica contra sus semejantes; no necesitamos, los que los conocemos, detectarlos a través de un símbolo o una marca, a veces indeleble en su piel o en su manchada historia.

El guapo porta gestos que lo diferencian del resto de sus vecinos, un arma blanca o un movimiento ondulatorio de sus brazos, como para indicar que la calle y el barrio le pertenecen. El dictador, por su parte, lleva consigo, un archivo lleno de demagogia, de mentiras, de historia sucia desde su infancia, de gorilas para intimidar a otros y de gestos ( los más originales muestran los suyos, los menos, copian de otro ya pasado a la historia), y de crímenes que constituyen también una marca indeleble en la historia. El drama, que parece interminable, del pueblo cubano, lleva parte del nombre ( un sufijo o casual aliteración), del surtidor de tristeza nacional: HOLOCASTRO. Al final de la era del sacrificio, los continuadores de la violencia, caen en la peor de las contradicciones; una interminable lista de imprecisiones; un buen epílogo para la Antología de la Infamia Cubana. Los errores iniciaron con una proclama llena de “guayabas”, imposible de digerir, le siguieron todo lo que sabemos: fotos y filmaciones, que muy lejos de ayudarlos, contribuyeron a deteriorar la imagen del régimen y a confirmar la demencia de un hombre, que sensato, jamás hubiera permitido hacerse ver en patéticas escenas, en las que ha pasado de gran manipulador a manipulado.

La filosofía de la negación de la evidencia en Cuba, ha envejecido con su principal artífice. Ahora se torna más frágil, por vieja y enferma, que las células de Fidel Castro. Quien no haya entendido a esta fecha el juego, terminará su vida sin entenderlo, porque es imposible pensar que la salud de un hombre – cosa natural - pueda convertirse en un eterno secreto de estado. Fidel Castro, común mortal, no puede ser eterno, por lo tanto es inútil, seguir diciendo que se recupera y que volverá al poder. La gravedad del Papa, les demostró a muchos que lo natural, es inevitable. Los partes médicos, en ese caso, nos mantuvieron informados en Italia y en todo el mundo, de manera que muchos, nos hicimos una idea casi exacta de su gravedad y del desenlace. En Cuba y en el resto del mundo, la opinión pública sabe de la enfermedad de Castro, lo que la intuición y la experiencia nos ha enseñado. Ya no hablo de lo que dejan saber los servicios secretos o las especulaciones.

La visita del cirujano en vías digestivas, García Sabrido, que visitó Cuba ( no estoy seguro que visitara a Castro a la italiana (en lengua italiana visitare un paciente, quiere decir reconocerlo), estaba acompañada de toneladas de mentiras. Más que medicinas, llevaba rollos de falsas informaciones el avión que lo condujo a la Isla. No vale la pena repetir lo que muchos colegas han escrito en estos días. Solo quiero a continuación, hacer mi reflexión.

El gobierno cubano, o ha dejado filtrar la noticia del viaje del médico español, o lo organizó todo a la medida de sus conveniencias: tratando de medir, con viejo metro, la circunstancia que lo atormenta y acucia, se decidieron por el lado donde la balanza, según ellos, se inclina a favor de la retórica. El motivo del show mediático, pues, parece claro. Si un país, un régimen que ha exportado la imagen, a pesar de las manidas distorsiones, de potencia médica, igual a la de sistema justo; como lo hizo la Unión Soviética en sus buenos tiempos, decide, aunque por un momento, dejar a un lado la cantinela de potencia médica y sustituirla luego por un médico extranjero, es porque una razón poderosa, que alcanza a los mortales, también a los dictadores; más grande que la vieja fama, mueve al aparato entero a mentir de manera clamorosa y a dañar su propia imagen. La razón con consecuencias menos perniciosas para ellos seria aquella de ganar tiempo y evitar que la marea de opiniones y descontento, de curiosos y disidentes, crezca hasta romper los muros de la incertidumbre, en caso de que el anciano tirano, lograra sorprender en los próximos días, mostrando un Fidel Castro recuperado de las secuelas físicas y políticas que le ha producido su enfermedad (mayor la del longevo y perverso poder, que la del cuerpo.)

A mi juicio, el poder está terminando como la mayor parte de los guapos, herido mortalmente, del arma con la cual ha tratado de neutralizar a los que se le oponen y a potenciales contestatarios: atrapado en sus gestos, discursos y mentiras que incuestionablemente indican el final de la retórica. Ellos bien saben que ni el poder, ni quien lo detiene puede ser eterno, que sus maniobras, nada tienen de original y de creativo. Es la repetición de un patético drama, tan viejo y frágil como los que lo traman. Porque las mentiras, tienen las piernas cortas y ya se cansaron de correr delante del gigante que representa la honestidad y la verdad política.

Carlos Carralero, 2007 –01 -01

 

 

 

 

 

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LA FRAGILIDAD DE LOS VIOLENTOS.

La fragilidad de la violencia la encontramos muy cerca: detrás de la piel de las mentiras. Para el violento es imprescindible la filosofía de la negación de la evidencia, de negársela incluso, a sí mismo. Por lo tanto, para sobrevivir, se nutren de hipocresía. Porque reconocer en uno mismo, las cualidades que se detestan es doloroso. Entonces, es preferible, para esa clase de bestia humana, con el objetivo de esconder sus defectos, procurarle el dolor a otro, a otros...

El violento – para los cubanos o napolitanos no es difícil entenderlo – puede ser un guapo de barrio en San Pedrito o en Pogoloti, o un "guappo" en el barrio español de la ciudad de Nápoles, o, un dictador, nacido en Georgia, Austria, Italia, Santo Domingo, Venezuela, Camboya o Cuba.

Carlos Carralero, Milán, Italia